Quienes hemos vivido por años fuera en el extranjero conocemos bien esas sensaciones que nos invaden al volver a nuestro país de origen. Porque volver a casa no es fácil, diría incluso que es más difícil que irse.

Quizás nada haya cambiado mucho sustancialmente, pero para ti todo es chocante. Quien ha cambiado eres tú. Es muy común criticar las reglas de tu país de origen a modo de escudo de defensa. También te sientes como un extraterrestre entre tu antiguo grupo de amigos de toda la vida, y no puedes creer lo estrechas de mente que son las personas. Son síntomas normales, propios de un síndrome de choque cultural inverso, que se irán suavizando a medida que vayas reencontrando tu lugar. Ya verás, confía en mí.

Te paso a continuación algunas ideas para hacer de esta transición algo más llevadero, incluso disfrutable.

1. Mantente inspirado

En lugar de caer en un pantano del aburrimiento, mantén la energía positiva que adquiriste en tus viajes rodeándote de las cosas buenas de la vida que tu país de origen tiene que ofrecer. Redescúbrelo con la mirada de viajero que ya aprendiste a desarrollar. En mi caso, que soy española (andaluza en concreto), me volví a inspirar con la gastronomía de mi país (¡tapas!), el clima benigno y los acentos de cada región de mi tierra, que son muy variados. También descubrí —tarde— algunas producciones en cine y series de las que no tenía conocimiento y que ayudaron a mi reconciliación con mi país.

Como además soy una apasionada de las palabras y la literatura, volví a reencontrarme con antiguas expresiones ya casi olvidadas por falta de uso.

Esa misma inspiración que te sostuvo al salir a descubrir nuevos lugares, que se mantenga a tu lado para reencontrarte con tu viejo y nuevo mundo conocido.

Consigue un trabajo “cool”

Cuando has estado mucho tiempo viviendo fuera, lo natural es que hayas adquirido nuevas habilidades, incluso es posible que hayas aprendido algún idioma extra. También es más que probable que descubrieras una nueva profesión o pasión que te hizo realmente feliz. Esto no tiene porque terminar aquí. Si optas por buscar empleo activamente, actualiza tu curriculum, reescribe tu carta de presentación con toda las ganas y seguridad en ti misma que te dieron el viajar y vivir fuera. Para una vida inspirada, confía en ti.

Y si decides empezar tu propio proyecto, que sea con aquello que ya sabes que te hace vibrar.

En mi caso, viviendo en Berlín descubrí el mundo del turismo. Tras un robo brutal nada más llegar, que me dejó literalmente en bragas, tuve que reinventarme (¡como Madonna!) y me hice guía de turismo. Jamás me he sentido tan en mi sitio, realizada y satisfecha. Hoy día, sigo dedicada a este mundo en mi propio país.

2. Amplía tu círculo de amistades

Definitivamente, hay que hacer lo posible por mantenerse en contacto con todos esos personajes geniales que conociste fuera, pero no cometas el error de abandonar a los viejos amigos de siempre. Cierto que te sientes cambiado y es inevitable que en un principio seas hipercrítico y comparativo, pero dales a todos una oportunidad de reconocerlos. Muchos vana merecer la pena. Después de todo, son parte de esa incómoda etapa de enajenación mental que fue la adolescente. Solo por eso, se lo merecen.

Y, por último, haz nuevos amigos en tu país de origen que tengan algún tipo de conexión con tu experiencia en el extranjero. Siempre hay círculos culturales, actividades o asociaciones que pueden seguir rodeándote con la mentalidad internacional y diferentes idiomas.

3. Limita el típico “cuando yo vivía en…” a un máximo de dos en cada salida

Hay una fase clara y común a todos los que volvemos de fuera. Parece que cada ocurrencia o comentario, sin importar cuán relacionado sea, abre una avalancha de nuestros recuerdos viviendo fuera. Claro que deseas compartirlos con todo el mundo, siempre, de la manera más animada posible. Y, si bien es saludable contar tus historias, acaparar cada conversación con recuerdos o una odisea nostálgica termina por aburrir a cualquiera. Usa tu experiencia para expandir las mentalidades en tu círculo cercano e inspirar a otros a avanzar por sí mismos, pero no te limites a hablar sin parar sobre ti y tu experiencia, especialmente si vas a estar comparando todo el rato. No te beneficia a ti en cuanto a tu adaptación, y a la gente suele sentarle mal.

4. Educa, ayuda y motiva a otros

Si a tu alrededor hay personas pensando en dar el salto al extranjero por un tiempo y seguir tus pasos, serás de una gran utilidad para ellos. Guíalos en los pasos a seguir y empatiza con los nervios y la incertidumbre.

Si das con personas que nunca salieron a vivir fuera, es más, que no les atrae mucho viajar, es posible que tus historias les aburran o simplemente les den envidia, por eso se hacen los desinteresados. Bien, no hables. Prepárales aquel plato de cocina típica que aprendiste a cocinar y muéstrales así nuevos sabores.

5. Mantente en continuo reto contigo mismo

Viviendo fuera o viajando por el mundo, cada día era una aventura en sí misma: nuevos idiomas, nuevos amigos, nuevas rutinas, comidas extrañas. En comparación, la rutina diaria puede parecer aburrida en casa. Pero ¡depende de ti y solo de ti agregar una pizca de emoción!

Una vez pasada la primera fase de confusión, comparación continua y desconfianza, no pares y retoma todo lo bueno que aprendiste. Sigue estudiando tu nuevo idioma, únete a una clase para mantener tus hobbies, sigue explorando lugares y rincones cercanos. ¡No pares!

6. Sigue viajando

Viajando, especialmente de mochilero, seguro que aprendiste que viajar es mucho más fácil, barato y divertido de lo que pensabas. Así que debería ser parte de una rutina hacer largos viajes de fin de semana, o incluso solo explorar nuevos vecindarios locales (¿no te reta pensar que conoces Ámsterdam mejor que tu propia ciudad?). Viajar es tanto una mentalidad como un movimiento físico, así que para una vida inspirada mira a tu ciudad con nuevos ojos y aprecia todas las pequeñas cosas que tanto te asombraron en el extranjero.

Pero también puede que te pase un poco lo que a mí, que de pronto se te quitaron las ganas de viajar igual que antes. No pienses que eso va a ser igual toda la vida, posiblemente es una crisis necesaria. Cuando lo retomes, habrás acumulado las ganas necesarias para que viajar vuelva a ser la misma experiencia excitante que la primera vez.