Durante el ascenso al poder de Tenochtitlan sobre los demás reinos del México Antiguo, los mexicas buscaron la forma de perpetuar y legitimar su poder. El arte fue una de las formas más memorables que este pueblo empleó para demostrar su poderío sobre sus vasallos. Estos cuatro monumentos son una muestra de la maestría artística de los mexicas.

EL MONOLITO DE TLATECUHTLI


Cuando murió Ahuizotl, el más poderoso y sanguinario de los Tlatoanis mexicas, sus exequias funerarias fueron de una pompa sin igual. Su cuerpo fue cremado y puesto bajo el resguardo de Tlaltecuhtli, la terrible diosa telúrica.
La antigua religión dictaba que las efigies de esta diosa debían estar enterradas, ya que ella simbolizaba la tierra misma, como generadora de vida y de muerte, y era hacia la tierra dónde los hombres debían descender cuando culminaban su ciclo vital. Por ello, los artesanos del imperio labraron la figura de la diosa en una roca de andesita color rosado, para que fuera la guardiana de los restos mortales del fiero guerrero tenochca.

 

COATLICUE


La diosa madre del dios tutelar de los antiguos mexicanos, Huitzilopochtli, también fue inmortalizada en la piedra. Su aspecto, para las mentes modernas, se asemeja al de un terrible monstruo, pero para los que habían nacido dentro de las enseñanzas de la antigua fe, era la síntesis perfecta de los elementos terrestres y celestiales. Las serpientes eran la conexión entre la tierra y el mismo cielo, ya que en antaño se creía que las serpientes traían la lluvia sobre los campos, y su collar de corazones humanos era el eterno recordatorio de que la sangre, el agua preciosa, debía ser derramada para nutrir al cosmos, la retribución del hombre hacia sus creadores.

 

LA PIEDRA DE TIZOC


Tizoc fue un tlatoani mexica que no tuvo gran trascendencia dentro de la política del imperio, ya que se lo consideró incapaz y débil. Sin embargo, la posteridad deseó que esta singular pieza de arte creada durante su breve reinado fuera testimonio de los tiempos calmos, que fueron escasos en la corta vida del imperio mexica.
La Piedra de Tízoc, como actualmente se le llama, es una escultura circular que narra con profusos y elaborados grabados las victorias militares de Tizoc sobre 16 reinos del México antiguo. Se ven a los dioses tutelares de los mexicas en posición triunfante, agarrando de sus cabellos a diversos cautivos, que representan a los guerreros de aquellas naciones sometidas.

 

EL CALENDARIO AZTECA


Sin lugar a dudas, este es el más famoso de todos los monumentos mexicas encontrados hasta el momento, muestra palpable del dominio que los antiguos lograron sobre la piedra, y mudo testigo de una gloria pasada.
Se trata de un monolito circular de basalto n cuya superficie tiene labrados infinidad de símbolos y figuras que representan las cinco edades del mundo. El centro del mismo es la edad en la cual el hombre actual existe, siendo rodeado por los jeroglíficos de los soles pasados y de los días del calendario antiguo. Todo rodeado por las xihua coatls, las serpientes de fuego que aluden al ciclo de 52 años, donde una era culminaba y acontecía otra, en un ciclo sin fin.
Se cree que fue construida por mandato del tlatoani Axayácatl y que su propósito principal era servir como un temalacatl, o piedra sacrificial usada en los combates rituales, pero que al quebrarse, se desechó para dicho fin.