Crédito: Ramón P.

 

Argentina es un país grande, pero principalmente largo. Por eso, de Norte a Sur, se pueden encontrar tantos paisajes y culturas tan diversas como lo son sus maneras de hablar. Aquí, un pequeño recorrido de nuestro vasto territorio léxico, desde La Quiaca hasta el “fin del mundo”.

 

1.

No todos los argentinos decimos “Che”. En el norte se dice “pue” y en el sur, a veces, “jue”.

 

2.

El jujeño no es simpático, es “churito”; no dice dale, dice “meta”; no tiene miedo, tiene “supi”; y si el miedo es mucho, no se hace caca, se hace “aca”.

 

3.

El salteño, que es vecino muy cercano, le encontró los mil y un usos a la palabra “aca”. El salteño no dice estoy mal, dice estoy hecho aca; no dice no tengo nada, dice no tengo ni aca; no dice no, directamente dice “niaca”. El salteño no dice pene, dice “pingo”; pero si está molesto, está “empingao”. Lo curioso es que en esos casos donde hay algún pequeño elemento del cual se desconoce su nombre, tranquilamente puede reemplazarse por “pinguito”.

 

4.

El tucumano no se extralimita, se bandea; no duerme, “apoliya”; no investiga “ututea”; no come, “enyanta”; no engaña, “empabura”.

 

5.

En el Noroeste Argentino, no se dice “flaco”, “pibe” o “Chabón”, a lo porteño; se dice “Chango”; las chicas son “chinitas” y los bebés son “guaguas”.

 

6.

El santiagueño es famoso por su hablar, que más que bonito, es “churito”. Para el santiagueño si algo está frío exclama “Chuy”; si algo está caliente grita “Tuy” o “Tuy Laca”, porque la palabra aca es comodín en todo el norte argentino.

 

7.

El Formoseño no anda desganado, anda “caigüé”; no dice pobrecito, dice “angá”; si se desconcierta, queda regulando y cuando se enoja te manda a freír mondongo.

 

8.

El chaqueño para advertirte no te dirá cuidado, sino “chaque”; si se asombra exclama “Ueee” o “Guepa”; y para afirmar que algo le parece bien, dice “Oatata”.

 

9.

Es que La Mesopotamia tiene su propio hablar. Si allí caés antipático, serás “argél” y si te mandan a llavear, te están pidiendo que cierres con llave.

 

10.

Dicen que corrientes tiene payé, que en guaraní significa hechizo. Allí los hombres tienen “picho”, las mujeres tienen “pachula”, y cuando se juntan, tienen “gurises”. ¡A né!

 

11.

El misionero no tiene hambre, tiene “lija”; no dice qué mala suerte, dice “qué sal”; si se enoja, se “picha”; y si te quiere decir basta, te dice “ya dá ya”.

 

12.

El entrerriano no se prepara, se apronta, no va a comer asado a una parrilla, va a la churrasquería. Si hay un gran desorden es un “cachichengue”, lo inestable está “cluenque” y si algo está torcido, está “chinguiado”.

 

13.

En cambio, si volvemos hacia el oeste, según el diccionario catucho (Catamarca) chinguiear es fallar; y si algo se lo quiere dejar al azar, se lo tira a la quila.

 

14.

En Catamarca o La Rioja, el carnaval es la chaya. El riojano no te dice sos avaro, te dice sos re aca (y aparece así el comodín del norte nuevamente). El riojano no es mentiroso, es “trápala”; no es molesto, es liviano. Si algo está inclinado, está ladeado; y si está muy líquido, está “chuyo”.

 

15.

Y si ya estamos en Cuyo, tierra del buen vino, de seguro encontraremos raro el hablar sanjuanino. Es que en San Juan no se dice culo, se dice poto, no se come batata, se come camote, y si alguien es vulgar, es un “yarco”. La muletilla es “won”: apócope de huevón. Se usa al final de cada frase. ¿Entendiste, won?

 

16.

