1. Amas u odias el pan con nata en el desayuno. No hay puntos medios.

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2. Reconoces que la papa es toda una institución. Como diría la buena Rocola Bacalao, “Lunes papas, martes papas, miércoles también papas, jueves y viernes papas. Sábado en cambio papas con encebollado. Domingo otra vez papas”.

 

3. Si vas a comer un limón, mango, obo o grosellas… ¡que sea con salff!

 

4. Has experimentado lo que es tener el azúcar por los cielos después de comer tanta colación. Es más, como quiteño exagerado que eres quizás hayas pensado que estabas al borde de un coma diabético…

 

5. No puedes entender el concepto de almuerzo sin sopa.

 

6. Y haces que todo extranjero que visita Quito pruebe el locro de papa.

 

7. Como quiteño que se respeta, le metes ají a todo. Absolutamente todo.

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8. Si no te identificas con el punto anterior, entonces escuchaste un trillón de veces un “¿En serio no te gusta el ají?”. La pregunta incluía rostros desconcertados y un tono de preocupación casi casi como si estuvieras enfermo.

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9. Si eres hombre, sabes que una vueltita de popularidad por el mercado en busca de hornado significa una buena piropeada. Las señoras de los puestos seguro compiten por ti con frases como: “¡Hasta que vino mi rey!”, “¿Qué le sirvo guapo?”, “Venga mi precioso que aquí le atendemos como se merece”.

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10. Si eres de paladar fino, entiendes que cuando una de las señoras antes mencionadas te dice en tono coquetón “Venga le pelo el huevo” es porque te encontraste con una buena hueca para comer guatita.

 

11. Estás de acuerdo con que el mejor lugar para un canguil no es junto a una cola helada en el cine, sino al lado o encima de un plato de sopa.

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12. En un arranque de valentía te has pegado una “chancrosa”. Una versión de hamburguesa con extra grasa, carne de dudosa procedencia, huevo y una gruesa lámina de papas fritas. ¡Chulla Vida!

 

13. Para ti un jugo de fruta recién hecho queda bien en ayunas, con el café de la mañana, durante el almuerzo, entre comidas o durante cualquier otro momento del día.

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14. Hablando de jugos, has contribuído a crear el imperio del jugo de naranja en la ciudad, el negocio más polémico y rentable de los últimos tiempos.

 

15. Has comido las empanadas “más pequeñas” del mundo, cuyo relleno es el viento.

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16. Sopa de morocho, morocho con leche, empanadas de morocho, el morocho en cualquiera de sus formas para ti sabe a gloria. ¡Ni hablar si combinas morocho con empanadas de viento!

 

17. No comes cuento con eso del Mote Pillo, para ti el mote es belleza absoluta en un buen Rosero.

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18. Has tenido la dicha de quedar papelito con una “sábana de carne”, “un chimborazo de arroz” o la versión costeña del “arroz con gafas”.

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19. Érase una vez un héroe que juntó en un plato todos los componentes anteriormente mencionados y lo bautizó con el nombre de “Churrasco”. Desde entonces tú y todos los quiteños han tenido su “Y vivieron felices para siempre”.

 

20. Piensas que hay algo mágico en reunirte con otros quiteños a comer Tripa Mishqui en el parque de la Vicentina.

 

21. Has empezado una noche fría a punte canelazo (con un extra de puntas) y has terminado con un “¡Qué chupe Quito!”

 

22. No importa que Quito se ubique entre montañas a casi tres mil metros de altura, para un chuchaqui exiges un remedio que proviene del nivel del mar, sea en forma de ceviche o encebollado.

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Crédito imagen de portada: @chivitaruiz