1. Barracas

Su nombre viene de las primeras casas precarias que se instalaron hace más de 300 años, a orillas del Riachuelo. A fines del siglo veinte se instalaron varias fábricas como la de golosinas Bagley (sobre Montes de Oca), la de Bizcochitos Canale (frente al parque Lezama) y la de Chocolates Águila-Saint (en Brandsen y Herrera), que llenaron las calles de aroma a galletas recién horneadas, hasta los primeros años de la década del noventa.

Crédito: morrissey

Qué visitar:

  • Desde hace algunos años, el gobierno de la ciudad busca darle movimiento al barrio posicionándolo como el Distrito de Diseño. Es allí donde funciona el Centro Metropolitano de Diseño (CMD), donde además de muestras de arte y diseño se dictan talleres y capacitaciones para emprendedores.
  • Los coloridos murales del artista Marino Santa María, en las fachadas de 35 casas del Pasaje Lanín.
  • La Iglesia de Santa Felicitas alberga una de las leyendas urbanas más populares de Buenos Aires: la del bello fantasma de Felicitas Guerrero de Alzaga, asesinada en 1872, que suele aparecer muy seguido por la iglesia levantada en su honor…

Crédito: morrissey

 

Dónde comer:

  • La Flor de Barracas es un bodegón recuperado, donde se pueden comer picadas y platos como los que preparaba la abuela, todo regado con Fernet (recuerden que el trago clásico de la Argentina es el Fernet-Cola, ¡vale la pena probarlo!).
  • Las Morochas es otro de los lugares emblemáticos del barrio. El dueño, Alberto Coronel, atiende este local sobre la avenida Caseros desde hace 42 años y su esposa es quien cocina. Muy recomendables las empanadas, los tallarines y los ñoquis (que en Argentina se estila comerlos todos los 29 para traer buena suerte).
  • La Popular de San Telmo tiene un menú sencillo, pero impecable.
  • El restaurante naturista Hierbabuena sirve delicias como la sopa de remolacha (betabel) y quinoa, los ñoquis de palta (aguacate) y las hamburguesa de hongos.
  • El Club Social Deluxe, parece una reliquia bien conservada gracias a sus azulejos de demolición, los espejos añejados y las lámparas de los años cincuenta pero, en realidad, tiene menos de una década de antigüedad.

Crédito: valkyrieh116

 

2. Almagro

Históricamente, es un barrio asociado al tango y la milonga. Fue el primero donde cantó Carlos Gardel, el zorzal criollo, el que cada día canta mejor…

Crédito: Analía Fabris

 

Qué visitar:

  • El Boliche de Roberto, un bodegón, bar y cafetín de esos que sólo se pueden encontrar en Buenos Aires. Ve una tarde y disfruta de un vermouth y unas empanadas mientras escuchas música de tango y te embebes un poquito de la nostalgia porteña.
  • La Catedral es, para muchos, el templo del tango en Almagro. En un salón de techos altísimos y paredes recubiertas de cientos de cuadros se pueden tomar clases de tango y folclor, o bien sumarse a la milonga de todas las noches y, de tanto en tanto, tomar un vino o una cerveza o comer alguno de sus platos vegetarianos.
  • En Almagro hay espacios alternativos que vale la pena explorar: los teatros El Tinglado y Elkafka, el Centro cultural La Huella y la sede de la radio comunitaria La Tribu.
  • El Banderín es uno de los bares más notables de la ciudad, y funciona en esta zona desde 1929. Además de servir aperitivos tradicionales y picadas, su fama tiene que ver con su particular decoración: las paredes están cubiertas por más de 600 banderines de clubes de fútbol de todo el mundo. Hay shows de tango, de salsa y, cada tanto, lecturas de poesía.

Crédito: zabaraorg

 

3. El Once

Oficialmente no es un barrio, pero ¿a quién le importa? El bullicioso Once es casi un personaje más de Buenos Aires. Forma parte, en realidad, de Balvanera y su nombre viene de su cercanía con el antiguo Mercado 11 de Septiembre.

Cŕédito: Travesías

Qué visitar:

  • En el Once hay cientos de tiendas minoristas y mayoristas, para comprar desde pelucas cariocas para una fiesta de graduación hasta encajes y sedas para vestidos de novia, pasando por toda clase de accesorios para hacer bisutería y artesanías. Es el reino del “más barato por docena” y del regateo. Los colores, la cantidad de visitantes y el movimiento constante lo convierten en el lugar ideal para sacar fotos superoriginales. Cuidado, que muchos negocios suelen cerrar los sábados, con motivo del shabat.
  • Once fue el primer barrio judío de Buenos Aires y por ello es sede de sinagogas y de otras instituciones de la colectividad judía local. El Gran Templo Paso es uno de los más hermosos de Sudamérica. En él se ubicó el primer Talmud Toráh (casa de estudios religiosos) de la ciudad, fundado en 1894. Para visitarlo, es necesario concretar una cita previamente.
  • Si quieres hurgar más allá de los antifaces, los osos de peluche y los géneros sintéticos, en la esquina de Pueyrredón y Corrientes está el majestuoso edificio que alguna vez fue la Caja Mutual de Pensiones, de estilo academicista, con una cúpula inmensa.

