Tierra de leyendas y misterio, de guerreros y héroes, de tradición y de belleza natural, Coclé es una provincia ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de Panamá cuyos tesoros merece la pena conocer:

1. El sombrero pintao

La Pintada, distrito de la provincia de Coclé, es la cuna del sombrero pintao, una pieza considerada originalmente de uso casual para campesinos, que se ha revalorizado con el paso de los años hasta tornarse en un accesorio que todos quieren lucir. Esta popularidad lo llevó a convertirse en la primera tradición o conocimiento popular de Panamá en ser incluida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad de la UNESCO.

Hecho a partir de fibras de plantas como bellota, chonta, junco y pita, la creación de esta joya artesanal es íntegramente manual, lo que aumenta su valor y calidad. La confección de un sombrero pintao puede tardar días, semanas o incluso meses y su festival, celebrado en el mes de octubre, es una ocasión invaluable para conocer de cerca a sus artesanos, su esencia y su proceso de creación.

2. El coraje de Victoriano Lorenzo

Victoriano Lorenzo fue un caudillo y héroe nacional de Panamá que con astucia e inteligencia luchó toda su vida por los derechos y libertades de los indígenas.

En su primera etapa se desempeñó en diversos cargos públicos, pero luego la guerra y las injusticias lo llevaron a convertirse en guerrillero y verdadero líder popular, lo cual le granjeó muchos enemigos importantes, quienes con artimañas lograron condenarlo a muerte, ejecutándolo en la Plaza de Chiriquí, hoy conocida como Plaza de Francia.

El legado del cholo Victoriano Lorenzo se conserva hoy, especialmente en el temple de los coclesanos, de cuyos campos era oriundo.

3. Aguadulce, tierra de azúcar y de sal

La extracción de la sal del agua de mar es una de las actividades más antiguas de esta región, que aún se realiza de forma tradicional con la ayuda de la evaporación del agua gracias a la ayuda del sol y el viento. Entre enero y abril se pueden visitar las salinas y ver cómo se recogen a la antigua usanza toneladas de sal que más tarde alimentarán a todo el país. Y como esta es una tierra de contrastes, así como se produce sal, el azúcar es otro de los productos más importantes de Aguadulce. De hecho, cada año, alrededor de la fecha del final de la zafra, se celebra el Festival de la caña de azúcar, el guarapo y sus derivados, festividad que rinde tributo a la gente de la campiña que trabaja en los cañaverales.
*zafra: cosecha de la caña.

4. Los cucuá de San Miguel

La danza de los diablicos cucuá es una tradición del pueblo de San Miguel que forma parte del patrimonio cultural inmaterial de Panamá. El vestido cucuá consta de una camisa, pantalón, bastón y máscara y su confección es un proceso laborioso que inicia desde que se busca el árbol del mismo nombre. Primero hay que sacar la corteza y golpearla para suavizarla, hay que cocinarla y dejarla secar al sol, luego hay que cortar, tallar, coser y pintar usando siempre tintes naturales. Es un proceso arduo que puede tardar más de un mes para realizarse por lo que todo el grupo de artesanos trabaja a la vez. Su festival, celebrado en el mes de marzo, es la mejor oportunidad de ver de cerca la danza y vestimenta de los diablicos cucuá.

5. La leyenda de la india dormida

Cuenta la leyenda que Flor del Aire, hija del cacique Urracá, el más aguerrido de los que lucharon contra los conquistadores, para su desgracia se enamoró de uno de los españoles que sometían a su pueblo, rechazando así el amor de Yaraví, el más valiente de los jóvenes de su tribu. Yaraví, en su desesperación, decidió suicidarse lanzándose por una montaña, ante los ojos abatidos de Flor del Aire, quien decidió no ver más nunca a su amor de cara pálida y emprendió un camino sin destino por montañas y valles, hasta que falleció sobre las playas que baña el Mar Caribe de cara a sus tan amadas montañas. Los montes se compadecieron de su tristeza y de su historia de amor y decidieron copiar su figura y reproducirla en sus cimas, naciendo así la silueta de La India Dormida, que tanto admira a todos los visitantes del valle de Antón.

6. La historia de Zaratí

La leyenda de Flor del Aire no es la única historia de amor que recorre los campos coclesanos. También está aquella de Zara, hija del poderoso Nomé, que se enamoró profundamente de Chigoré, bravo guerrero y cazador excepcional.

Por las tardes Zara bajaba al río junto a sus doncellas y allí se encontraba con Chigoré para dar largos paseos en balsas y jurarse amor eterno. Una de esas tardes, Chigoré le prometió que iría a casa de su padre a pedir su mano. Mientras Zara se acercaba a su villa bañada en felicidad, vio cómo su aldea ardía y monstruos con partes de metal ultrajaban y golpeaban a las doncellas. Anticipando el mismo sino para ella, decidió correr selva adentro y al llegar a lo alto de un cañón a la parte más alta del río, se lanzó al vacío para morir con su dignidad intacta y su amor por Chigoré, puro.

