Quizá hayas oído alguna vez que en Galicia llueve mucho. Es algo que les encanta destacar a los medios de comunicación, a toda persona del resto de España haya o no puesto un pie aquí y, a veces, hasta a los propios gallegos. Y, si bien no llueve tanto como en el imaginario popular, tenemos que admitir que nuestros paisajes verdes no salen de la nada.

Es decir: si vienes a Galicia y te pilla una semana de lluvia, no te quedes paralizado como si fuese un acontecimiento extraordinario para el que no te habías preparado.

Ponte tus mejores katiuskas o calzado impermeable, enfúndate en un buen chubasquero, decide si vas a llevar paraguas o no (depende del viento y de la calidad de dicho paraguas) y sal a la calle.

1. Visita museos

Plan turístico número uno para los días lluviosos: días de museo. Dependiendo de donde te pille el chaparrón, tendrás distintas opciones cerca. Lo más afortunado será si estás en A Coruña, donde hay un trío estrella de museos científicos, una opción genial si vas con niños (aunque como adulto también lo pasarás bien y aprenderás mucho): el Domus-Casa del Hombre, muy interactivo y dedicado al ser humano, la Casa de las Ciencias y el Aquarium Finisterrae. Además, tienes el Museo de Belas Artes da Coruña o la Casa-Museo de Emilia Pardo Bazán, a quien nunca dejaremos de reivindicar.

¿Estás en Santiago? Vete al CGAC para arte contemporáneo y luego, al lado, al Museo do Pobo Galego para una sesión más etnográfica sobre el lugar en el que estás. Consulta qué exposiciones hay en la Cidade da Cultura para decidir si quieres ir hasta allí y, si quieres algo diferente, el MUPEGA, Museo Pedagóxico de Galicia, es muy interesante y poco conocido.

En Pontevedra, el Museo de Pontevedra tiene un poco de todo —lo mejor para mí es la cámara de la Numancia, que recrea una cámara interior de una fragata del siglo XIX—; en Vigo el MARCO era de arte contemporáneo y ahora es un poco despropósito (pero tiene a veces exposiciones interesantes), pero tienes también el Museo do Mar (un poco alejado del centro, pero en un sitio muy bonito) o Salinae, un recorrido arqueológico por unas antiguas salinas romanas; en Lugo, vale la pena el museo provincial, situado en el convento de San Francisco, y la interesantísima Palloza Museo Casa do Sesto para un viaje al pasado; y en Ourense, el Centro de Interpretación de As Burgas para aprender sobre aguas termales y, como curiosidad, el Museo de la Cornamusa, sobre ¡gaitas!

Fuera de las ciudades también tienes mucho museo interesante en el que refugiarte: el Museo Massó en Bueu, situado en las naves industriales de una antigua conservera (Massó) y sobre la industria del salazón, conservas, el mar y hasta el pasado ballenero de la región por el siglo XIX; el Museo del Ferrocarril en Monforte de Lemos; el Museo Etnolóxico de Ribadavia; el Museo Galego do Xoguete en Allariz; la Casa Museo de Rosalía en Padrón… Estés donde estés, seguro que tienes un museo cerca.

2. Admira la piedra mojada

Si estás en Santiago, ármate de valor y callejea por la zona vieja y recuerda que si se dice que aquí la lluvia es arte es por algo. Pronto descubrirás que esas fotos de piedra mojada tienen una luz especial, que el aire huele a algo casi tan placentero como la tierra húmeda y que los soportales son un grandísimo invento.

¿No estás en Santiago? No pasa nada, será por piedra. La lluvia es arte en cualquier casco histórico gallego y, si vas bien preparado —con calzado a prueba de charcos, un chubasquero que te llegue hasta las rodillas y sin gafas (o con paraguas, pero si hay viento al final es más un estorbo que otra cosa)—, es un placer pasear por esas zonas peatonales, pararte a escuchar el sonido del agua en distintos rincones y sentir cómo el aire se limpia.

3. Vete al monte

No todo tiene que ser plan urbanita: en Galicia presumimos de paisajes verdes y verlos justo en ese momento en el que están recibiendo el ingrediente principal para ese color y frondosidad es también buena idea. ¿Senderismo bajo la lluvia? ¿Por qué no? Siempre teniendo en cuenta que sea una ruta segura (mejor dejar zonas en las que puedes resbalar y caer por un barranco para otro día y, si hay temporal y riesgo de árboles caídos, opta por otro plan), es un buen plan.

Rocío Bulnes, técnica de senderos de la Escuela Española de Alta Montaña y autora del blog de rutas de senderismo Gata con botas (y, sí, mi hermana), recomienda rutas con bosque, que «tienen su encanto cuando llueve» y en las que «hasta te mojas un poco menos si no llueve fuerte». ¿Un par de ejemplos? La fraga de Catasós, en Lalín, o las fragas do Eume.

4. Si hay temporal, vete a ver el mar

La costa en días de temporal ofrece siempre un espectáculo de esos que alimentaban los sueños de los artistas románticos. El mar embravecido rompiendo contra las rocas, olas enormes, esa sensación de que te lleva el viento… Una vez más, siempre pensando en tu seguridad: no seas el idiota que se lleva una ola por haberse acercado demasiado para hacer la foto.

Puedes hacerlo en cualquier punto de la costa, aunque es cierto que las playas y acantilados de las Costa da Morte ofrecen un espectáculo más salvaje.

5. Visita una villa marinera

Estos pueblecitos pesqueros son bonitos en cualquier ocasión y los días lluviosos no les restan encanto. Ver los barquitos amarrados en el muelle, brillantes por el agua, en un mar lleno de ondas plop plop plop que van creando las gotas de lluvia. ¿Sugerencias? Combarro, Muros, Cedeira, Corcubión…

6. Come

Estás en Galicia: comer forma parte de la experiencia. En días fríos y lluviosos no hay nada que haga tan feliz como una cunca de caldo. Si estás en un mes con erre, que es cuando dice la sabiduría popular que se come mejor marisco, entrégate a él sin reservas. Come un buen lacón con grelos, llénate de empanada, mánchate las manos de churrasco… Y no voy a ser yo quien recomiende darse a la bebida, pero si acompañas todo esto del viño da casa que te ofrezcan y lo rematas con un licor café o una crema de orujo después del postre, la humedad abandonará tus huesos.

7. ¡Termas!

Galicia es tierra de aguas termales y, si llueve, un planazo es sumergirse en agua, sí, pero calentita y que te dejará la piel suave como la de un bebé. Aunque apetece poco ponerse en bañador al aire libre cuando llueve (también hay mucha opción de balneario en interior), es solo un momento: en cuanto estás en el agua sensación de tener el cuerpo caliente mientras caen gotas de lluvia sobre tu cabeza es muy placentera.

Las más famosas son las de Ourense: A Chavasqueira, Outariz, Burga do Muíño, la fuente de O Tinteiro… Algunas son pozas de uso gratuito y otras pertenecen a complejos de pago que incluyen distintos circuitos. Pero si no estás por la zona hay muchos otros lugares de Galicia en los que encontrarás aguas termales y balnearios: Ribadavia (Ourense), Mondariz, Caldas de Reis (Pontevedra), Lugo, Carballo (A Coruña)…