Hoy les voy a platicar acerca de los niños milagrosos más venerados por fieles católicos de México. En nuestro país, el culto al Niño Jesús fue propagado por Santa Teresa de Jesús y su orden, con gran aceptación popular. La creencia dice que los santos niños pueden interceder milagrosamente, acorde con las características particulares de su manifestación. ¿Alguna vez le has pedido algo a alguno de ellos?

EL NIÑOPA

También conocido como Niñopan o Niño-pa, su nombre quiere decir “el padre celestial niño”, haciendo referencia a que la figura representa a Jesús, hijo de Dios. Su culto se remonta al siglo XVI, época en la que un artesano indígena diseñó la figura de madera de colorín, que mide 51 centímetros de altura y pesa casi 600 gramos.

Los habitantes de Xochimilco aseguran que, en las noches, el niño sale de su morada para curar a todas las personas que lo necesiten. La parroquia donde se llevan a cabo los festejos religiosos en su día (2 de febrero) es la de San Bernardino de Siena, que se vuelve el centro de una fiesta llena de flores, comida, música y baile en honor al santo más venerado de Xochimilco.

Pero este niño milagroso no vive en la parroquia todo el tiempo, sino que es acogido en la casa del mayordomo, quien durante un año abre su casa a todo aquel que quiera visitar al Niñopa y ofrecerle una comidita. El ajuar del santito está compuesto por más de 5000 trajes confeccionados a mano y un número considerable de zapatitos y adornos. ¡Hay lista de espera para ser mayordomo hasta 2042!

EL NIÑO MILAGROSO DE TLAXCALA

En la Parroquia de San José, ejemplo del barroco tlaxcalteca, se encuentra una capilla que dedicada a la imagen del Niño Milagroso de Tlaxcala. La historia se remonta a 1913 cuando una mujer muy humilde, oriunda de Santa Ana Chiautempan, le ofreció a la familia Anzures una imagen que había tallado en madera de ayacahuite.
Fue a partir de 1914 que se comenzó a hablar de los prodigios de esta escultura, que se movía y parecía crecer día con día. También la gente cercana a esa familia decía que su rostro destellaba luces y ¡que caminaba!

Los hechos fueron atestiguados por diversas autoridades eclesiásticas de la época, quienes dieron fe de lo ocurrido. La imagen, que no sobrepasa los 70 centímetros y de quien se asegura que año con año continúa creciendo, fue revisada por representantes católicos, que perforaron uno de los pies para comprobar si en su cuerpo tenía un mecanismo que lograra la ilusión de que caminara sola, el cual nunca fue comprobado.

Se le conoce como el protector de los niños recién nacidos, los nonatos, y las mujeres embarazadas de alto riesgo. Sus seguidores siguen fieles a la tradición, ya más de 100 años de existencia, cada 14 de febrero llegan peregrinos del municipio y de diversos estados de la república para llevarle flores, ofrendas frutales y música de banda.

EL NIÑO CIEGUITO

En la ciudad de Puebla de los Ángeles, en el Convento de las Monjas capuchinas, se venera una antigua imagen del Niño Dios cuya peculiaridad es la de estar llorando lágrimas de sangre.

La imagen data del siglo XVIII y, según la leyenda, el 10 de agosto de 1744, en el convento de la Merced de la ciudad de Valladolid (hoy Morelia), en el estado de Michoacán, se desató una gran tormenta. Un hombre no muy creyente (o un ladrón) se quedó dentro del templo y, sin más, se dedicó robar las alhajas de oro y los mantos de finas telas, para posteriormente destruir las imágenes que ahí se veneraban. A la de Nuestra Señora de la Merced le quitó el Niño Jesús de los brazos.

Se dice que huyó con él a las afueras de la ciudad y lo desmembró, por lo que la imagen del Niño comenzó a derramar lágrimas de sangre. Esto enloqueció al hombre quien, con un punzón, le arrancó los ojos, dejándole las cuencas vacías. Esto no detuvo el llanto, por lo que le dio 33 puñaladas y decidió abandonarlo entre piedras en el cerro de Punjuato.
La leyenda continúa, asegurando que un indígena encontró la imagen y la llevó de regreso al templo, donde fue recibido con gran tristeza. El padre fray José Miguel Durán de la Huerta les pidió a las monjas capuchinas de Puebla que la resguardaran en su convento, donde permanece hasta hoy. Su festividad es el día 10 de agosto.

