El verano es una de las mejores épocas del año para voltear al cielo, no sólo por sus inspiradores atardeceres sino por sus noches estrelladas. Y qué mejor escenario que una de estas playas donde podemos disfrutar noches acompañados por el sonido del mar y por la Vía Láctea.

 

1. Mazunte, Oaxaca


Mazunte es uno de esos lugares que todavía se resiste a la invasión de los mastodónticos resorts de playa. Este rincón de la costa oaxaqueña es ideal para disfrutar de la atmósfera típica de los pueblitos pesqueros en donde todavía se venera al mar. El respeto que tienen los habitantes de Mazunte hacia su entorno es tal, que la mayoría de sus casas son ecológicas y se involucran en programas de protección al ambiente como en el caso de la tortuga marina. Si tienes espíritu aventurero y sabes apreciar el valor de cosas sencillas como tenderte sobre la arena para ver el atardecer, aprender de las historias que cuentan los pescadores, y respirar la brisa marina mientras ves las estrellas y concilias el sueño en una hamaca, entonces, Mazunte te está esperando.

Por cierto, si te animas a ir en enero, podrías observar la migración de ballenas, aunque todo el año pueden verse mantarrayas y delfines acercándose a la costa.

 

2. Playa Paraíso, Quintana Roo


Si hay un sitio en donde el cielo se funde con el mar es en Playa Paraíso. Este pequeño Edén se encuentra a un par de kilómetros de la zona arqueológica de Tulum y su belleza es tal, que ha sido considerada entre las playas más bonitas del mundo. La suavidad de la arena y las tonalidades que adquiere el mar Caribe en esta zona son impresionantes. Pero el espectáculo no termina ahí, ya que al atardecer el cielo se torna rosado y, mientras el sol se despide en el horizonte, la Vía Láctea se empieza a dibujar para completar un paisaje marino de ensueño.

Si quieres pasar la noche aquí, algunos clubs de playa ofrecen zonas para acampar en playas vecinas que son la extensión natural de Paraíso.

 

3. El Madresal, Chiapas

A post shared by Rachid Dahnoun (@rachidphoto) on


Las playas chiapanecas no son tan promovidas como otros destinos turísticos, pero eso es precisamente lo que les da mayor encanto. Tal es el el caso de El Madresal, un centro ecoturístico administrado por una cooperativa de pescadores en la zona conocida como Puerto Arista. Las playas cercanas a El Madresal se conservan casi vírgenes como lo es Boca de Cielo, cuyo nombre hace honor a los increíbles paisajes marinos que sólo el Pacífico nos puede regalar.
Cerca de Boca del Cielo se encuentra la reserva natural La Sepultura, un santuario de aves marinas donde se pueden observar cigüeñas, pelícanos, águilas pescadoras, gorriones, golondrinas, halcones peregrinos y garzas.

Pasar la noche en las cabañas ecológicas de El Madresal es una experiencia increíble que permite establecer un contacto íntimo con la naturaleza, haciendo que nuestros sentidos absorban estímulos de los que a veces nos olvidamos, como el aroma del mar y la luz de las estrellas.

 

4. Playa El Coyote, Baja California Sur


El Coyote se encuentra en la bahía de Mulegé, Baja California Sur. Aquí, el contraste entre los tonos ocres del desierto y el azul celeste del Mar de Cortés, hace que los paisajes se conviertan en auténticas postales. El oleaje de la playa es muy ligero, lo que la hace perfecta para esnorquelear y explorar los alrededores a bordo de un kayak.

De vez en cuando, aparecen campers estacionados en la zona, ya que muchos estadounidenses cruzan la frontera para disfrutar las maravillas naturales de Baja California Sur, pero con todo y eso, es una playa poco concurrida, ideal para disfrutarse en pareja y, ¿por qué no?, vivir una noche romántica bajo la bóveda celeste.

 

5. Isla Danzante, Baja California Sur


Sin alejarnos mucho del punto anterior, frente a la Bahía de Loreto nos encontramos con otro sitio imperdible: Isla Danzante, también conocida como “el lugar donde el desierto se encuentra con el mar”. Llegar a esta isla es como embarcarse en una aventura que recibe a los visitantes con impresionantes acantilados y peñascos que parecen bufar al romper el oleaje. Los únicos habitantes del lugar son las aves y los leones marinos, aunque se dice que siglos atrás, las tribus indígenas de la región frecuentaban la isla para invocar el poder de las lluvias mediante sus danzas.

Se puede llegar a la isla en kayak y tiene una pequeña playa para acampar, lo cual atrae a muchos aventureros que disfrutan explorando y pasando una noche de playa al calor de una fogata alimentada, por supuesto, por el brillo de las estrellas.