Siglos atrás vivió aquí un pueblo de Otomíes con influencia Tolteca, sujeto a Teotihuacán y más tarde a los Tepanecas de Azcapozalco. Cuando este pueblo Otomí junto con los aztecas vencieron a los Tepanecas, el emperador Moctezuma I les concedió su independencia junto con el nombre del Tepotzotlán, “Lugar del Jorobado”.

Tepotzotlán fue, sin duda, uno de los centros educativos de mayor relevancia en la Nueva España. Actualmente su antiguo colegio alberga el impresionante Museo Nacional del Virreinato, que imprime a Tepotzotlán su especial atmósfera colonial y cultural.

Photo: Juan Carlos Piña

Anexo al colegio (hoy Museo Nacional del Virreinato), se levantó la impresionante Iglesia de San Francisco Javier, del más puro estilo barroco, concluida en 1682. Hoy en día esta iglesia, considerada una de las cinco más bellas de todo México (junto con Santa Prisca en Taxco, Gro., La Valenciana, en Guanajuato, Gto., La Conchita, en Puebla, Pue., y Santo Domingo en Oaxaca, Oax.). Está cerrada al culto, pero sí abierta al público para ser admirada. Es escenario de conciertos, obras de teatro y exposiciones. De esta obra, concluida en 1762, se dice, con justificada razón, que es “un poema labrado en piedra, madera y oro”.

Photo: Juan Carlos Piña

En el conjunto religioso de Tepotzotlán, en el Estado de México, confluyen dos épocas: la del siglo XVII, con su iglesia, el colegio y algunas pinturas, y la del siglo XVIII con la notable fachada, excelentes retablos, su hermoso Camarín de la Virgen y una gran cantidad de pinturas renacentistas.

Photo: Juan Carlos Piña

En el interior nos encontramos con un magnífico restaurante, llamado Hostería del Convento. En su patio se llevan a cabo las tradicionales Pastorelas de Tepotzotlán, las de mayor fama en todo México, en las que se representa el recorrido de la Virgen María y del señor San José la noche de Navidad, solicitando albergue. Es una combinación de teatro, vestuarios indígenas, antojitos mexicanos y la alegría de la banda de música, del mariachi, del canto popular y de los fuegos artificiales. Es una tradición mexicana única en su género.

Photo: Juan Carlos Piña

Afuera, alrededor del Museo Nacional del Virreinato y de la Iglesia de San Francisco Javier, nos encontramos una muy pintoresca plazoleta, enmarcada en un ambiente colonial bastante agradable y con gran animación: una enorme cantidad de puestos de comida, dulces, artesanías y mil cosas más, una multitud de turistas nacionales y extranjeros, gran cantidad de restaurantes de comida típica e internacional, muchos de ellos con magnífico servicio. Y además, con pobladores sencillos, amables y siempre dispuestos a dar todo tipo de información al turista.

A 30 minutos del centro de Tepotzotlán (29 kilómetros), se localiza un bello lugar que bien vale la pena conocer: se trata de “Arcos del Sitio”, ubicado entre frescas montañas, dentro del Área Protegida de la Sierra de Tepotzotlán. Allí fue construido entre los siglos XVII y XVIII el impresionante “Acueducto de Xalpa”, constituido en tres niveles y con 61 metros de alto (el doble del acueducto de Segovia, España y un metro más alto que la Pirámide del Sol en Teotihuacán). Este acueducto cuenta con 56 arcos romanos en nivel y 438 metros de largo, por lo que está considerado como el más largo de Latinoamérica y se cree que quizás sea el más alto en todo el mundo. Fue construido por jesuitas para llevar agua del Río Oro al Colegio de Tepotzotlán. Actualmente forma parte de un proyecto gubernamental ecoturístico y de educación ambiental, que procura la creación de fuentes de trabajo para los campesinos de la zona.

Photo: Juan Carlos Piña