A once años de su nominación al premio Nobel de la paz, Macedonia Flores vende sus muñecas en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

 

 

En 2003, Macedonia Flores, de origen hñañú, fue acusada falsamente de adulterio por dos mujeres de su comunidad, donde esta acción se castiga con la agresión pública y con la aplicación de una pasta de chiles en los genitales.

Macedonia interpuso una denuncia penal contra sus agresoras y, a partir de ese hecho, decidió involucrarse de una forma más activa en la defensa de los derechos de las mujeres hñañú, dando talleres, pláticas, y a través del activismo social en toda su comunidad. Esto fue lo que le valió el reconocimiento como candidata al Nobel de la paz, hace ya once años.

Hoy, Macedonia tiene que seguir escondiéndose de los inspectores, quienes le decomisan sus muñecas y las servilletas que teje y que vende en el centro de Querétaro. Pone su puesto dentro de la Facultad de Filosofía de la UAQ, porque “aquí me siento segura, no pueden entrar los inspectores a recoger mis cosas, los alumnos me piden morrales, fundas, me compran muñecas, me han apoyado mucho, también los maestros y los de administración”, dice Macedonia.

 

 

Es entre los alumnos de dicha institución donde ha encontrado apoyo para ella y para sus proyectos.

“Cuando me nominaron, vinieron Televisa y Tv Azteca, me hicieron muchas entrevistas. La Comisión Nacional de Derechos Humanos me llevó a Perú y a Bolivia para tener encuentros con otras mujeres indígenas de esos lados. Pero después de que pasó la premiación del Nobel ya no me dijeron nada. Fui a pedirles una beca o algo, pero me dijeron que iban a ver y nunca me respondieron”.

Ahora, a once años de su nominación, es a la vista de los turistas una queretana indígena más en el centro, que pasa a ofrecer sus muñecas a las personas que están sentadas en las bancas del Jardín Guerrero. Muchos ni la voltean a ver ni le hacen caso. Sin duda, ante nuestros ojos más de una vez nos hemos cruzado con personajes tan grandiosos que nos sería difícil creer que caminaron entre nosotros de una forma tan humilde. Por tanto, sólo nos resta aprender de cada persona que nos cruzamos en nuestro camino, tal vez llegue a inspirarnos de una forma que no imaginábamos.