Hoy voy a contarles de mi visita a esta tierra bellísima y entreverada que se conoce con varios nombres, de acuerdo a quien la mencione: territorios ocupados, territorios en disputa, Cisjordania, West Bank… Yo la voy a llamar Palestina, porque así es como la llaman quienes la habitan.

Crédito: Lau B

Fui a Palestina desde Jerusalén y me resultó muy sencillo hacerlo por mi cuenta, en autobús y en taxi. No quiero abrumarlos con detalles, pero los invito a escribirme a laura@matadornetwork.com si sienten que los puedo ayudar a planificar su viaje. También me ofrezco a ponerlos en contacto con los guías con quienes recorrí Palestina: Ashraf y Osama.

Ahora sí, comparto las razones por las que me encantó ir a Palestina. Hay muchísimas más ¡y por eso no veo la hora de regresar!

 

Primero, y aunque no creo que unos días de viaje puedan darte material para escribir un ensayo, pienso que pasar un tiempo recorriendo Palestina e Israel, viendo ciertas cosas con tus propios ojos y hablando con la gente del lugar, va a ayudarte a desgranar la complicadísima situación de Medio Oriente. Personalmente, me llamó mucho la atención como tanto palestinos e israelíes estaban dispuestos a conversar de política, un tema que yo jamás saco y sobre el que, cuando surge, sólo me limito a hacer preguntas.

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En Belén visité el campo de refugiados Aida, creado en 1950. En la entrada se lee en inglés “No se vende”, y la enorme llave simboliza la esperanza de retorno a los hogares que los palestinos dejaron atrás en lo que hoy es Israel.

Crédito: Lau B

También estuve en el muro que separa Belén de Jerusalén, creado por Israel para prevenir el paso de terroristas a su territorio. Si bien es cierto que los ataques con hombres bomba han disminuído considerablemente, el muro sigue despertando reacciones negativas por parte de la comunidad internacional, como lo atestiguan los miles de graffiti dejados en el lado palestino.

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Aquí también se encuentran algunas de las obras más emblemáticas del muralista Bansky, como “Haz el amor, no la guerra” y la paloma de la paz con chaleco antibalas, ambos en Belén. Si eres super fan de Bansky, no dejes de visitar su hotel, The Walled Off Hotel, ubicado en el área C de los territorios palestinos, a la que tienen acceso israelíes y palestinos. ¡Está buenísimo!

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Lau B, por Javier García

En Palestina se encuentran sitios de suma importancia para tres de las religiones monoteístas más relevantes: el cristianismo, el judaísmo y el Islam. En Belén está la Basílica de la Natividad, templo erigido en el lugar donde, según indica la tradición, se habría producido el nacimiento de Jesús.

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Si se agachan y meten la mano a través de la estrella (algo que está permitido, no se preocupen), podrán tocar el suelo original de la gruta, un momento muy emocionante para los visitantes cristianos.

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También a orillas del estrecho Río Jordán, que marca el límite con Jordania, se encuentra el sitio donde Jesús habría sido bautizado por Juan el Bautista.

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El lugar es sagrado para miles de cristianos de todo el mundo, quienes llegan hasta aquí para renovar su fe a través de un nuevo bautismo, esta vez en las aguas del mismo río donde Jesús fue alcanzado por el Espíritu Santo. El ambiente es sobrecogedor, más allá de la fe que uno profese o de que no profese ninguna.

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A unas cuadras de la Basílica de la Natividad se encuentra la Gruta de la leche donde, según cuenta la leyenda, la Virgen María se encontraba amamantando al niño Jesús, cuando una gota de leche cayó sobre una roca negra, blanqueándola por completo en ese mismo instante. Desde hace siglos, parejas cristianas y musulmanas llegan hasta aquí para encomendarse a la Virgen en la concepción y la crianza de los hijos.

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La Tumba de los Patriarcas, en la ciudad de Hebrón, es el lugar en el que, según las tradiciones judía y musulmana, se encontrarían enterradas las parejas bíblicas de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca y Jacob y Lía (notita: la tumba de la matriarca Raquel se encuentra cerca de Belén). Es un lugar sagrado tanto para judíos como para musulmanes y, como casi todo en esta bella tierra, ha sido y sigue siendo motivo de varios conflictos entre Israel y Palestina.

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Hebrón es tal vez el lugar donde el conflicto entre israelíes y palestinos se hace más evidente para el viajero. El aire es hostil y opresivo y, ya sea que uno se encuentre en la parte palestina o en los asentamientos israelíes, la sensación que prima es la de estar en una cárcel, vigilado. Es una visita muy interesante que te recomiendo hacer, para que puedas evaluar con tus propios sentidos.

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Los hallazgos arqueológicos de Jericó demuestran que se edificó hace más de diez mil años, lo que la convierte en una de las ciudades más antiguas del planeta. Aquí se encuentra el Monte de la Tentación, en cuyas cuevas se cree que Jesús habría sido tentado por el demonio.

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En la cima del monte se encuentra el Monasterio de la Tentación, un templo de la fe ortodoxa griega.

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Si eres fan de los mercados, como yo, destina por lo menos un par de horas para pasear por el mercado de Belén, donde vas a poder encontrar de todo y más…

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Ahora sí, pasemos a lo importante: ¡la comida es exquisita! Como prueba comparto esta foto del sublime postre llamado knafeh, hecho a base masa filo, queso y pistachos, todo frito y bañado en almíbar… Lo recuerdo y me digo: “Laura, no llores porque se terminó, sonríe porque sucedió”.

Crédito: Lau B

El musakhan consiste en pollo super bien condimentado, servido sobre un colchón de cebollas caramelizadas y un pan planito (tipo pita pero enorme). ¡Riquísimo! Este lo comí en el Peace Center Restaurante.

Crédito: Lau B

Y no puedo dejar de mencionar el humus nuestro de cada día, la comida más popular en esta zona del mundo. En la gastronomía árabe el humus se come generalmente para el desayuno y se suele servir con carne picada o con porotos fava.

Crédito: Lau B

Me gustó mucho el bullicio de Ramallah, una ciudad más moderna y con una activa vida comercial, que ha crecido muy rápido en los últimos años. Ramallah es sede de la Autoridad Palestina y aquí se encuentra el monumento tumba del líder Yasser Arafat.

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Palestina es más barato que Israel y ni hace falta que diga que su débil economía necesita mucho de los shekels que trae el turismo. Además de la famosa y legendaria hospitalidad árabe, me llamó la atención la excelente preparación de los profesionales del turismo. En la foto, Osama, mi guía en Belén (a quien pueden contactar a través de osama.al.alli@gmail.com).

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Por último, pero no por ello menos importante, me encantó atravesar las montañas del Desierto de Judea iluminadas por el sol, donde aún se pueden ver tribus de beduinos con sus camellos (aunque, debido a los conflictos armados, hoy ya no puedan llevar un estilo de vida tan nómade). Volví enamorada de esta tierra, de la que aún me falta mucho por conocer. Creo que el mensaje de la ropa que llevo puesta en esta foto lo dice todo <3.  

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