Las listas de maravillas del mundo no son nada nuevo. Ya los turistas de los siglos II y I a. C. se basaban en ellas para decidir qué ver y visitar, y más de 20 siglos después aquí seguimos, aferrados a ellas. Las hay de todo tipo y para todos los gustos y en realidad todos podríamos elaborar la nuestra personal basándonos en lo que hemos visto del mundo.

Hay, no obstante, un detalle importante en el que también deberíamos pensar: de la clásica lista de las siete maravillas del mundo antiguo, solo sobrevive una, la Gran Pirámide de Giza. Quizá en vez de centrarnos tanto en el visitar para tachar de la lista debamos empezar a pensar en cómo proteger todos estos lugares para evitar que corran la misma suerte que esas maravillas desaparecidas. Esto es si cabe más importante si hablamos de maravillas naturales, esas que no ha construido el ser humano, sino la naturaleza. Estas son las maravillas naturales del mundo que debemos conocer.

1. Auroras polares


Una maravilla tan conocida como intangible y efímera. Al contrario de lo que ocurre con el resto de los elementos de esta lista, no es algo que puedas localizar en un mapa y saber que está siempre ahí, sino un fenómeno que tiene lugar solo si se dan las condiciones adecuadas. Se trata de una luminiscencia que aparece en el cielo nocturno, normalmente en regiones polares, y cuyos colores te costará describir. Aurora boreal en el hemisferio norte, aurora austral en el hemisferio sur. La experiencia es siempre impactante.

2. Gran Cañón del Colorado (Arizona, Estados Unidos)

Patrimonio de la humanidad desde 1979, este enorme cañón fue excavado por el río Colorado a lo largo de los milenios. Tiene unos 446 km de longitud, cordilleras de entre 6 y 29 km de anchura y profundidades de más de 1600 m, cifras que dan una idea de lo grande e inabarcable que es. Sin embargo, no es hasta que te encuentras en alguno de sus puntos cuando podrás de verdad comprender sus dimensiones.

3. Gran Barrera de Coral (mar del Coral, Australia)

Aquí empiezan las alertas rojas. El mayor arrecife de coral del mundo, con 2600 km de longitud y visible desde el espacio, está en peligro. Según un informe de este mismo año encargado por el gobierno de Australia, la subida de la temperatura del mar está no tan poco a poco matando a la Gran Barrera. Y la cosa no va a cambiar de rumbo si no se toman medidas urgentes de forma global.

4. Bahía de Guanabara (Río de Janeiro, Brasil)

En el interior de esta bahía de 412 km2 de superficie se encuentran tanto Río de Janeiro como su puerto. Es patrimonio de la humanidad desde 2012 dentro de la candidatura Río de Janeiro, paisajes cariocas entre la montaña y el mar. Aquí también hay problemas, porque es una de las bahías más contaminadas de Brasil: son comunes las imágenes de mareas de basura en su costa y según dictaminó un equipo de biólogos en 2016, los niveles de adenovirus en el agua son 1,7 millones de veces superiores a lo permitido. ¿Qué significa esto? Que con solo tres cucharaditas de su agua te pondrías muy enfermo.

5. Monte Everest (Nepal)

Es difícil olvidar las imágenes que circularon hace un par de meses de gente haciendo cola en el Everest (¡hacer cola en el Everest! El propio concepto es extrañísimo) y las noticias trágicas de alpinistas muriendo precisamente por tener que hacer esa cola. Es decir: amigos, el mundo está lleno de montañas altas, démosle al Everest un respiro. Es una maravilla natural por ser el techo del mundo, con 8.848 metros de altitud. Quizá también mientras nos contentamos con mirarla de lejos podemos aprovechar y reflexionar sobre su nombre: Everest es el nombre que le dieron desde la Royal Geographic Society en 1865 en honor a Sir George Everest, anterior director de la agencia cartográfica nacional de la India (Survey of India). Sir George, claro, era un señor inglés y en su defensa diremos que él no quería que le pusiesen su nombre a la montaña. Podríamos aprender el nombre nepalí, Sagarmatha, o el tibetano, Chomolungma.

6. Volcán Paricutín (México)

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Pocos son los acontecimientos que tienen un comienzo catastrófico pero, a la vez, impresionante. El Paricutín, el volcán considerado como el más joven de América, ubicado en michoacan forma parte de uno de ellos. Imagina: en su nacimiento, el 20 de febrero de 1943, dos pueblos quedaron prácticamente sepultados bajo cenizas y lava. Sí, leíste bien: ¡dos pueblos! Estos se llamaban Paricutín y San Juan Parangaricutiro, del cual, sólo quedan los impresionantes restos del santuario del Señor de los Milagros. y se considera el único que ha permitido a los científicos ser testigos del nacimiento, desarrollo y cese aparente de actividad de un volcán, pues solo estuvo activo durante 9 años, 11 días y 10 horas. 🌋🇲🇽😍💓. //. Few are the events that have a catastrophic start but, at the same time, impressive. The Paricutín, the volcano considered the youngest in America, located in Michoacan is part of one of them. Imagine: at its birth, on February 20, 1943, two villages were practically buried under ashes and lava. Yes, you read well: two towns! These were called Paricutín and San Juan Parangaricutiro, of which only the impressive remains of the sanctuary of the Lord of Miracles remain. and it is considered the only one that has allowed scientists to witness the birth, development and apparent cessation of activity of a volcano, since it was only active for 9 years, 11 days and 10 hours. 🌋🇲🇽😍💓 . . Fotografia: @backpackdiscovery . . #volcan #volcano #paricutin #michoacan #green #mountain #america #nature #spain #ecuador #peru #mexico #visitmexico #argentina #usa #canada #france #beautifuldestination #stayandwander #earthpix #mexicosorprendente #igersmexico #vive_mexico #brasil #canada #travel #wonderful #places #roamtheplanet #earth #beautifuldestination #brasil

