Intercalados con las espesas nubes, uno a uno, se asoman los macizos montañosos que delinean la geografía de la cañada de Nanchititla, “lugar de la fruta del ombligón”, una de las reservas ecológicas más bellas y menos conocidas del centro del país. 63 mil hectáreas tiene la Sierra de Nanchititla, de las cuales 1528 están cercadas para conformar el Parque Estatal del mismo nombre. Se trata de un lugar mágico de la naturaleza en el estado de México: bosques, peñas, desfiladeros, ríos, pozas, valles; un paraíso para los amantes del ecoturismo.

Photo: Juan Carlos Piña

LA CASCADA

El sol sale en una hermosa postal de la sierra, que inspira nuestra jornada con rumbo a la cascada. Esta caminata es un deleite para los asiduos al senderismo, aunque por su duración de 6 horas y 30 kilómetros (ida y vuelta) es para aquellos con buena condición. Menos gozoso, pero también es posible realizar el trayecto en auto por una brecha sinuosa y en no muy buen estado.

Photo: Juan Carlos Piña

Cinco años atrás muchas hectáreas fueron consumidas por un incendio masivo. Hoy en día, algunas zonas todavía muestran vestigios de la devastación, pero la sabiduría de la madre tierra ha repoblado aquellos cementerios de ceniza con cientos de miles de nuevos árboles. Así, entre helechos, pinos y encinos nuevos y viejos, llegamos a las zonas altas.

Photo: Juan Carlos Piña

Bordeando el último peñón nos encontramos frente a un paisaje que nos deja mudos. De tintes amazónicos, inimaginable en el centro del país: una impresionante cascada de 105 metros que salta furiosa entre inmensos acantilados, techados de nubes, para verter sus aguas en la vastedad del valle de Bejucos.

Photo: Juan Carlos Piña

Es uno de esos lugares tan majestuosos que resultan difíciles de describir. Después de semejante impresión, nos dirigimos al mirador y, desde aquí, nuevamente no podemos parar de admirar esta imagen de ensueño.

Photo: Juan Carlos Piña