Está muy bien ir al Louvre y al Prado, al British Museum y al Museo del Holocausto, pero a veces dejamos de lado otros museos únicos que nos dejarán maravillados con su originalidad. En Europa hay unos cuantos. Estos son los museos más raros y fantasticos que puedes visitar en Europa.

1. Globenmuseum (Viena, Austria)

¿Qué tendrán los globos terráqueos que nos fascinan? Quizá esa sensación de tener de pronto el mundo a nuestro alcance en miniatura o eso con lo que todos soñamos: girarlo, cerrar los ojos, plantar el dedo en un sitio y organizar un viaje a ese rincón del mundo. Este museo es una maravilla llena de pasillos y salas con globos terráqueos y celestiales de distintas épocas y materiales. Aprenderás un montón sobre cómo se hacían y cómo se hacen, los distintos tipos que hay (¡de bolsillo! ¡plegables!), su historia y la concepción del mundo y los mapas a lo largo de los siglos. Con la misma entrada puedes ir al Museo del esperanto, en el mismo edificio. ¡Otra curiosidad fascinante!

2. Museo de Historia del Retrete (Kiev, Ucrania)

Hay un montón de cosas que no te has preguntando nunca y que ni sabías que necesitabas saber pero que de pronto te alegrará haber descubierto. ¿Desde cuándo existen los retretes, váteres, excusados o como los llames tú? ¿Cómo evolucionaron en las distintas civilizaciones? ¿Por qué a los romanos les encantaba hacer sus necesidades mientras debatían? La idea del museo, abierto desde 2007, es hablar de historia y cultura desde la perspectiva de la evolución de nuestros WC. Fascinante, ¿no? Tienen por cierto, la mayor colección del mundo de suvenirs relacionados con el retrete.

3. Klimahaus Bremerhaven 8° Ost (Bremerhaven, Alemania)

Alex Werner es un señor de Bremerhaven, al norte de Alemania, que hace unos años decidió dar una vuelta al mundo muy peculiar: lo hizo siguiendo el meridiano 8º (y el 172º por el otro lado), en el que está situada la ciudad. Al volver, hizo este enorme museo, la Casa del Clima, en el que puedes pasar horas viajando con él, conociendo a la gente de los lugares en los que paró, la flora y la fauna y, por supuesto, el clima, que sentirás en tus propias carnes. Suiza, Cerdeña, Níger (¡la sala a 35ºC!), Camerún, la Antártida (¡la sala está a -6ºC!), Samoa, Alaska y Alemania. Pisarás el desierto y el hielo, pasearás por una jungla de noche y con lluvia, podrás ver las estrellas en la atmósfera y querrás mudarte a Samoa.

4. Museo del Hospital en la roca (Budapest, Hungría)

La colina del Castillo de Buda esconde un secreto: un laberinto de túneles y grutas naturales creadas tras el período glacial que los habitantes de la ciudad han ido usando y ampliando y conectando con el paso de los siglos. Durante la Segunda Guerra Mundial se habilitaron como refugios y, más tarde, como hospital de emergencia (solo desde 1944). Tenía 94 camas, quirófano y el material médico más moderno de la época. Volvió a usarse en la revolución de 1956 y entre el 58 y el 62 fue ampliado y reforzado para funcionar como refugio nuclear. Se puede visitar desde 2008

5. Katten Kabinet (Amsterdam, Países Bajos)


Amantes de los gatos: aquí es adonde tenéis que ir. Este museo lo fundó en el año 1990 William Meijer, un señor holandés con dinero que quería preservar la memoria de su gato Tom. Este gabinete gatuno esconde una colección muy específica: arte en la que aparecen gatos representados. Cuadros, esculturas, pósters, fotografías… Todo muy serio y a la vez con un sentido del humor muy especial. Está además en un edificio del siglo XVII y cómo no, entre sus vigilantes hay varios gatos. Si les gustas, a lo mejor se dejan acariciar.

6. Museo del Abanico (Londres, Reino Unido)


Abierto desde 1991, este museo hará las delicias de todo el que alguna vez le haya agradecido casi su vida a un abanico. Ese invento aparentemente sencillo que nos salva del calor cuando no hay aire acondicionado (o, si somos señoritas de hace unas décadas, nos permite comunicarnos con buenos mozos sin que nadie se entere) lleva siglos haciéndonos felices: en el museo hay abanicos del siglo XII en adelante. Aprenderás sobre su historia, cómo se hacen, y verás muchísimos (tienen unos 4.000). Puedes tomar también el té en su jardín japonés. Sabes cuál es la compra obligada en la tienda, ¿no?

7. Casa Estonia de las Muñecas (Tallín, Estonia)

Situada en uno de los edificios más antiguos de Tallín (de 1230), esta casa de las muñecas alberga una colección bastante grande de muñecas artesanas de distintas épocas. Lo más sorprendente son las muñecas en sí: si vas esperando algo cursi, no lo encontrarás. Son muñecas artísticas, fruto de la combinación de escultura y diseño de ropa. Las hay más clásicas, las hay que son verdaderos objetos artísticos y las hay que dan miedo.

8. Museo de las Relaciones Rotas (Zagreb, Croacia)


¿Qué queda de una relación cuando esta se rompe? Fotografías y cartas, anillos y relojes, gomas del pelo y llaveros, tostadoras y el hacha con la que destrozaste los muebles de una vida en común. Desde su fundación en 2006, el museo recoge y muestra los objetos que hablan de esa relación y que dona la gente con una pequeña descripción. A veces las historias son de rencor, como el frisbee que fue un regalo de aniversario no muy bien recibido, otras de nostalgia, como la gorra de marinero de aquel noviete español de hace 46 años. Si no puedes ir a Zagreb, puedes perderte explorando la colección online.

9. Spritmuseum (Estocomo, Suecia)

Un museo dedicado al alcohol y a toda la cultura que rodea, en Suecia, el acto de beber. El museo es un recorrido muy entretenido por toda la historia del alcohol en Suecia, por costumbres y tradiciones, canciones para y sobre beber, las comidas con las que se combinan mejor distintos tipos de alcohol, etc. Hay una sala de la resaca (para hacerte sentir como si tuvieras una) y, cómo no, la posibilidad de hacer una cata de algún licor.

10. Museo de las Miniaturas (Praga, República Checa)

Todo lo que quieras, pero en miniatura. Este museo no es una colección de miniaturas del mundo, sino que son todas obra del miniaturista Anatolij Konenko, un artista ruso especialista en construir pequeñas obras de arte que observarás a través de un microscopio. Camellos paseando por el ojo de una aguja, una torre Eiffel de 3,2 milímetros, un tren que usa como vía un pelo humano…