El terremoto que ocurrió en México el pasado 19 de septiembre hizo que salieron a la luz miedos profundos que ni sabíamos que existían. Aunque estemos “bien”, porque la tragedia natural no nos afectó directamente, algunos nos hemos quedado como congelados en el miedo. Estos son mis consejos para que puedas atravesar de a poco los temores y volver a disfrutar de una vida plena.

Reconoce

Como primer paso, hay que aceptar que tenemos miedo. Esto nos va a ayudar a conocer a qué le tenemos miedo exactamente (a perder a un familiar, a perder la vivienda o, simplemente, a morir). Identificar la razón del miedo hace que sea mucho más fácil sanarlo.

Exprésalo

Puedes platicárselo a alguien de tu confianza, puedes buscar ayuda profesional o puedes, simplemente, escribir todo lo que sientes en una carta sin un destinatario preciso. No midas tus palabras, escribe todo lo que salga de tu corazón, deja que corran las lágrimas si es necesario, acepta el abrazo de quien te escucha. Es muy importante que puedas desahogarte y dejar salir tus emociones. Te vas a sentir mucho más liviana y fuerte una vez que lo hayas hecho.

Sé positivo

Aunque una catástrofe tiene pérdidas, trata de ver el aprendizaje de esa situación. Evita contaminar tu mente viendo o escuchando noticias negativas que pueden acrecentar ese miedo. Elige cuidadosamente cómo te relacionas con la realidad. ¿Realmente es necesario que tengas la tele prendida a toda hora?

Ayuda

Otra manera de canalizar ese miedo de una manera positiva es ayudando al prójimo. Si tienes la oportunidad de ser voluntario o de donar algo, tu tiempo, tu dinero, un buen deseo o un pensamiento positivo, te vas a sentir mucho mejor. Vas a dejar de ser tu centro de atención por un rato y, al ayudar al otro, te estarás ayudando a ti también.

Vive el presente

Busca una actividad que siga orientando tu energía en algo benéfico (Reiki, yoga o meditación). Estas técnicas te van a ayudar a mantener la atención plena en tus miedos y a comprender de una mejor manera los acontecimientos que te toca vivir.
Por último, recuerda siempre ser agradecido por lo que ya tienes: la posibilidad de respirar, de disponer de una nueva oportunidad cada día al levantarte y de aprender de todas las experiencias que vives. ¡Fuerza!