La imagen suele ser ataviada con los símbolos que nos refieren a la pasión de Cristo: una corona de espinas, los clavos, una cruz y, en una de sus manos, lleva una bandeja con dos ojos que recuerda su profanación. Esto ha propiciado que sea considerado patrón de los ciegos, enfermos visuales y todas las enfermedades de la vista.

EL SANTO NIÑO DE ATOCHA

En Fresnillo, municipio del estado de Zacatecas, podremos encontrar otra advocación de Jesús niño, en el Santuario de Plateros, donde miles de peregrinos veneran su imagen. El Santo Niño de Atocha es considerado el patrón de los presos encarcelados injustamente y de los casos difíciles o urgentes.

Su historia se remonta al siglo XIII en Atocha (Madrid, España), durante la ocupación musulmana. Cuando la ciudad cayó en manos de los dominadores, éstos tomaron prisioneros a los hombres. Sólo a los niños se les permitían llevar agua y comida a los prisioneros. Las mujeres le rezaron a Nuestra Señora de Atocha (foto), pidiéndole ayuda.

Como se ve, esta representación de la Virgen María tiene un niño Jesús en los brazos y, cada vez que iban a rezar, las mujeres notaban que el niño en brazos de la virgen tenía los zapatitos sucios. Se los cambiaban, y al otro día lo encontraban con los zapatos sucios nuevamente. Más o menos al mismo tiempo, se comenzó rumorar acerca de un niño pequeño vestido como un peregrino, que les llevaba agua y comida a los prisioneros. La gente de Atocha llegó a la conclusión de que el niño desconocido que ayudaba a los prisioneros era el infante Jesús, a quien su madre había enviado a salvarlos.
En México también hay una leyenda sobre su aparición: Zacatecas es un estado minero, por ello, el día que unos mineros quedaron atrapados al explotar una mina, las mujeres le rezaron a Nuestra Señora de Atocha y, muy pronto, un niño pequeño ayudó a los mineros a sobrevivir.

La fe por este santo ha crecido tanto que alrededor del 25 de diciembre (día de su fiesta), cerca de 15 millones de peregrinos se encuentran en el Santuario de Plateros, para visitar la imagen del pequeño. La imagen original se encuentra en Atocha, un poblado cercano de Madrid, España.

EL NIÑO DE LAS SUERTES

En la populosa y tradicional colonia Tacubaya, en la capital mexicana, comenzó a venerarse al Santo Niño de las Suertes. Una singular imagen de principios del siglo XIX, de un niño de meses que apoya su cabeza en un cráneo a manera de almohada.

Su leyenda cuenta que dos misioneros que viajaban a Tlalpan escucharon el llanto de un bebé en medio del camino despoblado. Intrigados, buscaron el lugar de donde procedía el llanto y encontraron a un niño de escasos cuatro meses. Al momento de levantarlo, el niño se convirtió en una escultura, y según se dice, al mismo tiempo brotó en ese sitio un manantial de agua al que desde entonces se ha conocido como «Ojo del Niño».

El arzobispo no creyó mucho en la historia que le contaron y ordenó que se depositara la imagen en un pequeño nicho provisional. Por la noche, los religiosos y el arzobispo tenían curiosidad, por lo que visitaron la imagen. Al llegar a donde se encontraba, observaron un bellísimo resplandor que emanaba de la imagen. Después de eso, el arzobispo decidió sortear el sitio al que donaría la imagen para ser venerada.
El sorteo se llevó a cabo y salió ganador el convento de San Bernardo; como el prelado sabía de la pobreza de las religiosas del convento, repitió la rifa y nuevamente salió el convento de San Bernardo. A este niño se le nombró de las Suertes, precisamente por el método que se usos para buscarle el lugar que le albergaría.