Photo: Vitalii_Mamchuk/Shutterstock

10 de los parques nacionales europeos más bonitos que debes conocer

Europa
by Ana Bulnes 21 Oct 2019

Además de famosísimas ciudades como Roma o París, Europa tiene un patrimonio natural enorme y mucho menos conocido. Bosques, montañas y lagos que albergan una gran biodiversidad. En muchos casos, son zonas protegidas bajo la declaración de parque nacional. Estos son diez de los más bonitos.

1. Parque nacional de los Lagos de Plitvice (Croacia)

Parque Natural desde 1949 y reserva natural de la Unesco desde 1979, Plitvice son 30.000 hectáreas de naturaleza de las que un 75% están cubiertas de hayas. Los lagos que dan nombre al parque son 16 y sus nombres recogen las leyendas de los ahogados en ellos, pero el agua no se acaba ahí: encontrarás cascadas y pequeños arroyos. Es un lugar muy turístico, sobre todo en verano, pero si vas en temporada baja o entre semana y temprano, podrás disfrutar del parque a tus anchas. El espectáculo es en otoño impresionantemente bello.

2. Parque nacional da Peneda-Gerês (Portugal)

Situado en el norte de Portugal y haciendo frontera con Galicia (al cruzar la frontera nos encontramos con la zona gallega del Xerés o Xurés), es el primer parque nacional que fue declarado en el país luso, en 1971. ¿Sus méritos? Más de 70.000 hectáreas entre las que hay desde el único bosque de acebos portugués hasta robles, laureles y abedules, pueblos tradicionales y hermosos como Lindoso y ruinas bajo un embalse como la de Vilarinho das Furnas. Y mucha agua en forma de ríos y cascadas y embalses.

3. Parque Nacional de Sarek (Suecia)

Suecia fue el primer país europeo en declarar parques nacionales, y este es de los más antiguos: fue creado en 1909. Está en la Laponia sueca, al norte del país, y es naturaleza en su estado más virgen y puro. En sus 1.970 kilómetros cuadrados no tiene ni caminos trazados ni albergues: la única infraestructura que encontrarás son dos puentes y un teléfono de emergencia. Por todo esto, no se recomienda si no eres un experto senderista. El premio, eso sí, es grande: grandes valles, varias montañas de más de 2.000 msnm, unos 100 glaciares y una de las desembocaduras más bonitas de Europa, la del río Rapa.

4. Parque nacional Tatra (Eslovaquia y Polonia)

Aunque es más conocida la parte polaca, lo cierto es que los eslovacos (en el momento, checoslovacos) fueron los primeros en crear un parque nacional en su parte de los Tatra, en 1949. Cinco años después, los polacos crearon el suyo. Es el primer parque nacional transfronterizo. Entre sus paisajes de praderas, bosques y lagos alpinos, viven especies en peligro de extinción como el oso pardo europeo (“el rey de los Tatra”). Es zona de esquí, trekking y balnearios, para descansar el cuerpo después de un día de deporte.

5. Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido (España)

Declarado parque nacional en 1918, es el segundo más antiguo de España. Está en el Pirineo oscense y sus 15.608 hectáreas están en su totalidad en la comarca aragonesa del Sobrarbe. Su macizo central, el de las Tres Sorores, es el macizo calcáreo más alto de Europa. Su punto más alto es el Monte Perdido y uno de los valles glaciares que desciendel desde él es el de Ordesa. Los valles están cubiertos de hayas y abetos y, conforme se va ascendiendo, pinos negros. Rebecos, corzos, marmotas, urogallos, algunos osos pardos… mantén los ojos muy abiertos.

6. Delta del Danubio (Rumanía)

No es parque nacional propiamente dicho, pero sí reserva de la biosfera y patrimonio natural de la humanidad desde 1991. Esta impresionante desembocadura —en consonancia con lo impresionante del río más largo de Europa— está formada por tres ramales que acaban llevando su agua la mar Negro. Es uno de los humedales más grandes e importantes de Europa y, como todo humedal, es un lugar perfecto para ir a ver aves. Algunas de las que te encontrarás son pelícanos, cisnes, garzas o cormoranes enanos.

7. Parque nacional de Triglav (Eslovenia)

Escenario de uno de los frentes más cruentos de la I Guerra Mundial, el único parque nacional de Eslovenia fue creado en 1924. Muchos detalles en el parque recuerdan, rememoran o son restos de las batallas. En cuanto a la naturaleza, encontrarás bosques de hayas y alerces, lagos como el famosísimo y turístico lago Bled, manantiales kársticos… Es un lugar perfecto para los amantes de la montaña: con más de 400 montañas de más de 2.000 metros, no te quedarás sin lugares a los que trepar.

8. Parque nacional del Cilento y Valle de Diano (Italia)

La región de Campania tiene tanto atractivo turístico (la costa amalfitana, Pompeya, Nápoles…) que su parque nacional, creado en 1991, no es muy conocido. Sus 180.000 hectáreas son también patrimonio de la humanidad. Según la Unesco, «el Cilento es un destacado paisaje cultural. Los dramáticos grupos de santuarios y asentamientos a lo largo de sus tres cadenas montañosas de orientación este-oeste retratan vívidamente la evolución histórica de la zona: era una ruta principal no sólo para el comercio, sino también para la interacción cultural y política entre el período prehistórico y el medieval. El Cilento también era el límite entre las colonias griegas de la Magna Grecia y los pueblos indígenas etruscos y lucanos. Los restos de dos grandes ciudades de la Antrigüedad, Paestum y Velia, se encuentran aquí». Es zona de lobos, murciélagos y nutrias.

9. Parque nacional de Sipoonkorpi (Finlandia)

Es un parque nacional muy reciente, de 2011, pero imprescindible si vas a estar por la zona de Helsinki. Es una gran zona boscosa con muy poca intervención humana, muy popular entre los habitantes de la capital para ir a recoger bayas silvestres y setas. Los bosques son sobre todo de píneas y muchos de ellos tan antiguos que están casi en su estado original.

10. Parque nacional de Pirin (Bulgaria)


Establecido en 1962 y patrimonio de la Unesco desde 1977, este parque tiene más de 40.000 hectáreas. Es conocido principalmente por sus lagos glaciares (más de 70) y por ser un paraíso de las hierbas medicinales (182 especies). El resto de la flora también destaca por su variedad (1.300 especies). Los paisajes combinan altas cumbres nevadas con bosques de coníferas y lagos, muchos lagos, conocidos como los ojos de Bulgaria.

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