1.

Sabes que un almuerzo en una casa puede durar toda una tarde… porque fácilmente, entre conversa y alguna copucha, la sobremesa se transforma en once y hasta en comida.

2.

Para ti, no existe la comida sin pan. La marraqueta/pan batido/pan francés forman parte de tu pirámide alimenticia. Si no hay pan, uno va especialmente al súper o al almacén a comprar una marraqueta o hallulla.

3.

A pesar de su simpleza, de solo pensar en comerte una marraqueta recién horneada se te hace agua la boca.

4.

Y si le agregamos un poco de pebre mejor… El cilantro, el ají, la cebolla y el ajo en el pan hacen una fiesta en tu boca.

5.

Sabes el valor real que tienen las papas y el choclo: sin ellos, no existiría
la carbonada, el estofado, el charquicán, la gloriosa cazuela, el pastel de papas o choclo, las humitas, ¡ni los porotos granados!

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6.

A pesar de toda la comida rápida que hay en Chile, te siguen gustando los guisos y las sopas.

7.

Te resulta difícil elegir entre una colación y un completo en una picada.

8.

Optas por una cazuela cuando estás “delicado” del estómago.

9.

Incluso si ahora eres vegetariano o vegano, sabes apreciar la buena carne.

10.

Y no puedes entender el concepto de “asado” gringo, que solo consiste en vienesas y hamburguesas a la parrilla. Para ti, un asado incluye múltiples cortes de carnes de vaca, cordero, oveja, chivo, chancho y pollo.

11.

Aprendiste a tomar vino desde temprano, viendo a tus papás/abuelitos/tíos acompañar las comidas con una copita de vino.

12.

Sabes que no importa si el vinacho es “cartonier”: ¡en Chile todos los vinos son buenos!

13.

Además, no solo una copita de vino en cada comida te hace más feliz… ¡echarle vino a cualquier cosa que cocines te parece normal! Es antioxidante y no hay mejor cosa para aliñar la carne, saltear unos champiñones, hacer una carne al horno, y hacer turrón.

14.

Tú sabes que no hay muchas cosas más ricas en la vida que un congrio o una reineta frita. ¿O un ceviche y unas machas a la parmesana? Si hasta han inspirado a nuestros poetas

15.

Y no te importa si las carnes o mariscos fueron cocinados en la tierra…

16.

Mientras sepas que puedes compartir el gran festín de Curanto (con choritos, machas, picorocos, chancho, pollo y longaniza) con tus amigos.

17.

Al viajar en la carretera, le compras de todo a las vendedoras de chilenitos para ir comiendo en el camino… aunque te llenes de migas de merengue y quedes con las manos pegoteadas con el manjar.

18.

Una vez que ves (y hueles) el carrito de sopaipilla, no puedes negársela a tu estómago. Redondas, doradas, y contundentes, éstos panes de zapallo fritos son un ícono de la cocina chilena y el mejor snack -especialmente en invierno-.

19.

Para ti, un sándwich que no se desborda no es sándwich. Los chilenos queremos que nuestros Barros Luco desborden queso derretido en cascadas, que a nuestros Chacareros se les caigan los porotos verdes porque ya no caben y que haya que abrir la boca al doble de su tamaño para poder morder un completo. ¡Más es más!

20.

Y un completo no está completo sin palta. Si alguien pide un completo sin palta, va a ser mirado y recordado como un raro por toda la eternidad.

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21.

Aprendiste a tomar té o agüita de hierbas después de las comidas… porque un tecito o una agüita como que “borra” o “quema” todas las chancherías que uno comió antes, ¿o no?

22.

Y sabes que las empanadas y los asados saben mejor en Septiembre, en honor a nuestra querida patria. ¡Viva Chile!