El territorio michoacano fue habitado por los purépecha, una de las civilizaciones mesoamericanas más fascinantes del México prehispánico. Conoce la historia de este pueblo, que fue capaz de construir un imperio frente a los ojos perplejos de los aztecas.

 

La nación purépecha

Photo: Antonio MaloMalverde

Los purépecha tenían su capital en Tzintzuntzan y los vestigios que lo demuestran se encuentran en una zona arqueológica homónima a orillas del lago de Pátzcuaro. El imperio purépecha floreció partir del año 1300 d.C. y su decadencia comenzó en el 1530 d.C. poco después de la conquista española. Sus fronteras se extendían desde Michoacán hasta regiones cercanas de los actuales estados de Jalisco y Guanajuato.

El gobierno era encabezado por un cazonci, cuya función era similar a la de los tlatoanis mexicas. La expansión y fortalecimiento del imperio fue autoría de Tariácuari, uno de sus primeros cazonci. Su liderazgo logró unir a los pueblos asentados alrededor del lago de Pátzcuaro, creando una gran alianza que perduró incluso después de su muerte en 1350, a través de sus herederos.

 

El poder que intimidaba a los mexicas

 

Tal era el poder de los purépecha, que incluso el gran imperio mexica renunció a conquistarlos después de varios intentos. El dominio de los metales les daba a los purépecha una gran ventaja militar frente al asedio mexica. De hecho, fueron los mexicas quienes prefirieron establecer acuerdos comerciales con los purépecha tras el fracaso de sus campañas militares. También se atribuye a los mexicas el nombre de Michoacán, pues se dice que se referían a los purépecha como michuaques, cuyo significado es “habitantes de donde abundan los peces”.

 

¿Tarascos o purépecha?

 

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Un dato curioso es que aunque se les suele llamar indistintamente purépecha o tarascos a los habitantes originarios de Michoacán, existe una diferencia entre ambas palabras; purépecha significa vasallo, mientras que tarasco quiere decir ídolo, yerno o suegro. Esta diferenciación lleva a pensar que un purépecha era un ciudadano ordinario, mientras que tarasco era utilizado para llamar a los dirigentes o miembros de las clases altas.

 

Sus dioses, lengua y costumbres

 

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Aunque los purépecha tuvieron una religión politeísta al igual que otros pueblos mesoamericanos, no se han encontrado evidencias claras que los conecten culturalmente con civilizaciones de mayor influencia, como ocurre en el caso de los mexicas con los toltecas. Otro ejemplo de su aislamiento cultural es su lengua, la cual dista de la similitud que comparten entre sí otras lenguas mesoamericanas.

La cosmogonía purépecha planteaba la existencia de tres planos: el celeste, el terrenal y el de los muertos. El dios más importante y antiguo era Curicaueri o Padre del Sol, quien era acompañado por su esposa Cuerauáperi, madre de los dioses, asociada con la luna y la fertilidad de la tierra; mientras que el dios Apatzi dominaba el inframundo.

 

La sobrevivencia en tiempos de la conquista

En plena desesperación por el asedio español a Tenochtitlán, Zuanga —el penúltimo cazonci de los purépecha— negó la solicitud de ayuda que le hacía el tlatoani mexica Cuitláhuac. Poco tiempo después, Zuanga murió de viruela y su hijo Tangáxoan subió al poder. La situación no cambió, volviendo a negar la ayuda a los mexicas que ahora estaban al mando de Cuauhtémoc. Se sabe que mató a los emisarios del pueblo mexica y decidió pactar la paz con Hernán Cortés.

Esta fue la forma como los españoles entraron a tierras purépecha en 1522; sin embargo, después de 8 años de convivencia relativamente pacífica con los europeos, la paz fue quebrada por Nuño de Guzmán, un mercenario español famoso por su crueldad con los indígenas. Su ambición por las riquezas purépecha lo llevó a asesinar a Tangáxoan provocando la sublevación del pueblo.

La paz fue restaurada con la llegada de Vasco de Quiroga quien se caracterizó por su visión humanista a favor de los indígenas purépecha.

 

El legado cultural purépecha

 

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Las reminiscencias de la cultura purépecha sobreviven hoy en día a través de la conservación de su lengua y de muchas tradiciones que han enriquecido el folclor mexicano. Podemos citar ejemplos como la extraordinaria Danza de los Viejitos, la mística celebración del Día de Muertos en Janitzio, las finas artesanías de madera y los textiles michoacanos, los métodos tradicionales de pesca en el lago de Pátzcuaro con redes de alas de mariposa, y qué decir de su gastronomía, repleta de delicias que fueron tomadas como muestra para declarar a la cocina mexicana como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.