A comienzos de 2016 tomé el tour al Salar de Uyuni saliendo desde San Pedro de Atacama (en Chile). El tour costó alrededor de 200 dólares (americanos) e incluía transporte, guía, todos los alojamientos y todas las comidas. Lo que no imaginé fue que esta experiencia me aportaría tanto más que lindos paisajes, alojamiento y comida. Aquí, una lista de experiencias que probablemente vivirás si decides hacer este viaje.

 

1. Sentirás incertidumbre.

Crédito: Fran Norero

Te preguntarás cosas como ¿me afectará el mal de altura? ¿Me llevaré bien con mis compañeros de viaje? ¿Cómo haré para convivir casi una semana en una 4×4 con otros 6 pasajeros de los que no sé nada? ¿Habré traído suficiente abrigo y comida?

En lo personal, escuché muchas historias antes de comenzar. En la misma frontera entre Chile y Bolivia, me crucé con un turista diciendo que no volvería jamás, que los baños eran un asco, que no pudo bañarse nunca, que no repetiría jamás la experiencia. Lo cierto es que a poco de empezar la aventura, todas las dudas se disiparon y la experiencia se volvió cada vez más alucinante.

 

2. Te desconectarás de tus “redes sociales” a la fuerza… para conectarte con la naturaleza.

No sólo no tendrás señal de Internet ni de teléfono. Puede que si no eres precavido tampoco puedas cargar tu cámara o tu móvil para tomar fotos. Entenderás que esto no es malo. Te obligará a agudizar tus sentidos para absorber todo con el mayor detalle en tu retina. Solo habrá tiempo para paisajes increíbles y para el cielo con sus estrellas incontables (gracias a la ausencia de contaminación lumínica). Querrás recordar por siempre la sensación del viento en la cara al recorrer esas lagunas que parecen sacadas de un cuento. Querrás nunca olvidar el sonido que hacen los flamencos, las llamas o una Chinchilla comiendo de camino al Salar de Uyuni.

Crédito: Fran Norero

 

3. Deberás replantear todas las etiquetas que usas para ti mismo y para las otras personas.

Al llegar a los refugios, compartirás el espacio con latinoamericanos, “gringos”, europeos, asiáticos… en un punto, dejarán de existir las nacionalidades y todos se sentirán hermanados. Disfrutarán escuchando las historias de cada uno. Probablemente no falte el que viene desde el extremo sur de la Patagonia, subiendo por el continente. Desplegarán mapas sobre las mesas mostrando sus países, lanzando líneas imaginarias de a dónde quieren llegar.

También, no voy a mentir, probarás tus propios límites y tu tolerancia. Con todo esto, lo más importante es que te darás cuenta de que eres mucho más que el lugar donde has nacido, aquello que estudiaste, lo que haces para vivir o lo que la sociedad dice de ti. Aprenderás mucho de otras personas… pero más aún de ti mismo.

Crédito: Fran Norero

 

4. Tus compañeros de viaje se convertirán en familia.

Sin siquiera planearlo de manera explícita, seguramente distintas personas ocuparán roles largamente conocidos. Estará el que se preocupe de la seguridad y el aventurero que hará reír a todos con sus locuras (trepando a cuanta roca encuentre). También habrá alguno que va preparado para todo, que en su mochila tiene hasta lo más insólito que puedan llegar a necesitar (versión viajera del bolso de madre), y quizás también haya un encargado del botiquín, por si acaso. Tendrás al de nacionalidad poco común… ese al que no le entienden nada, pero con quien lograrán comunicarse inventando nuevos dialectos o lenguaje de señas. Con suerte, además, estará el que canta y termine haciendo que formen un grupo musical improvisado con lo que sea que haya a la mano.

Crédito: Fran Norero

Esta familia se completará con quien sea su chofer/guía/cocinero/cargador de mochilas/ despertador personal/fotógrafo de perspectivas, todo en uno. Mi guía completó la escena de la 4×4 por el desierto con música andina, haciendo la experiencia aún más surrealista. Ten en cuenta que el guía es el único que sabe el camino, y el único que puede guiarse por allí sin GPS (sólo gracias a su experiencia)… así que no lo hagas enojar 😉

 

5. Disfrutarás de la comida como nunca antes, y deberás cuidarte de la cantidad… pero no por “hacer dieta”.

Después de caminar bastante, de estar expuestos a la altura, de sentir a veces calor, a veces frío, de subir y bajar rocas, tendrás mucho hambre y disfrutarás de la comida como si fuera el manjar más exquisito. Será comida sencilla, como de campamento (fideos, salchichas, pollo asado y puré de caja), pero te parecerá lo mejor que has probado. Además, claro, comprobarás que era más que suficiente y que no era necesario empacar más.

La última noche, ya de vuelta, probablemente comerán algo más típico del altiplano: una sopa con Quinoa. La Quinoa es un grano calificado como seudo-cereal y como súper alimento, y es el único capaz de crecer a esa altura y en esas condiciones climáticas. Muy rico, por cierto.

Los tour operadores se ocupan de que comas 3 a 4 veces al día. Aún cuando sientan un hambre voraz y quieran comer como si no hubiera mañana, piénsenlo dos veces. Comer mucho en altura y de noche puede provocar pesadillas. En mi grupo, una de las chicas despertó gritando en un idioma incomprensible, igual que en una película de terror, y casi nos mata a todos de un susto.

 

6. Aprenderás lo que es madrugar en serio.

Hasta para mí, que en la normalidad entro a trabajar a las 7 de la mañana, los horarios de la excursión eran intensos. Nivel “vamos saliendo a las 4 y media AM”. Madrugarás, y luego sabrás que vale la pena: todo por ver un amanecer en el Salar de Uyuni.

