1. Aunque la isla es chilena… sentirás la vibra polinésica ni bien pongas un pie en el aeropuerto Mataveri.

Tan pronto te bajes del avión en esta isla en medio del Océano Pacífico, serás recibido con calidez y con collares de flores y conchitas. Mientras esperas tus maletas, seguramente escucharás la música típica Rapa Nui y puede que te sorprendan con algún baile típico. Lentamente tu mente se liberará del estrés de la ciudad y te dejarás llevar por el ritmo de vida lento y relajado de la isla, mientras sientes la brisa de aire tibio en tu cara.

 

2. No podrás creer lo que ven tus ojos cuando te cruces con el primer Moai.

Quizás hayas visto fotografías de estas gigantescas esculturas monolíticas, que pueden medir entre 4 y 10 metros y pesar hasta 85 toneladas. Pero cuando al caminar por la isla por fin te encuentres con ellos… ¡perderás el habla! Apenas podrás prestarle atención al guía que explica que “han sido talladas en roca volcánica en la cantera del volcán Rano Raraku”. Lo más probable es que te envuelva el misticismo que provocan estas imponentes figuras… y luego sientas una compulsión a tomarles mil fotografías para enviarle a tus amigos y familia.

Crédito: azwegers

 

3. Y cuando pase el shock, querrás saber más acerca de ellos…

Al darte cuenta de que hay más de 900 Moai repartidos por la isla y que muchos de ellos están dispuestos en los llamados Ahu (altares), te harás miles de preguntas. ¿Cómo fue que desde la cantera del volcán fueron llevados hasta los distintos puntos de la isla, considerando su peso? ¿Por qué están dispuestos mirando hacia la isla y no hacia el mar? ¿Cuál es su significado para el pueblo Rapanui? Encontrarás respuestas a tus preguntas en la cantera del volcán.

Además, los isleños te contarán su propia versión de lo ocurrido. Por ejemplo, a mi me contaron que a los Moai se les tallaban los rasgos de la cara y los tatuajes de su espalda LUEGO de ser colocados en sus altares, y que en una ceremonia precedida por el Rey de la isla se les hacía portadores del Mana, es decir, del poder de proteger a la isla.

Crédito: lightstars

 

4. Te sentirás afortunado de ver uno de los atardeceres más hermosos de tu vida y creerás que eres parte de una postal.

Caminando desde el centro de la isla hacia la costa un par de cuadras y luego bordeando la isla hacia la derecha, pasarás el cementerio y un poco más allá te encontrarás con el Ahu Tahai. Verás que muchísima gente se desplaza a este lugar a ver el atardecer y entenderás inmediatamente el por qué.

Aquí podrás sentarte en el pasto y ver uno de los mejores atardeceres de tu vida, sin exagerar. Sentirás un profundo agradecimiento de poder ver con tus propios ojos algo así. Lo mejor de todo es que… ¡es algo que puedes hacer gratis!

Crédito: Fran Norero

 

5. Si tienes la suerte de ir en el mes de febrero durante la Tapati

Podrás disfrutar de un variado programa de actividades que rescata ancestrales tradiciones, de 10 días de duración. Además, serás parte de la elección de una reina y un Aito o deportista destacado.

Algunas de estas actividades son competencias de caza submarina con lanza, competencias de cantos y bailes tradicionales, de takona o pintura corporal ancestral y el triatlón de atletas de la isla, que nada tiene que ver con el tradicional. Aquí los atletas pascuenses corren cargando 40 kilos de plátanos, nadan en balsas de totora y realizan canotaje. Todo esto en el cráter del Volcán Rano Raraku. Tremendo escenario, ¿no les parece?

Crédito: Carlos Oliver

 

6. ¡Y te verás tentado a bailar!

Aún si no logras que tu visita coincida con la Tapati, te vas a maravillar con el pueblo Rapa Nui y sus tradiciones. Durante todo el año puedes presenciar shows que incluyen tradiciones, comida y bailes típicos. Yo fui a uno de estos y fue una experiencia que recordaré de por vida.

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7. Probarás el mejor atún de tu vida.

