Foto: Gabriel Flores Romero

Aunque para el resto de México sinaloenses y sonorenses pueden parecer lo mismo, estos estados hermanos tienen diferentes sutiles pero claras. Aquí una guía para entenderlas, no sin antes aclarar que nunca faltan las excepciones.

 

1. Las mujeres.

Ambos estados son cuna de mujeres guapísimas, eso no está en discusión, pero definitivamente sus estilos son distintos y no es muy difícil diferenciarlas. Mientras la mayoría de las sinaloenses no ponen un pie en la calle sin maquillarse y meterle producción a su arreglo personal,  las sonorenses suelen ir por la vida más naturales y relajadas. En cuanto a la vestimenta, el estilo de las sonorenses suele ser más clásico, mientras que el de las sinaloenses es más llamativo.

 

2. El gusto por la banda.

Tanto sinaloenses como sonorenses disfrutamos del género, pero definitivamente es el sinaloense quien lo disfruta en su sentido más puro. El sonorense suele gustar de la banda fusionada con otros estilos.

 

3. El Acento.

NO ES EL MISMO. Ambos acentos son golpeados, pero la entonación es distinta. Con lo que no hay pierde es con la pronunciación de la “CH” en Sonora es algo así como “SH” “Musho gusto mushasha”, mientras en Sinaloa suele ser más similar al resto de México, así que ahí tienen la clave.

 

4. La narcocultura.

Aunque ha trascendido en ambos estados, en Sinaloa está más arraigada. Lo notarás en la conversación y en la música (específicamente en el gusto por el “narcocorrido”).

 

5. El uso de las marcas.

Ambos estados gustan de las marcas, pero el sinaloense procura que se note la inversión, así que suele preferir prendas que luzcan el logotipo. El sonorense tiende a ser más discreto, aunque por supuesto, en ambos casos hay excepciones.

 

6. La gastronomía.

Si te invita a una carne asada es sonorense. Si te invita unos mariscos es sinaloense. ¡Así de fácil!

 

7. La forma de conducir.

El sinaloense suele ser un poco más agresivo en la forma de conducir que el sonorense, pero como en todos lados, gente amable y gente descortés hay en ambos estados.

 

8. El chisme y la preocupación por el “qué dirán”.

En ambas sociedades el chisme se practica como deporte oficial, la diferencia es que el sonorense se lo toma en serio y le da mucha importancia al “qué dirán”, mientras que el sinaloense suele ir por la vida con más libertad y valemadrismo.

 

9. La manera de relacionarse.

El sonorense suele arraigarse a su círculo cercano de amigos de toda la vida, y aunque le encanta conocer gente de diferentes lugares, a veces le es difícil generar relaciones profundas o significativas con gente de ideas y costumbres diferentes. El sinaloense tiende a ser más abierto y a adaptarse con facilidad en cualquier círculo siempre que haya fiesta y alcohol de por medio.

 

10. El trato.

El sonorense suele ser más tranquilo y cotorro; el sinaloense, si no te conoce, en un principio puede parecer ligeramente agresivo, sobre todo si es culichi. Una barrera fácil de romper en la fiesta con unos buenos tragos y el método infalible: compartir una cruda con unos marisquitos. A partir de ahí, te habrás ganado un amigo fiel y súper buena onda.

 

11. Las fiestas.

Aunque en Sonora las bodas son grandes acontecimientos, tenemos que admitir que Sinaloa nos lleva de calle; en el estado de la tambora, si la hija se te casa, la fiesta no puede durar menos de tres días. Un día antes vas a comer y a pistear a la casa de la novia, el día de la boda la pachanga empieza a las 9 y acaba a las 8 de la mañana del siguiente día; duermes cuatro horas y te levantas para ir a la “posboda” a curarte la cruda con unos tacos de lechón y un consomé de borrego. El norteño y las cervezas no faltan, pero ahí no acaba la cosa. Si el bautizo de tu sobrino segundo no te genera mucha emoción porque para ti es sinónimo de reunión protocolaria y aburrida, es porque no eres sinaloense. En Sinaloa los bautizos son con banda, mariachi y DJ o grupo versatil (sí, todo el mismo día). Hay alcohol como en boda y la party se pone sabrosa.

 

Un poco de historia:

Durante mucho tiempo Sonora y Sinaloa fueron un solo estado, es por eso que su gente comparte lazos culturales y familiares importantes. La gente del norte de Sinaloa y del sur de Sonora suelen ser muy similares. Ciudad Obregón y Los Mochis son ciudades hermanas, trazadas de la misma forma, de similar tamaño y sociedades de valores familiares muy arraigados. Los contrastes más claros se dan entre la gente de las capitales.