A la vez, dormirás más profundo que nunca, con el cansancio a cuestas y sin absolutamente ningún ruido ni de automóviles ni nada, en la total inmensidad de la nada.

 

7. Valorarás todo lo que das por sentado.

Cuando se te ocurra levantarte a las 2 am para ir al baño y choques con las camas de todos tus compañeros en absoluta oscuridad, y luego debas caminar por un pasillo desconocido hasta llegar, valorarás la luz eléctrica. Porque además, no querrás gastar la poca batería de tus aparatos móviles para alumbrarte el camino… y entonces volverás a apreciar el comfort de la electricidad.

También sucederá que el viento del desierto te llenará de tierra y tanto subir y bajar te hará sudar. Pero recién la segunda noche en el hostal de sal podrás ducharte… con una chica fuera de la puerta, que a los 5 minutos exactos te tocará la puerta para que finalices. Entonces… entonces, valorarás el agua.

Es muy probable que cuando estés viendo uno de los tantos paisajes increíbles, recuerdes a alguien que no está ahí contigo. Entonces tomarás conciencia de cuán especial son algunas personas para ti, y los valorarás aún más. Te sentirás profundamente afortunado o afortunada de estar vivo/a: estás advertido.

Crédito: Fran Norero

 

8. Verás los paisajes más increíbles que puedas imaginar.

Lagunas de colores que parecen imposibles: blancas, verdes y rojas, según la salinidad o la presencia de algunos químicos propios de los volcanes de la zona.

Crédito: Fran Norero

Animales que parecen mitológicos: flamencos, chinchillas, zorros y mas de 30 especies de aves.

Crédito: Fran Norero

Volcanes humeantes y cactus más viejos que tus abuelitos.

Isla del Pescado, por Fran Norero

Rocas de formas raras, a las que buscarles formas de animales, personas, plantas u otras cosas.

Árbol de piedra, por Fran Norero

Fenómenos geotérmicos como los Geysers “Sol de mañana”.

Crédito: Fran Norero

El desierto de Dalí, denominado así por recordar el surrealismo de sus pinturas. Es fácil imaginar los relojes derretidos de Dalí por todos lados.

Crédito: Fran Norero

¡Un misterioso cementerio de trenes!

Crédito: Fran Norero

Y por supuesto, ¡el salar más grande del mundo!

Si la suerte los acompaña, podrán ver el Salar de Uyuni con agua, convertido en un espejo del cielo. Esto ocurre en temporada de lluvias, entre enero y marzo, en el llamado “invierno boliviano”. Si no, de todas maneras tomarán increíbles fotos en la inmensidad del salar, fotos espectaculares en perspectiva.

 

9. Te maravillarás al ver todo lo que se puede hacer con la sal.

La segunda noche la pasarás en un hostal hecho de sal. Sus muros, el suelo, las mesas, las bancas donde te sentarás a comer, serán de sal. ¡Hasta las camas serán de sal con un colchón encima! Son un poco duras, pero díganme si no es una experiencia increíble… Más de una persona se animará a pasar la lengua por los muros para comprobar si es cierto que el hostal está realmente hecho de sal, sin salir defraudado.

El tercer día, al llegar al salar, también conocerás un Hotel-Museo de Sal. ¡Los detalles de su arquitectura son fascinantes!

Crédito: Fran Norero

 

10. Sentirás la calidez de Bolivia y de su gente.

Crédito: viajebolivia

Verás que son un pueblo tremendamente amable y que tienen una manera de hablar muy respetuosa. Es más, son prácticamente incapaces de decir malas palabras: en mi grupo, hicimos de todo para que nuestro guía nos dijera cómo se decían en Bolivia algunas malas palabras y fue imposible. También verás hermosas artesanías y conocerás a sus creadores: artesanas tejiendo en telares, con sus explosiones de colores alegres transformados en manteles, chalecos, sweaters con lana de alpaca, y recuerdos hechos de sal.

Crédito: Fran Norero

 

11. Y te plantearás qué es el comercio justo.

Crédito: alisonmartin1

Los precios del trabajo artesanal en el salar son bajos. Imagínate que puedes comprar un pulover de lana de alpaca a 10 dólares o incluso menos. Recuerdo ver a mujeres, que podrían ser mi abuela, trabajando los materiales con mucho esfuerzo, mientras sus pequeños nietos correteaban en los alrededores. Y recuerdo también que se me partía el corazón cuando algunos turistas regateaban y quería pagar menos…

Si tienes conciencia social, sabrás que el trabajo artesanal debe ser retribuido. A fin de cuentas, no se trata de piezas hechas en serie en gigantescas maquinarias, unas iguales a otras. Son trabajos hechos con la poderosa maquinaria del corazón, con el impagable valor de la imaginación. Comprar artesanías a los lugareños es una forma de contribuir al país y a las comunidades que les están permitiendo observar tan maravillosos paisajes.

 

12. Sabrás de nostalgia y a la vez querrás más.

Al terminar el viaje sentirás nostalgia: de separarse de esta familia que se formó (ya que cada miembro tomará un camino diferente), de los paisajes, de las conversaciones profundas, de vivir la vida intensamente.

Luego, de manera inevitable, como todo viajero, empezarás a pensar en tu próximo destino, en lo grande que es el mundo y lo tanto que te queda por recorrer. Haber visto el Salar de Uyuni con tus propios ojos reavivará las ganas de querer ver mucho más del mundo con tus propios ojos… Y lo bueno es que ahora tendrás amigos / familia por el mundo, que quizás te vuelva a acompañar en más aventuras.

Crédito: Fran Norero

 

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