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1. Las apariencias engañan.

Ok, estás de vacaciones en esa isla paradisíaca, luciendo tu mejor bronceado, relajada sobre la arena y aparece él. Su cuerpo resalta sobre el turquesa del mar y hasta creés que el brillo del sol sobre su frente despoblada de cabello le queda bien. Si lo veías en la parada del 40 un domingo a la noche, te cruzabas de vereda. Pero el contexto embellece el cuadro y traiciona a la más fina percepción femenina. Al primer “jelouu” del gringo, se nos activa una hormona poco estudiada por la ciencia que nos deja vulnerables ante cualquier acento extranjero (Gracias a Disney y a sus amigos, creemos que el príncipe azul habla en Inglés).

 

2. Tarde o temprano, la aventura termina.

Sí, ese día llegará, habrá intercambio de teléfonos y beso de despedida. Dejalo ahí. Lo que pasó en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Lo que pasó en Colombia, se queda en Colombia. Y lo que pasó apenas bajaste del avión, es que le escribiste. ¡Pero qué modernos somos! Resulta que la vamos seguir en 4G.

 

3. Toda relación basada en un teléfono celular está condenada al fracaso.

Es sabido que los teléfonos celulares atentan contra cualquier pareja promedio: “Así que no tenías señal…”, “¿qué hacías conectado a las 2am?”, “poné una foto de perfil donde estemos juntos, gordo”. Y ni hablar de la cantidad de pornografía gratuita que ingresa a diario en los grupos de whatsapp. En los suyos, porque a vos sólo te llegan invitaciones a baby shower. Si a eso le sumamos que todo contacto entre ustedes dependerá de ese bello aparatito celular, ya sabemos el resultado: ahí estás, enviándole todo tu amor y tu erotismo con emoticones.

 

4. ¡Quedate en los emoticones!

No se te ocurra empezar con la historia del sexo virtual. ¡Ay qué divertida, qué osada! Me manda una fotito, le mando el videíto… Y ahora entendemos de dónde sale tanto contenido pornográfico que circula free tax por los grupos de whatsapp. Tarde, ya colaboramos al sistema. Bueno, pero que no se nos vea la cara en la foto, en la medida de lo posible. Este comportamiento, además de obsceno y arriesgado, se convierte en un chupete virtual que nos mantiene entretenidas mirando la pantalla. Para eso, descárgate Troya y te entretenés mirando a Brad Pitt luchando de pollerita.

 

5. La fantasía del reencuentro.

Y hablando de películas… Lentamente empezás a alimentar una quimera. Él mirando una fotografía tuya, la guarda en su bolsillo y en la siguiente escena está corriendo en el aeropuerto para abordar ese avión rumbo a la Argentina.
Primero, las fotos ya no se imprimen ni con un descuento de Groupon; es anticuado y antiecológico. Segundo, todos los días le llegan 25 notificaciones de Facebook de fotos en las que te hacés etiquetar para que él te vea, y no le provocan mayor reacción que un “me gusta”.

 

6. Vivís en Argentina, ¡en el culo del mundo!

Cualquier destino nos queda lejos, cualquier destino nos queda caro, cada vez más… Esto convierte nuestra hermosa relación 4G en una eterna expectativa de reencontrarnos que depende básicamente de: él. A menos que el gringo sea desempleado y heredero de una gran fortuna o tenga acumuladas por lo menos 50 mil millas aéreas, no te va a visitar. Así que largá el celular y buscate uno que respire cerca, porque al cabo de tanta lujuria textual, lo único que te van a clavar es el “Visto”.

 

7. ¿Y si el reencuentro fuera posible?

Convengamos que vos ya no estás bronceada y recuperaste los kilos perdidos con la diarrea del viajero que te agarró en Barranquilla. El estrés de la argentinidad al palo te volvió a marcar esas ojeras color “violeta reviente” que te acompañan en la temporada otoño-invierno. ¡Además, vivís en un monoambiente! El flaco viene del primer mundo. La cucha de su perro debería pagar más expensas que tu departamento de soltera.

 

8. ¿Y si el tipo resulta ser solo un boludo?

(No sería la primera vez que te pasa.) Lo quiero ver fuera de contexto. ¿Te seguirá pareciendo sexy cuando llegues del trabajo y lo encuentres rascándose los huevos en tu sillón? ¿Haciendo zapping a velocidad crucero o mirando culos en Tinelli? Cuando le tengas que tratar de explicar en Inglés para qué se usa la escobita del inodoro, algo que ni en castellano entendieron tus ex. ¡Cuando le tengas que explicar para qué usamos el bidet! Lo cultural también pesa y el exotismo se vuelve rutina.
Y si a pesar de todo esto, mirás al Yanqui in situ y te sigue pareciendo sexy el destello del sol en su frente despoblada de cabello… ¡Adelante mis valientes! Quién te dice que después de todo, Arjona no nos dedica una canción…