Se cuenta que más tarde, en ese mismo sitio donde “penó Nomé”, nació un caserío que sería bautizado como Penonomé y que al río que lo baña se lo llamó Zaratí, que significa, el río de Zara.

7. El milagroso Cristo de Esquipulas de Antón

La llegada del Cristo de Esquipulas a Antón está cubierta por un halo de misterio, unos dicen que, ante la necesidad de encontrar una imagen para la ermita de Antón, al lugar llegó un hombre misterioso que se ofreció a tallar una. Se dice que trabajó a puerta cerrada durante días y que al dejar de escuchar ruidos los moradores decidieron entrar y se encontraron con toda la comida que le habían llevado intacta, con la hermosa talla que hoy reside en Antón, pero ni rastros del hombre. Otros cuentan que la talla llegó por mar tras el naufragio de un barco; que estaba dentro de una caja con una inscripción que decía Cristo de Esquipulas, y que unos pescadores la encontraron y la llevaron al pueblo.

Leyendas aparte, lo cierto es que el Cristo de Esquipulas es venerado no solo por moradores, sino por gente de todo el país e incluso por extranjeros quienes asisten cada año a sus festividades y dan fe de los milagros que les ha concedido.

8. La angostura en Penonomé

Este cañón, creado por las aguas del río Zaratí, es una maravilla natural con paredes de roca sólida que se elevan por encima de los 100 m de altura, y donde llaman la atención las enormes piedras de diferentes formas y colores colocadas una sobre la otra.

Según los geólogos, el cañón de la Angostura se formó unos 5000 años atrás, cuando las erupciones del volcán Guacamaya obligaron al río Zaratí a abrirse un paso entre las rocas volcánicas.

9. El Parque Arqueológico El Caño

Muy cerca de la comunidad de El Caño se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Panamá, un lugar de ceremonia y entierro de la época precolombina llamado Parque Arqueológico El Caño. Comprende apenas unas 8 hectáreas, pero es un sitio imprescindible para conocer la historia de la provincia de Coclé y el estilo de vida y costumbres de sus primeros habitantes.

10. La Basílica Menor Santiago Apóstol en Natá de los Caballeros

Esta iglesia que tomó más de 100 años en construirse es considerada la obra arquitectónica cultural y religiosa de mayor importancia histórica que los españoles legaron en tierras panameñas y su construcción no está exenta de misterio. Se dice que de la basílica sale un túnel con cinco salidas diferentes que en tiempos de la conquista utilizaban los españoles para esconderse o defenderse de los indígenas. La primera salida está ubicada en la sacristía menor, la segunda en el campanario, la tercera en la capilla San Juan de Dios, la cuarta en la desaparecida iglesia de la Soledad y la quinta y última en el cerro San Cristóbal. Lo cierto es que se han encontrado indicios de este túnel y sus diversas ramificaciones, pero nadie ha logrado recorrerlo completo por su mal estado. Los moradores del área cuentan que el propio Victoriano Lorenzo utilizó este túnel durante la Guerra de los Mil Días para escapar del ejército colombiano.

11. Los Picachos de Olá

Olá es, después de Natá de los Caballeros, una de las poblaciones más antiguas que aún existen en nuestro país, y cuenta en su territorio con unos cerros, de forma singular y característicos del paisaje de la provincia de Coclé, conocidos como los picachos de Olá.

Estos cerros tienen una altura aproximada de 500 m y en la localidad se encuentran guías ávidos de mostrar las bellezas naturales de Olá que gustosamente acompañarán a todos aquellos que los quieran explorar.

12. El topón de La Pintada

Esta una fiesta religiosa campesina que se celebra cada 25 de diciembre en La Pintada y tiene más de un siglo de estarse realizando. El topón consiste en el encuentro de dos imágenes: una virgencita sentada sobre una silla de madera adornada con flores del campo y una de el Niño Jesús, ambos ataviados con sombreros pintaos.

Por esta época una multitud de campesinos llegan a La Pintada dos o tres días antes de la Navidad, provenientes de distintos poblados y se dispersan por las casas y demás albergues que las familias del pueblo disponen para ellos. Allí cocinan y conviven hasta la llegada del topón.

13. El festival del Torito Guapo en Antón

Este festival, de curioso nombre, homenajea la figura del toro guapo, un armazón de madera, forrado en tela o cuero y adornado con una cabeza de res que tiene espejos en sus ojos, adornos en su cuerpo y un rabo de soga. A este peculiar personaje lo baila un hombre habilidoso que da saltos y hace ademán de embestir a las mujeres que danzan a su lado.

Además del toro guapo, al festival lo engalanan los tamboritos, las tunas, los diablos limpios de espejos de Antón, los parrampanes y la vaca encutarrá. Esta última tradición data de la época de la derogación de la esclavitud, cuando los cuatreros o ladrones de vacas ponían cutarras a estos animales para sustraerlos sin que sus dueños se diesen cuenta.