O dicho de otro modo, probablemente nunca más podrás comer atún enlatado. Encontrarás empanadas de atún fresco y queso, que puede que se vuelvan parte fundamental de tu dieta en la isla, pues su precio es accesible (a diferencia de la mayoría de las cosas que puedes comprar allí).

Si tu presupuesto te lo permite, prueba también el ceviche de atún fresco y algunos dulces que preparan como un bizcocho con plátano llamado po’e, que sabe increíble.

Otro plato tradicional es el umu pae, especie de curanto típico de la isla que se cocina en un hoyo en la tierra con piedras calientes y que incluye pescado asado en hojas de plátano, entre otras cosas.

Preparación tradicional del umu pae. Crédito: Fran Norero

 

8. Notarás que con el español no alcanza y querrás aprender palabras del Rapa Nui.

Aunque el idioma Rapa Nui es complejo y tiene ciertas similitudes fonéticas con el Maorí Neocelandés, aprender algunas palabras nos permite acercarnos a la cultura Rapa Nui.

Los Rapa Nui son gente que ama sus tradiciones y se han preocupado de mantener su idioma hasta el día de hoy. Desde que llegues a la isla, te saludarán diciendo iorana, y este término te será útil para decir “hola” y “adiós”. Recuerda que saludar en el idioma nativo es siempre una muestra de educación y respeto.

Otras palabras que escucharás frecuentemente son “mauru-ur” para decir gracias y “pehe koe?” que sería el equivalente a “¿cómo estás?”.

 

9. Cuando creas que ya nada puede sorprenderte, escucharás la historia del Tangata Manu u Hombre pájaro en la aldea ceremonial de Orongo.

Se trata de una ceremonia de un mes de duración en total, anterior a la llegada de los misioneros católicos a la isla y posterior a la era de los Moai.

Cada jefe de tribu elegía un representante que, al empezar la primavera, bajaba el acantilado de Rano Kau y nadaba cerca de 2 kilómetros con ayuda de una balsa de juncos conocida como pora hasta llegar al motu o islote frente a la isla. Allí se refugiaba en una cueva a esperar que el primer Manutara (gaviotín pascuense) llegara a poner un huevo. Luego, debía rescatar el huevo y dar aviso a la tribu por medio de señas para devolverse en su pora y trepar de nuevo el acantilado, portando el huevo intacto de vuelta a la isla. Si el representante lo lograba, el jefe de su tribu se convertía en el nuevo Hombre Pájaro o Tangata Manu, lo cual le daba a toda la tribu mayor acceso a recursos durante el año de su nombramiento.

Mientras visites Orongo, podrás visitar las casas de piedra de la aldea -que están intactas- y observar con tus propios ojos lo escarpado del acantilado y lo lejos que están los motus. Es realmente impresionante.

El acantilado y los motus, desde la aldea ceremonial de Orongo. Crédito: davidberkowitz

 

10. Disfrutarás de una de las mejores playas del pacífico.

La playa Anakena se cuenta en el ranking de las mejores playas de Sudamérica y es fácil entender el por qué. Arenas coralinas y un mar calipso intenso de oleaje moderado, que permite disfrutarlo con tranquilidad, son algunos de sus atributos. Eso sin tener en cuenta que en ningún momento serán asediados por vendedores, como sucede en otras playas del continente.

Crédito: nanderson

 

11. Te sentirás como en una película.

Cuando visité la isla, sin planificarlo, tuve la suerte de estar justo en el momento en que dos culturas se encontraron. Los Maorí, desde Nueva Zelanda, habían navegado durante dos meses en un barco siguiendo las estrellas para encontrarse con el pueblo Rapa Nui. Toda la isla se convirtió en una fiesta y en la playa Anakena se les recibió con todo tipo de tradiciones. Los Pascuenses los recibieron con sus bailes tradicionales y los Maorí hicieron un tradicional Haka…

Todo esto con los Moai del Ahu Nau Nau de fondo. Me sentí en una película. A la vez las mujeres de la isla se esmeraron en cocinar pescado en hojas de plátano y postres típicos en la playa para todo aquel que quisiera comer y gratis, incluidos los viajeros que nos encontrábamos ahí.

Cosas impredecibles pueden suceder mientras estás ahí, tales como una boda en la playa o alguna fiesta familiar tradicional. La isla está llena de mística: déjate sorprender.  

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