Foto: Turol Jones

1. Madrigalizar.

Lo que hizo ese compañero de clase que cuando eras pequeña te escribió un poema de amor de calidad poética dudosa pero que todavía guardas como el acto más romántico que han hecho por ti. Dice la RAE que madrigalizar es, además de componer madrigales, “alabar o ensalzar poéticamente a una mujer o a su belleza”. En pleno siglo XXI, imaginamos que también se puede madrigalizar a hombres, faltaría más.

2. Tronga.

Sigue en el diccionario de la RAE con un significado similar al que aparecía en el siglo XVIII en el Diccionario de Autoridades: de “manceba” o “dama de gusto” a “mujer galanteada o pretendida por un hombre”. Si no tienes muy claro cómo utilizar la palabra -que, admitámoslo, no es especialmente bonita -puedes buscar inspiración en Quevedo, que hablaba de “buscones, que arrullan trongas” y “trongas, que arrullan buscones”.

3. Cordojo.

Para amores no correspondidos, el estado en el que quedas tras pelearte con tu enamorado/a y todos esos males que la literatura medieval nos decía que provoca el amor. El cordojo es el “cuidado, aflicción y pena que procede del corazón”, una voz anticuada ya en el siglo XVIII, pero todavía recogida en la última edición del diccionario de la RAE como voz en desuso. Y es difícil entender por qué nadie usa esta palabra… ¿son los dolores de corazón algo del pasado?

4. Esplín.

Sí, ya, lo de español antiguo aquí es discutible. Esplín, una palabra muy popular entre los poetas del siglo XIX y que significa “melancolía, tedio de la vida”, viene del inglés “spleen”. Es decir, bazo. La relación entre ambos significados viene de su origen griego y la teoría de los humores: el bazo era el órgano de la bilis negra, relacionado con el otoño, la tierra y la melancolía.

5. Adonado.

Lo que dirás a partir de ahora para describir a esa persona que te gusta: alguien adonado es alguien “colmado de dones”. La RAE dice que es un adjetivo en desuso. Recuperémoslo. Quedarás mucho mejor diciendo que te gusta ese chico por lo “adonado” que es, en vez de por lo bueno que está.

6. Penante.

Un penante es, evidentemente, el que pena, y la definición actual de la RAE no hace referencia al amor en particular. Hace unos siglos las cosas eran distintas. En el Diccionario de Autoridades aparece una segunda acepción de “penante” como “amante o galanteador”. Saquen sus propias conclusiones.

7. Doñear.

No necesita mucha explicación y la RAE ni siquiera cree que esté en desuso (sí lo está “doñeador”, que es un hombre que galantea). Doñear es cortejar a una mujer o “andar entre mujeres y tener trato y conversación con ellas”. Como flirtear, pero en eufemismo.

8. Alcanzar.

Hablando de eufemismos, este es el mejor. Aparece en “La Celestina”, ese manual de amor y sexo en el siglo XV (si se presentara así en el instituto los alumnos prestarían más atención), momento en el que esta acepción en concreto no era todavía muy popular. Por esta razón, Fernando de Rojas sintió la necesidad de dejar claro a qué se refería con este bonito diálogo entre Pármeno y Sempronio (adaptado al español actual):

PÁRMENO: ¿Pues qué es todo el placer que traigo, sino haberla alcanzado?
SEMPRONIO: ¡Cómo se lo dice el bobo! De risa no puede hablar: ¿a qué llamas haberla alcanzado? ¿Estaba en alguna ventana, o qué es esto?
PÁRMENO: A ponerla en duda, si queda preñada o no.

Queda bastante claro, ¿no?

9. Fruir.

“Gozar del bien que se ha deseado”, dice el Diccionario de Autoridades. El de la RAE lo deja en “gozar” a secas. Y no, no tiene por qué estar relacionado con el tema que nos ocupa -podemos fruir con una buena película -, pero es como desaprovechar una palabra tan bonita, ¿no?

10. Deliquio.

Lo que provocaban Elvis y los Beatles (y provocan One Direction ahora) a sus fans: un estado de tal “éxtasis y arrobamiento” que acaba en desmayo, “desfallecimiento del cuerpo, con suspensión de los sentidos”. Esta última parte, aparecida en el Diccionario de Autoridades, es importante. Si mantienes los sentidos lo tuyo no es un deliquio, es que has tropezado. (Sigue en el diccionario de la RAE como vigente).

11. Adamar.

Si sientes que “amar” se queda corto para lo que sientes tú, pásate a “adamar”, que es “amar con pasión y vehemencia”. En el “Libro del Buen Amor” -otro gran manual, si eliminamos la moralina -aparece también como sustantivo, para hablar de los filtros de amor que le das a quien quieres engatusar. Quédate con el significado que más te guste.

12. Barragán o barragana.

Aparece en el diccionario con tantas acepciones que parece casi una palabra comodín. Puede significar “esforzado, fuerte o valiente” -en desuso -, compañero y, atención: joven soltero, concubina y “esposa legítima, aunque de condición inferior a la del marido y a la que las leyes no reconocían los mismos derechos civiles que a la esposa principal”. Mejor no usarla nunca para evitar meternos en problemas.

13. Desenojarse.

Esto no lo verás en ningún diccionario con la acepción que te voy a mostrar, pero es demasiado buena como para dejarlo fuera. La encontré de nuevo en La Celestina, reina de los eufemismos -y de hablar claro, que tampoco es que se cortara demasiado-, que en un momento dado propone a Pármeno y Sempronio que vayan a su casa, donde están Elicia y Areúsa, a “desenojaros con sendas muchachas”. Llamadme malpensada…

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