Crédito: martinak15

Al adolescente argentino no le parece genial nada.

Todo le parece alto. Alta fiesta, Alta piba (aunque sea petisa), Alta pilcha.

Y algo que le gusta no está bueno, simplemente.

Sino ¡Mortal, loco!

Al adolescente argentino no le parecés insoportable.

Para él, sos infumable.

Un adolescente argentino no se pasa de listo ni saca ventaja de una situación.

Es re gato.

Un adolescente argentino no se burla de vos ni es irónico.

Te re descansa.

Un adolescente argentino no tiene pereza.

Le da paja.

El adolescente argentino no está entusiasmado con algo.

Está a full.

El adolescente argentino no se compromete con vos.

Te re banca, de una.

Los adolescentes argentinos no tienen mucho hambre.

¡Tienen una lija tremenda!

El adolescente argentino no te pide que te enteres de algo.

Te dice: Sabelo.

Al adolescente argentino no le gusta mucho algo.

Le re copa.

El adolescente argentino no te dice que estás equivocado:

Te dice que la estás flasheando.

El adolescente argentino no te dice que sos su mejor amigo.

Te dice que sos su rancho.

Y el adolescente argentino no tiene casa

¡Tiene rancho!

El adolescente argentino no te dice que no tenés razón y él sí.

Te dice que te re cabió.

El adolescente argentino no se pone un lindo par de zapatillas.

Se pone altas llantas.

Para un adolescente argentino no estás desubicado.

Sino que estás mandando cualquiera.

Un adolescente argentino no se pasa de la raya.

Se zarpa.

El adolescente argentino no se calma.

Se rescata.

Para un adolescente argentino no estás mal de la cabeza.

Estás mal de la gorra.

Para un adolescente argentino alguien no intenta imponer la autoridad.

Se pone la gorra.

El adolescente argentino no hace las cosas rápidamente.

Las hace al toque.

El adolescente argentino no viaja en colectivo.

Va en bondi.

El adolescente no genera conflicto ni desorden.

Arma alto bardo o alto bondi.

El adolescente argentino no dice que llegó la policía.

Dice que cayó la yuta.

Y un adolescente argentino no te saluda con un “Hola, ¿cómo estás?”.

Sino con un “Hola, boludo, ¿qué contás?”. Claro que no se lo puede culpar por esto, ya que lo viene mamando desde su nacimiento, casi junto con el mate…