Nuestros antepasados olmecas diseñaron un instrumento para contar y calcular que era muy semejante a una “computadora manual”, con el que se podía sumar, restar, multiplicar y dividir.

Posteriormente, los mayas lo perfeccionaron y así llegó al conocimiento de los mexicas, quienes lo utilizaron para facilitar el intercambio comercial, entre otros usos.

 

 

A este sistema de operaciones matemáticas se le conoce, en náhuatl, como “nepohualtzintzin”. Al nepohualtzintzin se le compara con una “tablet” en el sentido de la gran cantidad de operaciones que se realizaban con éste.

El nepohualtzintzin es un conjunto de esferitas o “cuentas” alineadas en 13 hileras. En cada hilera hay siete cuentas, y en total tiene 91 cuentas. ¿Por qué 91?, porque 91 es la cuarta parte de 364, es decir, una estación del año. Además, porque dos veces 91 son 182, que es el ciclo del maíz.

 

 

El sistema de cuentas utilizado por los mexica era parecido a los ábacos orientales. Sin embargo, algunos hallazgos nos muestran que se usaban en forma de majestuosos brazaletes.

También se han encontrado representaciones de este sistema en el diseño de collares y grecas; así como en pirámides, observatorios astronómicos y esculturas monumentales.

El sistema matemático del nepohualtzintzin surgió de la necesidad de sobrevivencia de nuestros antepasados, quienes para cultivar la tierra tenían que contar los días, los fenómenos de la naturaleza y sus ciclos.

También observaron que cada 29 días y medio se ve la Luna de tamaño grande, y que después de cierto tiempo, hace calor, luego llueve y después hace frío, es decir, las estaciones del año. Así notaron que cada suceso de la naturaleza tiene un patrón matemático que puede ser calculado. Estas necesidades, aunadas al intercambio comercial, originaron el sistema del nepohualtzintzin.

 

 

*La presente lectura es una adaptación del texto: “¿Computadora prehispánica? El Nepohualtzintzin”, de María Elena Romero. Revista Chispa, No 66, Septiembre 1986.