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La fiesta comienza temprano.

Los mexicanos precopeamos antes de salir de fiesta. Precopear implica reunirse en alguna casa o en un bar pequeño para ponerse a tono antes de salir a enfrentar la noche. El precopeo tiene muchos beneficios: evitar el infierno de tráfico en el que la Ciudad de México se convierte todos los viernes en la tarde, procurar nuestro bolsillo (no conviene empezar de cero en un antro), y entablar relación con nuestros compañeros de reventón en un ambiente de decibeles moderados, donde la conversación es posible.

Aunque debo advertirles: faltarle el respeto a esta práctica implica la posibilidad de perderse el resto de la noche. Demasiado precopeo es una de las razones principales por las que la gente nunca llega a la fiesta, aunque tengan toda la intención de hacerlo.

 

Y no se acaba hasta que canta el gallo.

Después del precopeo, la noche puede pasar por diversas etapas: una fiesta o un bar, otra fiesta, un antro, tacos, el bar de Sanborn’s, un after, más tacos y una casa (esta no es necesariamente tu casa y no quiere decir que la fiesta haya terminado). No es una regla, pero definitivamente nos gusta andar de lugar en lugar en busca de la mejor opción para aprovechar las distintas etapas de la noche. En algún momento de la madrugada es recomendable tomarse un respiro y evaluar el ritmo de las cosas hasta ese momento (si tu noche no ha despegado para las dos de la mañana, probablemente nunca lo haga). Es hora de decidir si sigues de fiesta hasta que el cuerpo aguante o si ya tuviste suficiente y es momento de ir a hacer la meme en tu camita.

 

El fin de semana comienza el jueves.

No por nada le decimos juebebes o viernes chiquito. La incapacidad de levantarse para la primera clase del viernes y no regresar a la oficina después de la comida son las señales típicas de que te tomas estos motes demasiado en serio.

 

Salir de reven en la Ciudad no tiene por qué restringirse a los típicos bares y antros.

Una noche de juerga bien podría llevarte a un salón de baile con orquesta en vivo donde, al ritmo de la salsa y la cumbia, serás abordado por mujeres que ofrecen sus servicios como compañeras de baile, a cambio de unos tragos o una pequeña cuota (los salones de ficheras, como se les conoce a estas mujeres, son de las tradiciones más surrealistas de México). También podrías terminar en una trajinera en Xochimilco, intentando entender cómo una fiesta puede estar tan buena a la mitad de un lago. Hay opciones para los gustos más extraños y seguro hay una para ti.

 

De verdad... tenemos las opciones más extrañas.

¿Alguna vez han escuchado hablar de ese restaurante chino cerca de San Ángel que en la noche se transforma en un salón de baile clandestino? ¿Y ese bar escondido en medio de Polanco al que sólo puedes acceder a través del “refrigerador” de un restaurante? ¿Conocen esa pulquería en el Centro donde el activismo político es el sabor del día? ¿Han explorado los rincones más folclóricos de la Zona Rosa? ¿Les dice algo el nombre Patrick Miller? ¿Se han sumergido en el surrealismo de Garibaldi? Hay un lugar hecho a tu medida. ¿Qué esperas? ¡Sal a buscarlo!

 

Todo es mejor con un poco de baile.

Algunos de los mejores lugares para pasar una noche a toda madre en la Ciudad de México están ligados, de una u otra forma, al baile. Así que empieza a practicar tus mejores pasos frente al espejo y prepárate para tu próxima cita con la pista.

 

No todo en México es tequila.

Prueba alguna de nuestras otras bebidas nacionales: mezcal, pulque o charanda. También intenta consumir vinos y cervezas locales (y con cerveza local no me refiero a Corona). Les recomiendo ampliamente ir a una pulquería tradicional a probar un poco de pulque. Me vas a odiar o me vas a agradecer de por vida la recomendación (el pulque no es para todos los gustos), pero la pulquería es una experiencia que no se debe pasar por alto.

 

Y ni siquiera tienes que tomar.

Si no tomas alcohol, prueba alguna de nuestras ubicuas aguas frescas (jamaica, horchata, tamarindo y limón con chía). No las pidas como “aguas del chavo” porque nadie te va a entender. También puedes buscar algún lugar donde vendan algunas de nuestras bebidas tradicionales menos conocidas: atole, tepache, pozol, tejuino o tascalate. Algunas de estas bebidas no son originarias de la Ciudad de México, pero seguramente podrás encontrarlas y definitivamente tienes que probarlas.

 

¿Hambre? Nosotros pensamos en todo.

La cantina puede ser tu próximo lugar favorito si tienes fama de tener buen diente. Las “botanas gratis” han sido la perdición de muchas generaciones que caen en la seducción de la cantina. Que no te engañe la palabra, estas botanas van más allá del típico plato con cacahuates y papitas. ¿Qué te parece un buen caldo de camarón para acompañar tu primera bebida? Es como en tus fantasías más desquiciadas: mientras más tomes, más opciones tendrás para saciar tu hambre. Las cantinas son establecimientos tradicionales de la Ciudad de México y muchas de ellas están rodeadas de historia. Aún si no quieres ser partícipe de la bacanal, vale la pena darse una vuelta por algunos de estos establecimientos que pueden tener mucho de museo.

 

Planea un regreso seguro a casa.

Aunque la ciudad nunca duerme, la mayoría de sus transportistas sí lo hacen y encontrar transporte seguro a la mitad de la noche puede ser tarea difícil. La mejor opción para evitar problemas es tener a la mano el número de una compañìa de taxis. Parar un taxi en la calle no es lo más recomendable, en especial si es tarde y estás por tu cuenta (más vale ser un poco paranoico). Algunos lugares en la ciudad pueden ser perfectos para una caminata nocturna, y es una buena opción, siempre que conozcas perfectamente el camino que tienes que seguir. Perderse en el D.F. no es nada difícil y hay muchos lugares de la ciudad en los que no quieres estar a las tres de la madrugada.

 

Y no te preocupes, tenemos un menú especial para esa resaca.

Somos expertos en remedios contra la cruda. Por generaciones hemos refinado este arte y hemos logrado identificar un conjunto de alimentos milagrosos que eliminan todo rastro de una sobredosis alcohólica. Existe una regla muy simple: mientras más pique, ¡mejor! Es por esto que los caldos picantes (pancita, birria, consomé) y otros alimentos que llevan el chile en el nombre (¡los chilaquiles deben haber sido inventados con este propósito específico!) son requisitos obligados para las mañanas post reventón.

Si la valentía no te ha abandonado, puedes acompañar tus alimentos con una buena michelada. Las mejores micheladas para atender la cruda son las más barrocas: mucha sal, mucho limón, muchas salsas, tal vez un poco de jugo de almeja con tomate, salsa de soya y bastante de todo aquello que consideramos que combina bien con una cerveza mañanera (aunque la rodajita de limón como adorno nunca será lo nuestro). Probablemente este sea un buen momento de tomar esa postergada excursión a la cantina… ¿no crees?