Crédito: gagilas

 

1. A que se termine el hielo…

para el fernet con coca.

 

2. A la resaca con Vittone.

Todos tenemos un pasado oscuro, y el que engañó a Branca con su genérico, sufrió las consecuencias a la mañana siguiente.

 

3. Al control de alcoholemia.

A los cordobeses nos gusta “escabiar” y lamentablemente el conductor designado se designa después de las primeras tres jarras de fernet.

 

4. A la lluvia.

Dónde va la gente cuando llueve… No, literalmente, ¿dónde va? Porque en Córdoba ante el mínimo chaparrón, desaparecen taxis y remises, se inundan todas las calles y los colectivos se atascan, se corta la costanera, se corta el cuadrado, se corta el puente; pero no se corta la lluvia.

 

5. A los hongos.

Si la lluvia no para, somos invadidos por colonias de hongos: puntos verdes en el techo del baño, atrás del sillón, en el ropero. Pelos fungi verdiblanco en los zapatos de gamuza y en esa tostada que guardaste para comer mañana.

 

6. Al frío.

El clima de Córdoba suele ser tan templado, que cuando llega la ola polar no sabemos ni por qué llegó hasta aquí, ni qué hacer con ella. Nuestro cuerpo no está preparado para tal eventualidad. Epidemia de gripe y la cama nos devora dentro de sus frazadas. Con cable o internet, hibernamos hasta la siguiente estación.

 

7. Al calor.

Pero no cualquier calor, un caloorón. De esos “pleno enero”, en los que vas al supermercado para pasearte entre las góndolas de lácteos y entonces… se corta la luz en media ciudad.

 

8. A los cortes de luz.

Porque en Córdoba la luz es como Mambrú, una vez que se fue, ya no sabemos cuándo vendrá.

 

9. A la boleta de la luz, porque esa sí vendrá seguro.

Y a la boleta del gas, porque vendrá sin subsidio.

 

10. A cualquier boleta, porque vivimos de reajuste en reajuste.

La inflación es un parásito que nos come la plata de la billetera y nos deja las tarjetas de crédito en la lista de espera de INCUCAI.

 

11. A la Mole Moli pidiendo la palabra.

 

12. Al cirujano plástico de Olga Riutort y al estilista del Negro Videla.

 

13. A que la Mona se baje de los escenarios.

Tal vez sos uno de los que nunca va a los bailes, pero su sola presencia en la noche cordobesa te da la tranquilidad y la alegría de que Córdoba sigue siendo Córdoba.

 

14. A los feriados puente.

Es que nuestra provincia es tan hermosa, que los fines de semana largo empiezan a llegar turistas de todos lados. 40 minutos en autopista a Carlos Paz pueden convertirse en cuatro horas de embotellamiento y una tracalada de insultos al peajista.

 

15. A que te pare la policía caminera.

Es sabido que no hay nadie más exigente que la caminera y tu auto nunca cumplirá con todos los requisitos al día. ¿Acaso tenés el matafuegos cargado? ¿El botiquín de primeros auxilios en el baúl? ¿La bolsa para tapar al muerto?

 

16. Al silbato de un zorro gris.

El silbido de su pito es un sonido maléfico que asciende desde el infierno mismo. Apenas escucharlo puede hacer que alguien moje la cama, porque sabe que su auto será remolcado, su moto trasladada al corralón municipal y la multa elevada al Tribunal de Faltas.

 

17. A los municipales en general.

Es frecuente escuchar: no te estaciones ahí que te puede ver un municipal; en cinco minutos cerramos, no quiero problemas con los municipales; hagamos la fiesta, pero que no se entere la muni. A veces parece que hasta el intendente les tuviera miedo. Claramente, con los municipales no se jode.

 

18. Al paro de los municipales.

Y es que cuando hacen huelga, la ciudad se puebla de comercio clandestino, mantitas con artículos que van desde gorritos de lana hasta un cosito volador con luces de colores; pasando por cuchillos, salame de la colonia e imitaciones de carteras de marca manufacturadas en origen incierto y comercializadas por senegaleses que tienen mucha onda. En la calle reina el caos: Estacionamos el auto en cualquier parte, andamos sin cinturón, sin casco, paramos en doble fila y cruzamos en rojo al grito de “Mestre LTA”. La cañada se vuelve zona liberada y nos metemos de a 5000 adentro de un boliche para 1000, de caravana hasta la mañana siguiente en algún after o fiesta clandestina. Un paro total de municipales podría generar el fin de la civilización cordobesa.