Suena el timbre de tu casa y es alguna vecina o un familiar con un gallito.

Una de las cosas más agradables que tiene Costa Rica es el acto de compartir la comida. ¿Cómo definimos qué es un gallito? Puede ser un plato entero, puede ser una porción o incluso puede extenderse a una comida entera. Decimos “vení, cométe un gallito” y, al final, fue un almuerzo con plato principal, acompañamiento y refresco… Las razones para compartir este tipo de obsequio, son variadísimas, siendo la más frecuente el simple gusto de que los demás prueben nuestra cuchara y de compartir lo que se tiene.

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Las palabras “sí” y “no” adquieren un matiz ambiguo…

En Costa Rica un “sí” puede ser un “tal vez” y un “no” puede ser un “quizás”. Un “tal vez” puede ser un “no sé” y un “quizás” puede ser “no quiero, pero no sé cómo decirte que no”. A los ticos nos cuesta ser tajantes y claros. Adolecemos de una forma de diplomacia innecesaria para todo. Damos explicaciones y excusas que nadie pide, damos rodeos, o todo lo justificamos de manera que se evite herir la hipersensibilidad del prójimo, lo que lógicamente resulta en atrasos y malos entendidos.

Notas que por más que la dirección que le den a un tico sea absurda y completamente ininteligible, ¡siempre llega a su destino!

Si bien la mayoría de nuestras calles y avenidas están debidamente rotuladas con sus nombres y números, en Costa Rica seguimos conservando la costumbre de dar las direcciones de una manera complicadísima (me inclino a creer que viene de tiempos de la colonia, cuando los poblados eran pequeños). El caso es que, tanto en la ciudad como en zonas rurales, las direcciones son barrocamente detalladas, pero generalmente no mencionan ninguno de los puntos cardinales. Frases como “siga para abajo”, “váyase recto”, “coja para arriba” o una que me encanta: “Siga por ahí hasta topar con cerca”, convierten a nuestra manera de construir las direcciones en todo un laberinto verbal que casi siempre termina con la frase “Es facilísimo, no tiene como perderse”.

El noventa por ciento de los adjetivos y sustantivos se dicen en diminutivo.

Los ticos tenemos una compulsión a minimizarlo todo verbalmente, como una forma de expresar de cariño y también modestia. Esta costumbre a veces resulta muy empalagosa… “Diosito”, “viejita”, “trabajito”, “carrito”, “platita”, “birrita”, “amalito”, “la gordita” y “el flaquito”. ¿Quieres un cafecito?

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Cualquier motivo es bueno para ir a tomar unos traguitos… o ir a tomar guaro.

Bodas, partidos de fútbol, fines de semana, días de la semana… Póngale nombre y allí aparecerá la ocasión. El tico es muy hedonista en ciertos aspectos y el disfrute de las bebidas alcohólicas es uno de esos. Hay una canción folclórica clásica, “De la caña se hace el guaro”, en la que esta bebida sirve como vía de escape para olvidar a un amor que no fue. El guaro es un destilado a base de caña de azúcar, aunque por extensión se suele llamar guaro a casi todas las bebidas alcohólicas. Y así celebramos “hasta que amanezca el día”…

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El fútbol es más una forma de vida que un deporte.

Y quien no participa de esta afición es una especie de alienígena. Es que mi pueblo vive, sueña, come y habla de fútbol con una pasión desmedida. Desde el partido internacional más importante hasta una mejenga (juego improvisado por un grupo de amigos en el barrio), el fútbol es visto por el tico como un evento que une a sus seguidores, trascendiendo cualquier tipo de diferencia.

La lotería nacional es parte de los gastos semanales de los ticos.

Otra actividad que apasiona a mi gente es el juego de la lotería nacional. Varias veces por semana, pobres y ricos invierten buenas cantidades de dinero con la esperanza de “pegarle al gordo” (ganarse el premio mayor). No solo buscamos cambiar nuestra fortuna, sino que el juego nos divierte y nos emociona.

El pasajero sube al bus y le dice al chofer: “Ya le pago”.

No sé si sucederá también en otras partes del mundo, pero aquí en Costa Rica es una costumbre que solo nuestro relax endémico puede explicar: un pasajero que sube al autobús sin tener el dinero del pasaje listo en la mano y le dice al chofer “ya le pago”, para luego sentarse, acomodarse y al rato sí levantarse para pagar el importe.

La impuntualidad es vista como algo natural y hasta divertido.

“La hora tica” es algo tan arraigado en nuestra cultura como el “pura vida”… Llegamos horas tarde a cualquier actividad sin el menor asomo de vergüenza pero, eso sí, con una gran sonrisa: “¡Pura vida, mae!”.

El tránsito es un pandemónium.

Ya sea en carro, a pie o en cualquier tipo de transporte público, desplazarse por nuestras calles es un deporte extremo. La gente aquí maneja tan mal como camina por la calle: ignoramos los señalamientos, no nos fijamos por donde vamos, nos concentramos en el celular, cruzamos en donde nos da la gana y tocamos la bocina como si su sonido fuera a hacer desaparecer por arte de magia a los otros carros. En Costa Rica, algo tan cotidiano como desplazarse al trabajo se convierte en una aventura a lo Indiana Jones… ¡Aun así, mi país es lo máximo ¡Pura vida!

Crédito imagen de portada: Jakob Christensen.