“El perfil de Miami cambió muchísimo en los últimos años. Antes venían los jubilados a morir”, dice con acento porteño Carlos Rosso mientras almuerza langosta en Zuma, uno de los restaurantes más chic de esta ciudad estadounidense. Justo enfrente se levanta el edificio más imponente desarrollado en el barrio de Brickell por Related, la firma para la cual trabaja este arquitecto argentino, que incluye un spa y salas de juego diseñadas por Philippe Starck. Jóvenes parejas con cuerpos de modelo toman sol junto a la kilométrica pileta, mientras cargan sus celulares a sólo pasos de las reposeras.

Todo parece estar pensado en esta Babel que aspira a convertirse en capital mundial del arte, el diseño y la arquitectura. La sinergia entre disciplinas creativas se potencia al máximo en la llamada “puerta de las Américas”, renacida como puente cultural de las cenizas que dejó la crisis financiera de 2008, con proyectos de los codiciados Frank Ghery, Norman Foster, Rem Koolhaas, Zaha Hadid, César Pelli, Philippe Starck… y Lenny Kravitz.

Los argentinos Alan Faena y Eduardo Costantini están impulsando aquí dos megaproyectos y se rumorea que Louis Vuitton tendrá un hotel en el renovado Design District. Allí se concentrarán las principales marcas de lujo gracias a la visión del coleccionista Craig Robins, desarrollador inmobiliario y principal responsable del salvataje de los edificios Art Déco de South Beach.

Fue Robbins quien trajo hace poco más de una década a Art Basel, la imbatible feria suiza a la que Miami debe gran parte de su esplendor actual. Con sede original en Basilea y expandida este año a Hong Kong, en diciembre hizo colapsar avenidas y hoteles al reunir en su 12a edición obras de unos 2000 artistas –de Picasso y Miró a Jeff Koons y Damien Hirst– de 258 galerías de 31 países, sin contar la veintena de ferias paralelas que buscan aprovechar su fuerza centrífuga. Su director, Marc Spiegler, define esta ciudad como un “cruce de caminos geográfico y cultural”, al que llegaron en 2013 por primera vez varias galerías de Asia.

El valor de la cultura

Con un proyecto de los codiciados arquitectos suizos Herzog & de Meuron y una retrospectiva del chino Ai Weiwei, a principios de diciembre se inauguró sobre la bahía Biscayne el Pérez Art Museum Miami (PAMM), nueva sede del Miami Art Museum, rebautizado en honor a su principal mecenas: el argentino Jorge Pérez, fundador y presidente de Related, una de las desarrolladoras inmobiliarias más importantes de Estados Unidos. Este nuevo ícono de Miami forma parte de un emprendimiento más amplio, que convertirá el antiguo Parque del Bicentenario en el Parque de los Museos: justo al lado se está construyendo el Patricia and Philip Frost Museum of Science, cuya inauguración está prevista para 2015.
“El museo aspira a ser un lugar de encuentro”, dijo Pérez el día de la inauguración, parado en el deck con esculturas y sillones de uso público que miran a la bahía, debajo de los jardines colgantes creados por Herzog & de Meuron. Por allí caminaban los empleados del PAMM con las remeras institucionales, que dicen “hola” en distintos idiomas. De hecho, el restaurante de la planta baja se llama “Verde”, en español, lengua original de muchos inmigrantes en esta ciudad.

Fachada del PAMM

Según aseguró el Financial Times, los desarrolladores inmobiliarios como Pérez están volcándose al arte para dar una ventaja competitiva a sus proyectos. En todo el mundo, aseguró el periódico, la cultura está volviéndose fundamental para crear y establecer la identidad de un lugar y aumentar su valor a largo plazo.

Algo de eso debe haber porque la artista británica Tracey Emin acaba de comprarse un departamento en Miami, ciudad que suele recorrer en bicicleta. Además de haber sido homenajeada en Art Basel, en diciembre inauguró en el Museo de Arte Contemporáneo del Norte de Miami (MOCA) su primera exposición en un museo de Estados Unidos.

“Miami no tenía infraestructura. Ahora sí está preparada para recibir grandes muestras”, observa Diego Costa Peuser, CEO de Arte al Día Internacional y director de la feria Pinta NY. Radicado en Miami hace catorce años, cuando era “una ciudad totalmente chata”, durante Art Basel contribuyó a recaudar casi 300.000 dólares en la subasta Artecho y convocó a la artista Luna Paiva para realizar una instalación en el hotel Raleigh, presentada con un espectáculo de doce nadadoras sincronizadas. Para los jubilados, Miami ya no es lo que era.

La unión hace la fuerza

El PAMM es un inmejorable ejemplo de lo que puede lograr la unión de esfuerzos públicos y privados: el gobierno local aportó cien millones de dólares para su construcción y otros cien fueron cedidos por distintos donantes. Una de sus paredes principales está destinada a la lista de contribuyentes como agradecimiento al compromiso de la comunidad.

El primero de esa lista, por supuesto, es Pérez, dueño de una fortuna estimada en 1550 millones de dólares que inició con la construcción de viviendas para familias de bajos ingresos. Porque además de donar al museo veinte millones de dólares en efectivo cedió más de cien obras por un valor equivalente.

Hijo de padres cubanos, Pérez vivió en La Lucila hasta los nueve años y luego se mudó a Colombia. Cuando llegó la hora de estudiar en Estados Unidos, en 1968, temió perder sus raíces latinas y decidió rodearse de obras de los países donde había crecido. Diego Rivera, Wifredo Lam, Roberto Matta, Rufino Tamayo, Fernando Botero y Joaquín Torres-García son algunos de los grandes nombres de esa colección, hoy patrimonio del PAMM, que incluye a varios argentinos: Antonio Berni, Alejandro Xul Solar, Benito Quinquela Martín y Guillermo Kuitca, entre otros.

Hoy, a los 64 años, más enfocado en el arte contemporáneo, convoca a artistas de su país natal –Fabián Burgos, Pablo Siquier, Liliana Porter– para realizar obras site-specific en los edificios y paseos públicos que construye su empresa. Y anunció su intención de seguir donando obras al museo, además de establecer vínculos con otras instituciones del continente desde su puesto en el directorio del PAMM. “Seguiré aportando lo que sea para crear un sistema cultural”, aseguró este hombre que viaja varias veces por año a Buenos Aires, donde suele frecuentar con sus amigos artistas la feria arteBA y los bohemios bares de La Boca.