La gastronomía es una parte esencial de la muestra cultural de cualquier país, y Colombia no es la excepción. Su diversidad cultural se ve representada en los platos que comemos. A pesar de la variedad, para ser (o al menos parecer) un verdadero colombiano debemos mantener las tradiciones de nuestros platos, incluyendo la manera de comerlos. Así que el cometer los siguientes pecados requerirá una confesión y posiblemente un buen número de penitencias. Aunque como dicen por ahí… el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Un Ajiaco sin guascas.

Lo que hace tan única a esta sopa del centro de Colombia es esa hierbita que acá llamamos “guascas”, aunque su nombre científico suene un poco más complicado: Galinsoga parviflora. Fuera de Colombia no es fácil conseguirla en el comercio, aunque aparentemente crece de manera silvestre en muchos lugares. Para evitar envenenamientos o intoxicaciones casuales, lo mejor es comprarla en el supermercado. Hacer un verdadero ajiaco fuera del país es todo un reto y si realmente no quieres una simple sopa de papa, es mejor incluir en la receta esta hierbita tan especial.

Crédito: krossbow

No probar el chocolate o el agua de panela con el queso adentro…

Sí, los colombianos ponemos el queso dentro del chocolate y también de la aguapanela caliente para luego, con una cucharita, sacarlo y comérnoslo derretido. Nunca he entendido por qué resulta tan extraño para la mayoría de extranjeros, pero he visto sus caras… ¡y qué caras! Sin embargo, las expresiones no son el pecado: el verdadero pecado lo cometen cuando ni siquiera se atreven a probarlo. No saben de lo que se están perdiendo.

La lechona enlatada.

Con todo el respeto que merecen los emprendimientos que buscan expandir el mercado de nuestros platos típicos, y entendiendo que es una muy buena manera de llevarlos fuera del país, es un pecado comer lechona enlatada estando en Colombia. Si estás en otro lado, posiblemente será lo mejor que puedas conseguir…

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Teniendo la opción de elegir, nada reemplaza la tradicional lechona y su presentación con el cerdo sobre la bandeja, ni poder escoger su relleno mientras la están sirviendo, o experimentar el sonido y la textura del cuero tostado recién hecho en la boca.

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Decirle “dulce de leche” al Arequipe.

El Arequipe podrá prepararse igual que en países como Argentina, pero en Colombia no existe el dulce de leche. El arequipe hace parte de nuestra identidad y está en todas partes: acompaña las brevas, el queso, un vaso de leche, los brownies, las tortas. Es el ingrediente principal de dulces típicos como las obleas, el herpo y el roscón, es un sabor favorito en los helados y ni qué decir de comérselo solo. En mi opinión (de colombiana por supuesto) no sólo difieren en el nombre, también saben ligeramente diferente. El dulce de leche argentino es un poco menos espeso y más oscuro. Pero para dejarlo claro y como dice la campaña “It’s Colombia, not Columbia”: “es arequipe, no dulce de leche”.

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Comer empanadas o arepas con cubiertos.

Así como “el pollo y el marrano se comen con la mano”, las empanadas y las arepas también. Excepto la arepa de choclo -que tiene una textura más suave-, comer arepa o empanada con cubiertos es realmente un pecado. No hay nada como disfrutar de la grasita y del queso en nuestras manos. Así que por un rato tendrás que dejar a un lado la etiqueta y ensuciar un poco tus bonitos dedos.

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Un chicharrón ‘cauchudo’.

El chicharrón (tocino de cerdo frito) hace parte del ADN de los colombianos. Es protagonista de platos como la bandeja paisa, la fritanga y las marranitas vallunas (de plátano). Es usado en tantos platos y momentos del día, que hasta tenemos una mogolla chicharrona, es decir, un pan con pedacitos de chicharrón dentro.


Es cierto que toda la grasa que comemos con tanto chicharrón puede ser considerado un pecado, pero ningún pecado supera al chicharrón ‘cauchudo’ o ‘rejudo’. Si no está crujiente y tostado ni siquiera tiene derecho a llamarse chicharrón.

Crédito: jonathanhood

Comparar el arroz atollado con un risotto.

La innovación de la gastronomía gourmet y las descripciones y traducciones de las recetas colombianas pueden hacer parecer al arroz atollado colombiano como un risotto italiano. Pero créanme, nada tiene que ver una cosa con la otra. El atollado, típico del Valle del Cauca, es un arroz con una textura húmeda y pegajosa, un poco más de masa que de arroz suelto. Muy diferente a la consistencia acuosa y suelta del risotto italiano. Lo que hace único a este típico arroz con carnes a la colombiana es su consistencia, ni tan líquida, ni tan seca.

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Un canelazo sin aguardiente…

El canelazo, una bebida caliente típica en regiones montañosas y frías de Colombia, se prepara con agua de panela, canela y aguardiente (nuestro licor a base de anís). Tremendo pecado sería quitarle el toque secreto que también contribuye un poco a eso de calentarse: el aguardiente. Canelazo sin aguardiente no es canelazo. Si el licor no es lo tuyo, mejor tómate una aromática, un chocolate o una aguapanela con limón.

Tomar jugos de “cajita”.

Colombia es la tierra de las frutas.


En cada esquina, en cada casa, en cada restaurante, en los puestos callejeros, en donde pongas tu mirada se consigue algún jugo de fruta natural.

¿Qué peor pecado que tomar o pedir un jugo envasado y artificial cuando puedes tomarte uno mil veces mejor?

Tomar un mal café.

Si un colombiano pide un ‘tinto’ (café negro), espera uno de verdad. Y si de pecados del café hablamos, hay unos cuantos.

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El café instantáneo que sirven en algunos países es verdaderamente un pecado mortal para un colombiano. Eso de que den agua caliente y un café en bolsita para mezclar no tiene perdón ni penitencia que lo absuelva.
El café aguado es otro gran pecado. No es que esperemos un café súper cargado, pero para un café aguado y sin sabor como ese que sale de muchas máquinas instantáneas… mejor es tomarse un agüita caliente.
Un café ácido o demasiado amargo, un café con leche que sepa a leche y no a café, un café quemado, un café recalentado, entran también en la lista…

Crédito: Burst

Y aunque no somos expertos en el tema, ir a otro país y encontrar estos pecados que acabo de mencionar nos hace valorar más nuestros propios pecados cafeteros.

Crédito: Stokpic