A diferencia de la costumbre europea, el Día de Muertos de México es una fecha para recordar, celebrar y recibir el espíritu de los seres queridos. Los altares están llenos de todo aquello que disfrutaban en vida: sus platillos favoritos, sus cigarros, su cerveza y su tequilita.

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El Cempasúchil es la flor por excelencia del Día de Muertos. Por su color amarillo, que evoca al sol, así como por su aroma dulce, se cree que esta flor –de cuatrocientos pétalos- sirve para indicar el camino de los espíritus hacia su casa.

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Todo altar de muertos debe llevar, por lo menos: Un retrato de la persona homenajeada, calaveras de dulce, pan, sal, flores, velas, calabaza en tacha, papel picado, agua y copal e incienso para purificar.

La fiesta se traslada al panteón, y allí se reúnen el picnic y la música, el alcohol y los amigos. Hay pocos lugares más limpios, coloridos y divertidos en el mundo que un panteón mexicano un 2 de noviembre, con todos los tipos de música que tu cerebro pueda captar, desde el nostálgico bolero al corrido divertido y socarrón.

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El Pan de muerto, conocido como hojaldra en Puebla, es un manjar de dioses. Las figuras en su parte superior son cuatro huesos y un cráneo que lo remata. A veces azucarado, a veces espolvoreado de ajonjolí, ¡no te lo debes perder!

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Visitar los mercados en días previos al Día de Muertos se convierte en una fiesta y en una explosión de color y de aromas a fruta y a flores.

Los campos de la región central de México, y específicamente en Puebla, se tiñen de amarillo y rojo por la siembra de Cempasúchil y de “Flor de Terciopelo” que decoran altares, así como las tumbas en los panteones.

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Esta celebración milenaria de los indígenas mesoamericanos coincide con las fechas de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos del culto católico, lo que hace de esta celebración una muestra indiscutible de mestizaje y sincretismo cultural y religioso.

Existen diversas maneras de nombrar y celebrar esta festividad. Destacan las celebraciones de Janitzio, en Michoacán; Mixquic, en la Ciudad de México; el denominado “Xantolo” en la región de la Huasteca y la de los exuberantes altares de Huaquechula, en Puebla.

Cementerio de Janitzio – Crédito: MaloMalverde

Debido a su larga importancia y tradición, la UNESCO ha inscrito esta celebración como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

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José Guadalupe Posada es el autor de uno de los personajes más entrañables de esta celebración: La Calavera garbancera, mejor conocida como “La Catrina” (así rebautizada luego por Diego Rivera). Garbancero era el nombre que se les daba a las personas de origen indígena que pretendían ser europeos, sin contar con que la muerte, al final del día, nos iguala a todos. ¡Feliz Día de Muertos!

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