Crédito: simonmatzinger

El guayaco, al igual que la mayoría de los costeños ecuatorianos, es apasionado. Tenemos una serie de palabras código para darle al clavo a todos esos altibajos amorosos y a ese juego de cortejo bien bacán que tenemos los guayacos. Si no eres de aquí, difícilmente vas a “morder” un léxico tan raro.

Entre paréntesis, el machismo se expresa mucho en el lenguaje coloquial guayaquileño, así que espero que este artículo también nos ayude a pensar los roles del hombre y la mujer como pareja, riéndonos juntos del lenguaje que se cocina entre las esquinas.

El cortejo guayaco es un juego de conquista en Very Hard. Aquí te dejo un abreboca del proceso, para que entiendas las frases y verdades escondidas en las distintas etapas del amor a lo guayaco:

 

1. LEVANTE

Todo comienza cuando durante una reunión social donde el guayaco cazador, también denominado buitre, tasa a (si él la identifica) o es clavado por (flechado) la chica que él quisiera levantarse (conquistar). Las leyendas dicen que también ocurre al revés.

 

2. PALABREO

Cuando un guayaco está en proceso de levante, se dice que:

  • Está metiendo carpeta, es decir, está poniendo su currículum en juego para evaluación.
  • En el fondo, el man quiere atarzanar a la man, es decir, ser rápido para que nadie se le atraviese o crucetee.
  • Está palabreándola, es decir, el caballero está echándole cuento a la damita para ver si se deja.
  • Pero si es demasiado intenso y está en camino a ser friendzoneado, se dice que es muy ladilla.
  • Guayaco que pierde en el palabreo ya fue, y es anulado como un X (equis)

 

3. EMBRUTECIMIENTO

El guayaco macho típico saca pecho de tirarse a sabido, levantador, y de ser campeón con su labia y “shabroshura”… pero en realidad el guayaco es sumamente cálido detrás de todo ese farfullo.
Cuando el guayaco/a es deslumbrado por la belleza de una persona, se dice que está embrutecido, engrupido, acojudado, o incluso emponzoñado.
El guayaco se sumerge de lleno a su relación, y cuando está sumamente enamorado, se dice que le movieron el piso, lo flecharon, o lo clavaron. Está “hasta las cachas”, como dicen en la sierra, o como el avestruz, porque está metidote de cabeza, o incluso perro, porque sigue a su pareja a todas partes.
Al hablar de una pareja metidota, sus amigos dirán en su ausencia: “Uuuuu, ya los perdimos”.

 

4. VACILE

Luego viene la etapa del vacile, cuando el guayaco no zorro (donjuán), y la guayaca no reverbero (fácil), se juntan en su cine o espacio público de confianza para jugar un partido amistoso de besuqueo sin compromiso, con miradas bragueteras de por medio. Generalmente, claro está, para perseguir una relación de pareja (o no).

 

5. AMARRE

Si todo este proceso de calentar oreja y marcar tarjeta fue exitoso, y ambas partes se quieren, no es correcto decir que una pareja guayaca oficializó su relación sentimental. Lo apropiado es decir que ya se amarraron. Distinción, los tórtolos son “pelado y pelada” para la etapa del amarre, y luego “novio y novia” si están en plan de matrimonio.

Amarre Guayaco. Crédito: rauno

 

6. ENCAME Y CORONE


Una vez amarrado o en plan de boda, un guayaco avión no convence a su pareja de vacilar como una pareja ocasional… palabrea, o “hace el encame”, para tratar de llegar a la segunda base. Por supuesto, toda persona inteligente sabe que mantener una relación en un sano balance es difícil, y un compromiso de corazón de ambas partes. De “consumarse el acto” y aflojar tensiones, se dice que los guayacos “coronaron”, derivado del juego de damas, donde se corona al peón que llega al otro lado.

 

7. MANDARINEO Y CALZONEO

Si un guayaco (generalmente hombre) resulta ser sometido por su pareja, se dice que es mandarina, palabra que viene de mandado. Sus amigos de chupa dirán que “ya valió”, porque su pareja lo tiene mangoneado, o pisado bajo el zapato. En Chile, al mandarina se le dice “macabeo”, para contrastar.
Súperman, o súper mandado, es el nivel cien de esta catástrofe para sus amigos. Un súperman es, según dirán, un cachorro amaestrado, un mandarina de cáscara gruesa.
Si bien el mandarina es quien no tiene ni voz ni voto en su relación, pero es dócil ante cualquier capricho de su pareja, el calzoneado es en cambio quien está embrujado por adicción física o carnal, pero también bajo control. Ésto viene de creencias donde se decía que la mujer podía hechizar de romance al hombre deseado, haciéndole tomar “agüita de calzón (de frutillitas)”.

 

8. CACHOS

Muchos guayacos pueden estar ansiosos en una relación inestable. A veces por miedo a quedar guacharitos, pero principalmente por no ser cachudos. Los cachos son cuernos de reno imaginarios que se golpean a cada rato con todo tipo de objetos reales, y se crean luego que un guayaco es víctima confirmada de “traiciones pecaminosas”.

 

9. LA PROPIA

Como llegaste hasta aquí, te revelaré una gran verdad. Aquí en chiquitón.
Según nuestra jerga, pareciera que la mujer fuese un sujeto pasivo. Y esta es precisamente la falacia más grande de la realidad del amor guayaco.

La mujer guayaca es sumamente fuerte e independiente, controla su destino, y es de armas tomar. Es Furiosa de Mad Max, Olenna Tyrell de Game of Thrones. Siempre tiene ese ímpetu que inspira canciones folklóricas, reconocimientos, y poesías.

La mujer guayaquileña es la propia. Es la madre que infunde independencia a la siguiente generación, y la abuelita irreverente que te canta la plena.
Gracias a la mujer guayaquileña, las guayacas y guayacos tienen facilidad para tomar la sartén por el mango en la vida y en sus viajes a mundos paralelos, como otros países y la sierra.

 

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Espero esto sea útil para entender el español del guayaco enamorado. Estoy seguro de que se me escapan ciertos casos y cosas (¿algún bagrero o matricidio por ahí?). ¿Se te ocurre algún otro ejemplo? ¿Qué opinas? ¡Te invito a comentar y compartir para que más gente pueda entender el amor guayaquileño!