Crédito: zerethv

 

Dónde comer:

  • Bi Won es un muy buen restaurante de comida coreana y precios razonables.
  • Otra opción es el tradicional Helueni (Tucumán 2759), con platos típicos de la cocina judía y árabe sefardí, abierto desde 1939.

 

Qué comprar:

  • Sobre la Avenida Corrientes hay un local de chascos insólitos, Wellins Ave, con objetos para bromistas como un “globo tira-pedos”, un “dedo lanza-agua”, o unos anteojos con “senos saltarines”. Si estás buscando souvenirs originales, éste es el lugar.

 

4. Colegiales

Es un barrio con calles de adoquines, casas bajas y vecinos que todavía se sientan en la vereda a tomar mate y a conversar.

 

Qué visitar:

 

Dónde comer:

  • La cocina de Marcia Krygier parece un garage o una vulcanizadora, pero adentro hay otro universo: un horno industrial, paredes repletas de estantes y vitrinas con ollas, cuchillos japoneses, vasos medidores y una gran mesa de mármol en el centro con bancas alrededor. La cocina es excelente.
  • Para comidas más ligeras están el clásico Le Blé, con delicias de la pastelería francesa, o Crisol, el lugar perfecto para un brunch o la merienda de sábado por la tarde con scones gigantes y muffins de peras. Les Croquants vende macarons como los de París y en el Club Deportivo y Social Colegiales, fundado en 1927, se puede comer una parrillada para dos, con mucho vino tinto y, de postre, ¡flan con dulce de leche!

Qué comprar:

  • En el showroom de Praliné hay prendas a precio casi de mayorista con diseños originales y estampados naïf.
  • En Balaciano se pueden encontrar vestidos hiperfemeninos, faldas de encaje y tapados largos con cuello de piel.
  • Para objetos de diseño, el lugar es La Dominga, donde hay fundas para celulares con forma de casete o sombreros tejidos con forma de oso.
  • El Mercado de las Pulgas es un predio gigantesco donde se pueden conseguir desde una vajilla antigua hasta muebles de campo viejos.
  • En línea con el diseño retro, Laboratorio de Objetos, tiene una selección de muebles estilo estadounidense de los años cincuenta y sesenta, pero restaurados y listos para llevar a casa.

Mercado de pulgas por Gustavo Minas

 

5. Palermo Chico

En 1912, el arquitecto y paisajista francés Carlos Thays diseñó en Palermo una zona tan original como laberíntica, con manzanas redondas y diagonales, edificios imponentes de estilo francés, petit hotels y casas Tudor. Desde sus inicios, la zona fue habitada por la clase más alta de la ciudad, que construyó pequeños palacetes que hoy son embajadas y museos.

En el Jardín Japonés – Crédito: Joseph Brent

 

 

Qué visitar:

  • La hoy Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes es la antigua vivienda de la célebre escritora argentina Victoria Ocampo. Por su estilo moderno y despojado, se dijo que había sido diseñado por Le Corbusier, aunque fue el arquitecto argentino Alejandro Bustillo quien la diseñó.
  • El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), donde se exhibe en forma permanente la colección Costantini con más de 200 obras de artistas latinoamericanos de la talla de Frida Kahlo, Joaquín Torres-García, Wilfredo Lam y Antonio Berni.
  • El Jardín Japonés es un parque cerrado construido por la comunidad japonesa en los años sesenta. Tiene pequeñas lagunas con peces de colores, un vivero que vende bonsáis y un centro cultural que organiza exposiciones de origami y encuentros para amantes del manga y el animé.
  • También hay algunos espacios frescos e inesperados, como la galería Miau Miau, que busca posicionar a artistas emergentes.
  • Dedica un buen rato para simplemente caminar por las calles arboladas y elegantes de Palermo Chico, el barrio más “coqueto” de Buenos Aires, especialmente al atardecer. Aprovecha para sacar fotos, descubrir cafés y confiterías y hasta puede que te cruces con algunas de las figuras más famosas del espectáculo argentino, como Susana Giménez o Mirtha Legrand, que viven allí desde hace mucho años.

 

Dónde comer:

  • En la planta baja del edificio donde está Miau Miau funciona Farinelli, un pequeño restaurante que abrió hace algunos años pero ya es un hito del barrio.
  • El Pagano Club Social es un restaurante a puertas cerradas que funciona en el living-comedor de un departamento antiguo sobre la calle del mismo nombre. Es “un rincón de París en Buenos Aires”, como le gusta definirlo a su chef Jerónimo. El menú es de varios pasos, la atención está a cargo de la hermana y la madre del chef y es un lugar perfecto para ir en grupo.

 

Qué comprar:

  • I Crown Victoria funciona en la terraza de una casa sobre la calle Cabello. Allí, la de la diseñadora Victoria Magrane arma collares y aros que luego expone para su venta ahí mismo, sobre una pared azul rabioso.
  • En los límites del barrio, sobre la calle República de la India, está la concept store Panorama, con una cuidada selección de objetos y ropa de diseñadores de vanguardia.

 

 

Por Travesías