Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

Existen islas paradisíacas donde sólo hay jungla y mar. De lejos se ven como promesas, capaces de curar cualquier tristeza, de facilitarnos unas vacaciones (románticas o de otro tipo) que serán por siempre recordadas.

Con mi novia trabajamos tres meses en un hotel en una de estas islas. Tres meses atendiendo a viajeros que buscaban vivir unos días de postal. Tres meses queriendo nosotros también, en nuestro tiempo libre, disfrutar de eso que tantas películas nos habían vendido. Tres meses aprendiendo que el paraíso cambia cuando se está en él.

Ahora voy a confiarte los pros y los contras. A ver si así y todo te animás a ir…

 

PRO

En la jungla todo pareciera estar vivo. Es algo intenso, vibrante, que te empapa de una energía primaria.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

CONTRA

En la jungla todo está efectivamente vivo.
Hay insectos, insectos y más insectos. Insectos que caen en tu copa antes de un brindis romántico. Insectos que te atacan cuando estás en el inodoro. Insectos que se posan en tu cara, en tu paciencia, en tu alma.
Hay también serpientes.
Y murciélagos que pasan volando tan cerca que pueden despeinarte.
Y monos que son muy simpáticos de lejos pero que a dos metros pueden atacarte.
Y ratas, muchas ratas.
Ah, sí. Y mosquitos, un tipo especialmente molesto de insecto. Miles. Millones. Más.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

 

PRO

Comida exótica que enriquece a tu paladar al mismo tiempo que amplía tu alma. Y todo el agua de coco que quieras tomar.

CONTRA

Diarrea. No muy terrible… pero sí recurrente entre los turistas.

 

PRO

El mar es cristalino.

CONTRA

El mar es cristalino. Cualquier boludo haciendo snorkel puede ver con perfecta definición cómo te rascás el culo.

El paraíso no se rige por el mismo almanaque que el resto del año. Ahí, el año tiene apenas una bisagra. De un lado, sol y sol y sol. Del otro lado, lluvia y lluvia y lluvia.
Simple.
Y, simple también, cada temporada tiene su pro y su contra.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

 

PRO TEMPORADA ALTA

La temporada alta es muy coqueta. No te va a tocar ni un solo día feo.

CONTRA TEMPORADA ALTA

Todo es más caro y está lleno de pelotudos sacándose fotos y gritando y tirando basura donde no corresponde.
También, sin lluvia en una isla paradisíaca escasea el agua fresca para bañarse. Y, si uno no tiene agua fresca, se vuelve desquiciadamente loco. Queda siempre aferrada a la piel una capa de sal de mar y de transpiración y es cuestión de tiempo hasta que estalle un sarpullido.

 

PRO TEMPORADA BAJA

Todo es más barato y tenés la isla entera para vos y tu personita especial. El diluvio sin fin a lo Forrest Gump podrá mantenerte lejos de disfrutar el mar pero, sin dudas, ver llover en la jungla es, al menos, romántico.

CONTRA TEMPORADA BAJA

Humedad y humedad y humedad. Todo huele a abuelo. La ropa nunca está seca. Nunca jamás. Es más, se llena de hongos. A todo le salen hongos. A todo. Y, por la humedad, un raspón mínimo puede tardar demasiado en cicatrizar, generando infecciones que, aunque las cures a diario, demoran semanas en sanar.

 

PRO

La civilización está lejos. Recién del otro lado del mar hay Internet y televisión y todas esas cosas que nos distraen de lo que es verdaderamente importante.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

CONTRA

La civilización está lejos. Recién del otro lado del mar hay agua fresca ilimitada y médicos y Google para ver qué hacer cuando las infecciones no se van.

 

PRO

Una cultura distinta. Un idioma distinto. Una comida distinta. Una música distinta.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

CONTRA

A tu alrededor van a haber turistas buscando hablar de su misma cultura, en su mismo idioma, pidiendo su misma comida y escuchando su misma música. Porque, para unos, ese es el atractivo de viajar miles de kilómetros: tener lo mismo que se tiene en casa pero con una playa linda de fondo.

 

PRO

Todo es barato.

CONTRA

Todo es barato. Eso incluye, pareciera, a las personas. Abundan hombres blancos, viejos y gordos con jóvenes prostitutas locales.

 

PRO

Atardeceres místicos.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

CONTRA

Personas sacándose una y otra y otra selfie con el atardecer místico de fondo.

Crédito: Cecilia López – SafariJirafas.

 

PRO

Estar en la postal paradisíaca que tanto tiempo vimos de lejos.

CONTRA

Estar en la postal paradisíaca que tanto tiempo vimos de lejos. Permitime elaborar a qué me refiero con este último pro y contra.

 

Después de tres meses trabajando en el paraíso, puedo asegurarte que hay momentos más alegres y otros más desesperantes. Pero hay algo que se mantiene constante: todo el tiempo estamos en la postal paradisíaca que tanto tiempo vimos de lejos.

Eso a algunos los defrauda.
En ese puñado de días libres que tienen en el año, después de atragantarse con trabajos que no quieren, después de pagar una fortuna en mil cuotas, todo debe ser absolutamente perfecto. Cada detalle de la vida debe ser photoshopeado para estar a la altura de esa postal. Y, si no lo está, se entregan al enojo y vomitan comentarios dañinos en TripAdvisor.

A otros, en cambio, de alguna manera la experiencia los enriquece. Se dan cuenta de que por más blanca que sea la arena, igual se les mete en el culo. Que a veces el peaje de una aventura es una diarrea. Que incluso en el paraíso hay mosquitos.

Una postal sólo se mantiene perfecta desde la distancia. Lo mismo pasa con un trabajo perfecto, un proyecto soñado o con la persona de la que nos enamoramos. Sólo cuando nos acercamos las cosas se vuelven reales, embarradas, alegres y desesperantes.

Lo cierto es que los pros y los contras no se pueden sumar y restar, dándonos un único resultado. Uno los tiene en cuenta, después se los pasa por el culo y finalmente va detrás de aquello que ama, más allá de las contras.

Así que, sabiendo los pros y los contras de unas vacaciones en una isla paradisíaca, ¿irías?