Crédito: Javi

1. No te dejes seducir… tan fácilmente.

En cuanto des unos pasos por debajo de las lonas color rosa mexicano, alguien te va a abordar con un “¿Qué le ofrezco mi jefe/güerita/chula/patrón?”, te van a poner una rebanada de melón en una mano y el melón completo en la otra, para que veas qué bueno está y qué barato es. “Siéntalo, está para hoy o ¿para cuándo lo quiere?” ¿Cómo te podrías negar a comprarlo? Pues así, dando las gracias por tu rebanada de melón y siguiendo con tu camino. No te sientas comprometido a comprar algo que no quieres nada más porque te chulearon y te dieron la prueba. Esa es la onda del tianguis.

 

Hay pocas cosas tan eclécticas como un puesto de tianguis.


2. No dejes que las matemáticas te apantallen.

Va a llegar ese momento en el que quieras comparar precios y te encuentras con un mundo de letreritos de “3×6”, “2×10”, y toda la tabla del cinco. No dejes que te gane la aritmética, en el tianguis los precios no varían tanto como la calidad del producto. Si es tu primera vez en ese tianguis, date una vuelta antes de decidir dónde comprar, fíjate en los puestos donde haya más gente y siempre pide tu prueba.

 

3. Comienza a cultivar la relación con tus marchantes.

Una vez que hayas elegido un buen puesto, empieza el protocolo de volverte “cuate” de los que lo atienden. Los vas a ver cada ocho días y, si les eres fiel, ellos te consentirán con una que otra oferta, dándote el tradicional pilón o guardándote los mejores aguacates. Eso sí, aunque tú acabes conociendo a toda su familia por nombres y apellidos, para ellos nunca dejarás de ser “la güerita” o “el joven”.

 

¿Qué va a llevar güerita?

 

4. Cédele el debido espacio al chachareo.

Al tianguis no sólo se va a comprar el jitomate de la semana. Date una vuelta por los puestos de ropa, a ver qué llegó en la paca, compra una plantita para tu casa, platica con los hippies de los inciensos, cuestiona a los darketos que reconstruyen muñecas o al señor de los pájaros, ese que carga una columna de diez jaulas como si fuera mochila (tiene muchos años que no veo a uno de estos personajes, no sé si sigan en circulación). Nada más acuérdate, eventualmente, de lo que venías a comprar…

 

Para los que andan buscando una definición ilustrada de «chácharas».

 

5. No vayas a llegar demasiado tarde.

Los tianguis son tempraneros por excelencia. En la madrugada se descargan los camiones y se levantan los puestos para poder arrancar con todo en las primeras horas de la mañana. ¿A qué hora conviene ir? En la mañana hay más gente, pero encuentras de todo; en la tarde puedes encontrar cosas muy baratas, pero la fruta ya está toda magullada. En mi opinión, la mejor hora para ir al tianguis es a eso de las once, cuando además, empieza a apretar el hambre.

 

6. No hagas que todo el sistema colapse. 

Los pasillos son estrechos, irregulares y suelen estar bastante sobrepoblados. En ellos se ha desarrollado un sistema de ambulantaje dentro del ambulantaje, (el carrito de los tehuacanes preparados es un buen ejemplo de estos ambulantes de tianguis), pero también están las carriolas, los carritos de las señoras, los diablitos y hasta la eventual tambora. Imagina que es un sistema circulatorio a punto de colapsar. No seas la trombosis, pégate al puesto donde te detengas y, si te encuentras frente a la entrada de un típico tianguis de dos pasillos, entra por la derecha, como circulan los coches.

 

7. Encuentra el puesto en el que vas a comer cada ocho días.

La sección de comida de un tianguis siempre sorprende. Algunos son famosos por algún puesto de mariscos, otros por su barbacoa y también están esos con el puesto gigante de tacos de guisado y garnachas que, sin importar su tamaño, siempre está hasta la madre a la hora de la comida. Pregunta, observa y decide cual es el lugar que más te convence, o prueba varios y ten más de un favorito. Es probable que vayas a comer aquí una vez a la semana por algún tiempo.

 

¿Cubana con todo?

 

8. Recuerda que hay un tianguis para cada ocasión.

Todos estas recomendaciones las hice pensando en el tianguis estándar, ese en el que hay de todo un poco y al que vas por las compras de la semana; sin embargo, no puedo dejar de lado a todos esos tianguis atípicos de México: los mercados de pulgas, los tianguis de paca, los de antigüedades, los de música, los tianguis monstruosos de la Ciudad de México como Tepito o El Salado… Lugares dignos de mención por ser, en su mayoría, la expresión más pintoresca y bizarra del tianguis en México.