La comida venezolana, que va mucho más allá de las arepas y las cachapas, se está haciendo famosa alrededor del mundo. A pesar de las variaciones que pueda haber entre las recetas usadas en una región y otra de Venezuela, hay cosas que simplemente NO se deben hacer… a menos que quieras ganarte un lugar en el inframundo.

1. Colocar mayonesa a tu Hallaca.

Este pecado se ha popularizado durante los últimos años por los jóvenes incrédulos y pecaminosos que no tienen temor a Dios. Una hallaca, independientemente de la región donde se prepare, está infinitamente bendecida y equilibrada en gustos, sabores y textura como para ser untada con el ungüento blanco del mal llamado mayonesa. Aquellos que profanan la pureza de nuestro plato típico navideño son merecedores de formar parte de la lista negra del niño Jesús para que nunca más vuelvan a recibir regalos en nochebuena.

2. Ponerle azúcar a las caraotas.

Las caraotas suelen ser nuestro santo plato típico de los lunes, que une a la familia y da la energía suficiente para arrancar la semana con buen pie. Cada familia tiene su oveja negra que corrompe la santidad de este plato con las impurezas del azúcar. ¡No hay familia que se salve! Siempre hay un miembro que lo hace y que a pesar de conocer su pecado, incita a los otros a comerla a su manera. Para estos individuos se recomienda un exorcismo con Quinchoncho con pellejo para que los libre del mal espíritu.

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3. ¡O agregar azúcar a la sopa de Mondongo!

La sopa de mondongo no es un plato popular entre los jóvenes. Sin embargo, el mal espíritu que corrompe a las caraotas encontró la manera de también llegar a este plato. Para estas personas que deciden invadir un sancocho de Mondongo en familia con su aura negra y malévola debe darse el “Mondongo con patas”, para que sea librado de semejante mal.

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4. Comer pizza “Hawaiana”.

Este es un pecado culinario que atraviesa fronteras, y que se extiende entre las nuevas generaciones. La pizza en Venezuela es preparada con un sinfín de gustos, que van desde la simple Mozzarella hasta la “4 estaciones”. ¿A quién se le ocurre agregar piña al santo sacramento heredado de los italianos? Debo admitir que yo mismo he tenido problemas en casa, ya que mi pecaminosa esposa ama comer su pizza con esta fruta de las tinieblas.

5. Hacer cocteles con Cocuy.

Esta bebida antigua que proviene del occidente venezolano ha crecido mucho en popularidad desde que se legalizó su comercio hace algunos años. Para nosotros, los del occidente (estados Falcón y Lara), nos fue enseñado por nuestros padres, abuelos y otros ancestros que el cocuy se toma puro, seco y “a lo macho”. Sin embargo al comenzarse a distribuir por otras regiones, especialmente en Caracas, ha sido profanado por los bartenders y otros pseudococteleros que lo mezclan con jugos, refrescos y otras sustancias malignas para “suavisar” su sabor. ¡Exigimos como herederos legítimos del Cocuy que nuestras tradiciones sean respetadas o una nueva ola de inquisición caerá sobre aquellos que profanan nuestra antigua bebida!

6. Que la empanada no sea acompañada por salsa de ajo.

Pensar en una empanada de cazón, carne mechada o queso sin salsa de ajo es como imaginar a un Jedi sin su sable de luz.
Un Jedi seguirá siendo un Jedi sin su sable de luz, al igual que una empanada sin la salsa de ajo, pero cuando están juntos… ¡la combinación es alucinante, equilibrada y capaz de destruir la oscuridad que se esconde tras los cimientos de las cadenas de comida rápida!

7. Rellenar cachapas con cualquier otra cosa que no sea queso de mano.

Quien haya dicho que el jamón, el queso mozzarella y otros tipos de elementos formaban parte del relleno de una cachapa sin duda es el mayor blasfemo de la comida venezolana. La cachapa, por costumbre y tradición, viene rellena del más delicioso queso de mano que se derrite al ser colocado dentro y que bendice al plato con su pureza blanca. Cualquier otro relleno es inaceptable y casi tan macabro como aquellos que compran las cachapas “precocidas” en los abastos.

8. Desconocer los pastelitos de Pizza.

A estas alturas de mi vida aún no he conocido al primer venezolano que no le gusten los pastelitos de pizza, la comida típica y popular de las cantinas escolares. A pesar de que en las escuelas se venden arepas, cachapas, empanadas, tequeños, entre otros, la fascinación de muchos son los pastelitos de pizza. Aún de adultos, cada vez que tenemos la oportunidad de probar alguno, nos traslada inmediatamente a aquella infancia donde corríamos a la cantina durante el recreo para comprarlos antes de que se terminaran.

9. No respetar al pan de jamón navideño con todos sus ingredientes

A pesar de ser un problema viejo, en nuestra época solíamos recibir la justa disciplina de nuestros padres y así aprendimos a degustar y disfrutar de todos los sabores del pan de jamón. Sin embargo, una nueva generación ha surgido con la negativa de comer el pan de jamón con todos sus elementos. A todos estos incrédulos e irrespetuosos de nuestras tradiciones les digo: si van a sacarle las pasas y las aceitunas al pan de jamón, para eso mejor se compran un “Cachito” y dejan a los demás disfrutar de este plato como se debe. También serán enviados a la lista negra del niño Jesús como castigo.

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10. Comer pabellón criollo con carne molida.

El pabellón criollo es el plato más emblemático de Venezuela después de la arepa. Consta de carne mechada, arroz, caraota y plátano frito.
Quienes sustituyen la carne mechada por carne molida o proteína de soya son sencillamente unos blasfemos que atentan con el sabor tradicional venezolano y que merecen el peor de los castigos culinarios de nuestro país: “a pan y agua”, como lo diría mi difunto abuelo.

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11. Hacer mal la arepa pelada.

La tradicional y milenaria arepa pelada (receta de 3500 años de antigüedad según Paredes y col., 2009) ha resurgido de las cenizas como un ave fénix. Sin embargo, la preparación no es para mortales cualquiera.

Aquella tradicional receta de nuestros ancestros había quedado en el olvido con la llegada de las harinas precocidas de maíz hace unas cuantas décadas atrás. Sin embargo, con la dificultad actual que se tiene para encontrar estas harinas precocidas, son muchos los que han tomado la alternativa de revivir la antigua preparación de nuestra arepa. Muchos que viven en la ciudad y que han intentado recrearla han terminado en completo desastre, con acidez y dolores de estómago. Esto se debe en que durante su preparación el maíz debe ser puesto a hervir en agua con unas pequeñas cantidades de cal y luego lavarse minuciosamente para que no queden restos de esta sustancia en la comida. Mi abuelo, por ejemplo, colocaba 5 cucharadas de cal en un balde de agua, esa era su medida. Si no se usan las cantidades exactas o su lavado no es correcto, la arepa pelada toma un color oscuro y un sabor amargo, y además irrita el estómago de quienes la comen así.

12. No degustar plátano frito regularmente…

Este ha sido un duro golpe y el pecado más grande de la mayoría de los venezolanos que emigran a países con climas templados. En Venezuela, es común que la guarnición de la mayoría de las comidas sea el plátano frito. Es un fruto fácil de conseguir, y que en comparación a otros alimentos sigue siendo económico, además de delicioso. En los países fuera del trópico, sin embargo, poco se consigue este fruto, y donde lo hay resulta bastante costoso como para comerlo todos los días. No comerlo es tanto un pecado como un gran castigo.

Crédito imagen de portada: luiscisneros

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