En un viaje por la Huasteca Potosina me adentré al pueblo de Xilitla. El motivo de mi visita fue porque había escuchado sobre las pozas de Edward James, ubicadas en el estado de San Luis Potosí, México. Y es que tras conocer la historia de este lugar, hubiera sido un error imperdonable no visitarlo.

Es un sitio para relajarse y olvidarse por completo de la ciudad. La naturaleza y la arquitectura le hacen justicia a este lugar que tiene una historia tan mágica que parece salida de un sueño.

Edward James, diseñador y propietario de este sitio, provenía de una familia europea millonaria que, al heredar una gran fortuna, se dedicó a financiar a grandes artistas del surrealismo de todo el mundo, como Dalí, Picasso y Stravinsky.

En 1944 llegó a México y recorrió cuanta ciudad pudo. Cuando llegó a Ciudad Guzmán, se llevó una sorpresa al encontrarse con orquídeas silvestres. Su curiosidad y fascinación por estas hermosas plantas lo llevaron hasta Xilitla, donde quedó maravillado con el paraíso natural que encontró.

Fue entonces que decidió comprar una propiedad de 40 hectáreas para construir su casa. Lejos de ser una casa, el proyecto se convirtió en un paraíso donde pasajes, esculturas, y escaleras se conectan en medio de la vegetación dando un toque único al lugar.

Plutarco Gastelum, originario de Xilitla y fiel sirviente, lo ayudó en la construcción del proyecto, que incluyó en un inicio cultivar orquídeas en la propiedad. Pero, para su mala suerte, una helada acabó con todas ellas. James se puso tan triste por lo que había pasado, que decidió construir una orquídea de concreto para que nunca más muriera. Esto detonó que, lo que en un principio comenzó como una casa, terminara siendo un palacio surrealista en medio de la selva tropical de la Huasteca Potosina.

A la entrada se pueden ver unas puertas de concreto a medio abrir, seguido de unas esculturas de piedra en forma de serpientes. Se dice que James era amante de los animales y trajo distintas especies, dejándolas en libertad dentro de la propiedad.

Más adelante, se abre un camino de piedras que atraviesa todo el lugar y te lleva a los recovecos y puntos más escondidos de la propiedad, como si se tratara de un laberinto del que nunca quieres salir.

Dentro de sus locuras, bautizó algunos sitios, como “El Templo de las Dos Columnas”, que representa al hombre y su paso por la niñez, la juventud y la vejez. “La casa de los Peristilos” es una estructura de 9 metros pensada como su vivienda, a la cual nunca llegó a ver terminada.

Conforme me adentré en el terreno, empecé a escuchar el sonido de un río, que me llevó hasta ese lugar donde el agua cristalina cae desde una pequeña cascada, dando justo a la poza donde se dice que James tomaba sus baños. Para mi suerte yo también podía utilizarla y conforme seguí el camino me encontré con más pozas y uno que otro clavadista.

Sus caprichos lo llevaron a gastarse gran parte de su fortuna y murió antes de ver su obra terminada. Cuando James murió dejó a Plutarco como heredero legítimo, quien abrió las puertas del lugar al público para que se pueda disfrutar de su magia y de su belleza. Hoy en día parece un escenario de película donde la fantasía superó la realidad.

Edward James definió su paraíso como “Una casa que tiene alas y en la noche canta”..