Crédito: Isengardt

Antes los vuelos te costaban un ojo de la cara. Ahora volar barato es lo normal.

Hasta finales de la década de 1990 tenías que ser más rico que el tío Gilito para dar la vuelta al mundo. Ahora se venden billetes que cuestan casi lo mismo que un trayecto corto en autobús. Eso sí, viajamos solo con equipaje de mano y sin poder mover las piernas…

 

Antes te estresabas cuando ibas a revelar las fotos. ¡Ahora solo necesitas un iPhone!

Un dedo en la lente, un destello de luz, una película dañada, un estúpido turista que se colaba en la foto para estropearla o ese ángulo horrible que marcaba la barriga… Estas eran las peores pesadillas de viaje que tenías antes de comprarte un teléfono inteligente y una cámara digital. Ahora eso ya no te pasa. Le das al botón de borrar y listo. En la siguiente ya saldrás mejor.

 

Antes te ponías nervioso haciendo autoestop. Ahora: ¿autoestop? No, mejor carsharing.

El autoestop ha muerto, aunque no el concepto de viajar en coche con un extraño. A pesar de que la idea de hacer autoestop ahora mismo te pone los pelos de punta, seguramente sí has considerado la idea de compartir coche y viajar con gente que no conoces. El carsharing se ha puesto muy de moda e incluso tienes la posibilidad de organizar el viaje en coche compartido con aplicaciones móviles como la de Bla Bla Car.

 

Antes no sabías qué esperar del hostel. Ahora reservas en línea.

Seguro que recuerdas algo típico de aquella época: la habitación que te ofreció aquel chico que conociste en la estación de tren resultó ser poco más que un cuchitril minúsculo con una cama y un lavabo. La mejor oferta de alojamiento de aquella simpática señora de la oficina de turismo era un Holiday Inn en las afueras. Nunca estabas seguro de qué ibas a encontrar antes de llegar a la propiedad y ni sabías siquiera si iba a haber disponibilidad.

Todo cambió hace una década con el auge de los cibercafés y páginas web de reservas como la de Hostelworld, que puedes usar desde tu ordenador o móvil para leer los comentarios de los clientes y reservar buenos hostels con antelación.

 

Antes dependías de la guía de viaje. Ahora buscas en Internet y te descargas un par de aplicaciones.

Organizar un viaje al sudeste asiático significaba pedir prestada una guía de tamaño enciclopédico y marcar las páginas que te interesaban. Luego te dabas cuenta que la mitad de las cosas que querías hacer ya no existían y la otra mitad costaba el doble. ¡Ah! Y los mapas no mostraban las calles pequeñas, sino solamente las principales. Pero ahora das gracias por tener Twitter, blogs de viajes, libros electrónicos, wifi gratis y Google Maps.

 

Antes tocaba mandar postales. Ahora con Facebook o Whatsapp puedes comunicarte con los tuyos de forma instantánea.

En los tiempos previos al correo electrónico, las madres querían saber que sus hijos mochileros estaban sanos y salvos, lo que significaba tener que llamar desde una cabina o enviarle una postal de cada país que visitabas. Solo te acordabas del tema de las postales en el último minuto, por lo que solías comprarlas en la estación de autobús justo antes de visitar el siguiente destino.

Por suerte (para tu mamá al menos), ahora se pueden seguir todos tus movimientos vía Facebook . ¿A que te encanta?

 

Antes tenías el dilema de qué meter en la maleta. Ahora, los dispositivos con múltiples funciones te ahorran espacio.

Ponerte de los nervios ante la falta de espacio en la maleta para llevar todo lo que querías. ¿Recuerdas? ¿Qué meter, el último libro de Juego de Tronos o más pastillas para la malaria? Menuda pregunta. Compra un Kindle y lleva todos tus libros favoritos para leer durante el viaje. No es por nada, pero las pastillas para la malaria te pueden salvar la vida.

Con un teléfono inteligente puedes llevarte toda la música, las fotos, los emails y tus páginas web favoritas. Nuestro consejo es que a partir de ahora vayas haciendo provisiones de cargadores, porque con tantos dispositivos…