Los mendocinos son más chetos, pero tampoco escapan al won. En Mendoza un tostado es un “carlitos”; una hamaca es un columpio; la canilla de agua es un surtidor; lo que no es hondo, es “pando”; y donde termina la calle, topa.

 

17.

En San Luis no se tienen discusiones, se tienen agarradas, los perros son chocos, el ómnibus es el “cole” y si algo está bueno es manso: “Manso asado nos comimos”.

 

18.

El centro de la República está en Córdoba, y los cordobeses tienen un diccionario aparte. El cordobés no te intimida, te mete el pecho, no se acobarda, es pecho frío, no es bueno en lo que hace, es un picante; no comete errores, echa moco; y si se va de fiesta, sale de caravana.

 

19.

Sus vecinos de la pampa húmeda, los santafesinos, hablan muy a lo rioplatense. Pero en Santa Fe, el bife de chorizo es un entrecorte; las galletas son masitas; la garrapiñada, praliné; y una trompada, no es una piña sino un puñete.

 

20.

Rioplatense se habla en Buenos Aires, provincia que contiene nuestra Capital Federal. A quienes allí viven, les llamamos los “porteños”. El porteño no come, “morfa”; no sube al colectivo, sube al “bondi”; no toca la guitarra, toca la “viola”. Para el porteño las chicas son “minas”, y si son lindas, están “re fuertes”; los cigarrillos son “puchos”; un taxi es un “tacho”; un ladrón es un “chorro” y la policía es la “cana”. ¿Te quedó claro, chabón?

 

21.

La Pampa tiene el ombú y tanta llanura, que un pampeano le dice montaña a cualquier loma. El pampeano no le entra al trago, le entra al “taco”; si tiene miedo, tiene “chucho”; y si está aturdido, está “abombado”. Cuando juega a las cartas no le dice as al uno, sino “ancho”; y si tenés el ancho de espada, cantá “quiero retruco”.

 

22.

Al sur de La pampa está la Patagonia, gran territorio austral que incluye las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. En la Patagonia los rubios son “galenzos”, al calefactor se le dice “calorama”, y cuando se van a dormir, se van a las “pilchas”. Si alguien está enfurecido, será común escuchar: “está privado” o “está privado de su cuerpo”. Si te piden que aumentes la intensidad te dirán: “dale guaraca” en vez de “dale rosca”. Y si algún vecino de la patagonia ha bebido demasiado alcohol exclama “ta llena mi pilgua, che”.

 

23.

Hay tantas formas de emborracharse como provincias donde hacerlo: el correntino “se agarra una bala”, el jujeño se “macha”, el formoseño está “cau”, el cordobés está “escabiado” y de norte a sur estás “en pedo”.

 

24.

Los argentinos al engañado: “gorreado” dice el cordobés, “guampudo” dice el chaqueño, “chivo” el tucumano, “carnero” el santiagueño.

 

25.

El porteño te hace el biri biri, el misionero el wara wara y el cordobés te versea. Si el chamuyo fue con éxito, el porteño transa, el cordobés chapa y el misionero aprieta.

 

26.

Si algo es falso, el porteño dirá que es “trucho” y el santiagueño que es “cholo”.

 

27.

El argentino no orina, el argentino pilla si es porteño, ishpa el santiagueño y le cambia el agua a las aceitunas si es cordobés. Ve Vo.

 

28.

Lo que en Latinoamérica se conoce como “palomitas de maíz” en Argentina, es pochoclo, pururú o pororó, de acuerdo a en qué parte del mapa lo estés saboreando.

 

29.

A la hora de la merienda, elegimos mate, pero se acompaña con bizcochos si estás en el norte o en Buenos Aires, en Córdoba son criollos y en Cuyo son tortitas; pero la receta es prácticamente la misma.

 

30.

Si a esta altura sentís que tanta palabra distinta es un verdadero “quilombo”, ya estás listo para recorrer Argentina, un país tan largo como diverso. ¿Qué estás esperando, che? (o “pue”, o bien… “jue”).