Fotos cortesía de Masahiro Furukawa.

Estación de Shinjuku, Sábado, 8:15 AM.

Muchedumbres. La voz del parlante anuncia que el tren partirá en pocos minutos hacia Okutama. A mi alrededor, jubiladas y jubilados con bastones de trekking visten pantalones North Face y camperas Mountain Hardwear. Su charla provoca un bullicio ensordecedor. Los vagones están repletos de abuelos en excelente estado físico que van a pasar el día en las montañas del oeste de Tokio. A sólo 65 km de la ciudad, el paisaje urbano cambia drásticamente, dejando atrás la abigarrada trama de edificios para dar lugar a un delicado ecosistema de ríos y montañas.

Los jóvenes, sin embargo, tenemos otro objetivo, y podemos reconocernos mutuamente por las gruesas colchonetas de búlder o crashpads. El búlder, también llamado escalada en bloque, es un deporte que consiste en trepar paredes de pocos metros de altura sin la protección de arneses, cuerdas o sistemas de seguridad. Se trata de resolver “problemas” en rutas cortas pero de gran dificultad. Y no hay sitio de búlder más conveniente por su cercanía a Tokio que Mitake.

Mitake

En poco más de una hora llegamos al destino, una pintoresca área de grandes bloques de piedra arenisca desparramados a lo largo de la orilla del río Tamagawa. A menos de cinco minutos a pie desde la estación veo una decena de bloqueros que están dando pegues desde temprano: las carpas al lado de la roca permiten deducir que han dormido allí. Uno de los problemas más famosos del búlder japonés es Ninja Gaeshi, con una gradación de 6c+/7a o V5/V6.

Durante los fines de semana las colas frente a esta roca son fenomenales. Normalmente puede haber treinta personas que esperan su turno para probar suerte en el codiciado Ninja. La motivación es comprensible: se trata de un estético problema con una salida extraplomada que travesea por un canto en diagonal, para salir finalmente por una grieta hacia arriba. La adrenalina corre por el cuerpo: hay casi cuatro metros de separación del suelo, y por más colchonetas que haya debajo nadie quiere caer desde esa altura.

Mis propios intentos en Ninja Gaeshi incluyeron meses de frustración, yemas de dedos rebanadas en fetas y achaques musculares variados hasta que un buen día, casi sin darme cuenta, la roca se dejó trepar. Mi modesto triunfo no conmovió a nadie. Como era natural. Ninja Gaeshi no es sino uno de los problemas más sencillos de este bloque, que ofrece dificultades de hasta V12 u 8a+ con clásicos como Kani Mushi.

Personajes de búlder

De entre quienes transitamos por Mitake muchos pasamos desapercibidos, pero hay algunos personajes que son famosos en el ambiente por su perseverancia. Para dar un ejemplo, está el caso de un bloquero que hace al menos cuatro años que, fin de semana tras fin de semana, se dedica exclusivamente a intentar encadenar el mismo problema.

Primero, con un control remoto prende una cámara montada en una roca cercana para autofilmarse. Después, con gran elegancia saca la primera parte de la secuencia de movimientos pero lamentablemente cae siempre en el mismo lugar. Este señor no trata de hacer otros problemas, y a diferencia de los demás escaladores, socializa poco y nada. Y por lo que se ve, no tiene intención de desistir de su objetivo.

El búlder no empieza ni termina en la roca. Los bloqueros suelen ser una comunidad que, fuera de sus horas de trabajo, habita dentro de las salas del rocódromo, repitiendo secuencias de movimientos muy focalizadas. “Todos los días voy al gimnasio y entreno un par de horas. Es la única manera de ponerse fuerte y disfrutar el fin de semana. Además, quiero explorar mis propios límites porque sé que todavía puedo lograr mucho más de lo que hago ahora”-dice Yuji Kimura, 35, empleado de una compañía de tarjetas de crédito.

Masahiro Furukawa piensa algo similar. “La actividad física que hago es dirigida hacia el bloque”-explica. “Desde correr hasta caminar por la cuerda floja, y pasando por la alimentación, no lo hago tanto porque me guste sino porque me ayuda a mejorar mi nivel en bloque”.


Los onsen

En Japón existe una combinación de escalada con spa de baños termales. Los onsen son la manera perfecta de coronar el día y siempre hay alguno en el camino de regreso. Inclusive refugios como el que hay en Ogawayama, el Yosemite japonés ubicado en la prefectura de Nagano, cuentan con este servicio.

Ogawayama es el sitio de la escalada en roca mas importante en Japón, y también ofrece extensas zonas de búlder. Allí peregrinamos en otoño, cuando las frías y secas mañanas provocan que la fricción de los bloques de granito sea de la mejor calidad. No es casual que superatletas como Chris Sharma o Yuji Hirayama hayan visitado este paraje, abriendo populares problemas que muchos intentan repetir.

Terminamos de cenar en el campamento y me reúno en una fogata con mis amigos japoneses. El sake fluye hasta altas horas de la noche, combinando su dulzura con el cansancio físico. Me dejo ir en la visión hipnótica del fuego y el ruido de las maderas al quemarse. Cuando levanto la cabeza, el horizonte frente a mí se define por las escarpadas montañas de Nagano.