Crédito: antitezo (the future is unwritten)

Hay chilenismos navideños que se han convertido en «instituciones»: tradiciones y cosas que se hacen, que parece que siempre se hubieran hecho así, de las cuales uno siente que no puede escapar cuál trámite en una burocracia… Eso sí, hay algunas que se disfrutan o con las que uno puede ponerse creativo.

 

1. El amigo secreto en la oficina.

Los freelancers lo añoran y a quienes les toca alegan. Qué regalar, de qué monto, qué regala el de al lado… puede complicar las buenas intenciones de una institución en la que la mayoría termina participando aún cuando no exista mayor interés, más cuando se trata de obsequiarle algo a ese compañero que apenas ubicas o no pasas mucho. Además, de secreto tiene poco, todos terminan sabiendo a quién le tocó quién, si es que no te enteraste apenas sacaron papelito.

Quizás una colecta para alguna causa común podría ser más innovador que sólo tratar de regalar algo distinto al año anterior

 

2. El aguinaldo navideño.

Todos lo queremos pero al momento de dar nos complicamos… ¿personalizados o comprados en serie? Profesores, jardineros, conserjes: buscamos mimar a quienes nos prestan servicios durante el año.

Aunque se prefiere el dinero extra, en algunas empresas el aguinaldo sigue consistiendo en canastas familiares con productos comestibles. Ojo que el verano y las eventuales vacaciones recién comienzan y algunos chilenos pueden volver a endeudarse con tal de viajar o salir de su ciudad. Quizás no sea tan malo revisar las notas de prensa sobre cómo evitar endeudarse o chequear si efectivamente contará con ese aguinaldo que da por sentado.

 

3. Regalos, regalos, regalos.

Compras a última hora y a pleno sol, como si el mundo se fuera a acabar. A diferencia de los adornos navideños, exhibidos y vendidos con bastante antelación al momento de decorar la mayoría de los espacios, con los regalos parecemos no aprender, dejándolos para el final. Tanto así, que regularon el horario de funcionamiento del comercio. No era raro que el mismo 24 en la noche los locales estuvieran a punto de explotar. Ahora es un poco lo mismo, pero en la fecha que se establece como tope.

 

4. Las comilonas que exceden a los días festivos.

La comida de las navidades, empieza desde mucho antes. Galletas y panes de pascua se incorporan a las onces, y los cola de monos vuelan en las reuniones de fin de año, que también suelen dejarse para última hora, ante la idea de que se vaya el año y no nos hayamos juntado con tal y cual.

Para Navidad llega el famoso pavo. Entre tanto asado durante el año, donde el pavo brilló por su ausencia, resulta algo dificultoso llegar y prepararlo de catálogo.

A pesar de las recomendaciones para “celebrar comiendo (y tomando) saludable”, se juntan los kilos extras de la primavera y el famoso “18”, con los excesos de la noche buena. Y aún queda el Año Nuevo…

 

5. El matuteo.

La vecina que hace pan de pascua, el señor de las galletas, la amiga que vende a domicilio… la Navidad ofrece múltiples “pololitos” a quienes sepan aprovechar la ocasión. No evitan que el mall rebalse, pero… ese vender mano a mano se ve favorecido con cierta tendencia a preferir consumo local y a sacar cuentas alegres por estas fechas.

Los matuteos se encuentran a la vuelta de la esquina y seguro usted sabe de más de uno que durante el año le mostró sus productos o servicios. Igualmente, para estas épocas pequeños y medianos empresarios se intalan en múltiples ferias navideñas montadas especialmente.

 

6. La negociación por las fechas.

En Chile la navidad tiende a ser una reunión más familiar que la celebración del año nuevo, que suele pasarse entre amigos. Algunas parejas y familias “calan” las fechas con anterioridad, decidiendo con quien pasar el 24 en la noche o bien el almuerzo del 25 (cuando lo último que piensas es en comer). El chileno se muestra particularmente gregario en estas fechas y aunque el árbol de pascua tenga todo el protagonismo frente al pesebre, se impone una tendencia compasiva que podría extenderse al resto del año.

 

7. El disfraz incoherente con el clima del Viejo Pascuero.

Es perfectamente posible que un tío, amigo o abuelo se disfrace de pascuero para sorprender a algún menor. Ansiosos después de la cena, los niños suelen ir a dar una vuelta a la manzana para ver si encuentran al viejo pascuero para reclamarle regalos. Sin embargo, se la han pasado viendo al pobre viejo en las semanas previas. El personaje abunda, con un traje similar al modelo del Polo Norte a pesar del calor: los vemos en calles, en centros comerciales, galerías, supermercados y fiestas.

 

8. Las cosas “a media máquina”.

Si a estas alturas no se cansó al menos un poquito, súmele el hecho de que en un país como Chile la Navidad no sólo equivale al fin del calendario gregoriano, sino a cierre de año laboral, académico, escolar… La semana entre pascua y año nuevo suele ser un cúmulo de días de reposición donde las cosas funcionan “a media máquina”. Para la vida social, sin embargo, generalmente hay energías: esta semana es ideal para terminar de ver a todos los que no vio en estas fiestas o incluso en todo el año.