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Tendemos a imaginar que los volcanes son milenarios o, por lo menos, centenarios, pero no siempre es así. El Paricutín nació en 1943 y es el volcán más joven de América. ¿Cómo nace un volcán? Este tiene un testigo, el campesino Dionisio Pulido, que de pronto vio cómo la tierra que estaba trabajando empezó a temblar, se abrió y de ella empezó a emanar vapor y empezaron a volar piedras. La lava sepultó dos pueblos, pero como Dionisio avisó a tiempo no hubo que lamentar víctimas humanas (aunque sí las hubo por los efectos secundarios de respirar material volcánico). El volcán estuvo activo nueve años y aún ahora emite a veces fumarolas. Puedes visitarlo, ver las ruinas del poblado y la iglesia, e incluso subir al volcán.

7. Cataratas Victoria (Zambia y Zimbabue)

Unas cataratas parecen una frontera natural perfecta y estas separan Zambia de Zimbabue: la tierra se parte entre ambos países formando un abismo de 1,7 km de largo y 108 m de profundidad por los que cae el agua del río Zambeze. El nombre local de las cataratas es Mosi-oa-Tunya, ‘el humo que truena’, que describe bastante bien lo que vivirás si te dejas caer por la zona (de forma figurada, no te dejes caer por las cataratas de forma literal, no acabará bien).

8. Cataratas de Iguazú (Argentina y Brasil)


Otras cataratas y otra frontera natural. Las cataratas de Iguazú, entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná, son 275 saltos, de los cuales el más alto (80 metros) y de mayor caudal es la Garganta del Diablo. Con pasarelas y caminos y excursiones en lancha o helicóptero, es posible acercarse mucho a ellas, verlas desde muchos ángulos distintos, dejarse salpicar y atronar, y notar cómo se te dispara la adrenalina.

9. Bahía de Ha-Long (Vietnam)

Con esos islotes esculpidos, según la leyenda, por dragones para ayudar a los vietnamitas a defenderse de los chinos (eran originalmente joyas), la bahía de Ha-Long comprende unos 1500 km2 de agua. Su popularidad turística, especialmente tras ser declarada patrimonio de la humanidad en 1994, está teniendo un gran impacto medioambiental. Masas de turistas y una industria turística que aún no se toma la sostenibilidad en serio amenazan esta maravilla, así que, de momento, mejor solo verlo en fotos.

10. Isla de Jeju (Corea del Sur)

Esta isla volcánica está habitada, además de por personas, por harubang, ‘abuelos de piedra’, esculturas talladas en bloques de lava que son considerados dioses. Patrimonio de la humanidad, la isla está cubierta de bosques de pinos y huertos de mandarinas y esconde cuevas que parecen irreales, como el túnel de Manjanggul, uno de los tubos de lava más largos del mundo.

11. Río subterráneo de Puerto Princesa (Filipinas)

Patrimonio de la humanidad desde 1999, se creyó durante mucho tiempo que este era el río subterráneo más largo del mundo (el descubierto en Yucatán acabó con la ilusión). Pero no ser el más largo no le resta mucho mérito: rodeado de piedra caliza kárstica, el río de 8,2 kilómetros es navegable en muchos tramos y, al tener un segundo piso, tiene pequeñas cataratas. Desemboca directamente en el mar y en su parte baja está influido por las mareas.

12. Montaña de la Mesa (Sudáfrica)


Quizá te suene más su nombre en inglés, Table Mountain, pero no deja de ser una traducción del afrikaans Tafelberg. Su nombre nativo, el que estaba antes de los holandeses, era Hoerikwaggo, algo así como ‘montaña que emerge del mar’. Ambos son muy descriptivos y fáciles de entender: con su cima plana, parece de verdad una mesa; y, según desde dónde la mires, parece que efectivamente emerge del mar. Se puede subir en teleférico desde Ciudad del Cabo.

13. Komodo (Indonesia)


El dragón de Komodo es, claro, de aquí. Komodo es una isla indonesia en la que viven unos 3000 de estos lagartos gigantes. El atractivo turístico es evidente: ver los afamados dragones en su hábitat natural, entre paisajes volcánicos y zonas de bosque, pero también descubrir el fondo marino de coral y relajarse en la playa. Hace unos meses el gobierno indonesio dijo que iban a cerrar la isla al turismo porque estaba poniendo en peligro a los dragones, pero finalmente parece que únicamente van a limitar el número de visitantes.

14. Amazonas

Cómo no, el pulmón del planeta. La selva amazónica es una maravilla natural del mundo por tantas razones que es difícil escoger cuántas enumerar: es la selva más grande del mundo, por la que discurre el río más largo y caudaloso. No es difícil imaginar la diversidad que albergan sus 5 millones y medio de kilómetros cuadrados. Es decir, no es difícil imaginar que tiene que ser enorme y valiosísima. Imaginar todo lo que cabe en una extensión tan amplia, en cambio, es casi imposible.