«Los hombres tienen las espadas, las mujeres el abanico, y el abanico es, probablemente, un arma igual de eficaz», Joseph Addison.

El abanico no es solo un complemento elegante y práctico para refrescarse: durante muchos años en países como España fue también un medio de comunicación. La campiología es la ciencia que estudia el lenguaje del abanico y su simbología, aunque en la actualidad, gracias a la libertad de la que gozamos las mujeres, ya no es tan normal su uso con este fin (puedes intentarlo, pero quizá nadie te entienda). Ya no es necesario inventar un lenguaje escondido que evada la celosa vigilancia de ninguna «señorita de compañía», y sirva para comunicarse con la persona amada… o desamada.

¿Quieres recuperar este lenguaje para comunicarte de forma original y secreta con amantes y pretendientes? Ahí van algunas señas para entender esta curiosa forma de comunicación.

Abanicarse rápidamente. «Te amo con intensidad».

Abanicarse lentamente. «Soy una señora casada y me eres indiferente».

Cerrar despacio. Este cierre significa un «sí».

Cerrar rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un «no».

Dejar caer el abanico. «Te pertenezco».

Levantar los cabellos o mover el flequillo con el abanico. Piensa en ti, no te olvida.

Contar varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los dedos por ellas quiere decir que quiere hablar contigo.

Cubrirse del sol. Significa que eres feo, que no le gustas.

Apoyarlo sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha significa «sí». Sobre la mejilla izquierda es «no».

Prestar el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir «te despido, se acabó».

Dar un golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto significa impaciencia.

Sujetar con las dos manos. «Es mejor que me olvides».

Cubrirse los ojos con el abanico abierto. «Te quiero». Si se cubre el rostro puede significar «Cuidado, nos vigilan».

Pasarlo por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos significa «lo siento». Si cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir «¿cuándo te puedo ver?».

Abrir el abanico y mostrarlo. «Puedes esperarme».

Cubrirse la cara con el abanico abierto. «Sígueme cuando me vaya».

Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios. «Puedes besarme».

Si apoya los labios sobre el abanico o sus padrones. «No me fío».

Pasarlo por la mejilla. «Estoy casada».

Deslizarlo sobre los ojos. «Vete, por favor».

Llevarlo en la mano izquierda. «Deseo conocerte».

Moverlo con la mano izquierda. «Nos observan».

Llevarlo o moverlo con la mano derecha. «Amo a otro».

Pasarlo de una mano a otra. «Estás flirteando con otra» o «Eres un atrevido».

Girarlo con la mano derecha. «No me gustas».

Apoyar el abanico abierto sobre el corazón o el pecho. «Te amo» o «Sufro por tu amor».

Darse un golpe con el abanico cerrado en la mano izquierda. «Ámame».

Mirar los dibujos del abanico. «Me gustas mucho».

Bajarlo a la altura del pecho. «Podemos ser amigos».

Cerrarlo sobre la mano izquierda. «Me casaré contigo».

Ponerse en el balcón con el abanico abierto o salir al balcón abanicándose. «Saldré».

Dejarse el abanico cerrado en el balcón, salir al balcón con el abanico cerrado. «No saldré».

Arrojar el abanico. «Te odio» o «Adiós, se acabó».

Presentarlo cerrado. «¿Me quieres?»

Sobre la oreja. La izquierda: «Déjame en paz, no quiero saber nada de ti». La derecha: «No reveles nuestro secreto».

Contar o abrir cierto número de varillas. La hora para quedar en una cita, en función del número de varillas tocadas.