Crédito: davidhdz

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a la autora del mismo y no representan necesariamente la opinión de Matador Network.

 

Soy una persona que vive en carne propia la situación de Venezuela, a la que caracterizo como una crisis total: económica, política, social, alimentaria y de salud. No pretendo ser una experta en política o economía, y todo lo que narro aquí son cosas que he experimentado por mi misma. Lamentablemente, los medios de comunicación venezolanos no cubren muchos de los temas que menciono en este texto. Tampoco existen estadísticas confiables para ofrecerles y respaldar mis dichos: el derecho a estar informados es uno de los derechos a los que aquí ya no tenemos acceso.

Vivo en Caracas, tengo un hijo de 2 años y estoy haciendo todo lo posible por que mi familia migre a otro país. Aunque amo a Venezuela, y hablo de sus bondades a menudo, ya no puedo asegurarle a mi hijo un bienestar mínimo de vida: alimentos, medicinas, una vida sin miedo constante a la violencia. Escribo en medio de este duro y desafiante proceso que es emigrar.

 

La relación entre el mercado negro de divisas y el hambre

Venezuela vive de la producción de petróleo e importa la mayoría del resto de los productos necesarios para la vida cotidiana. Las empresas privadas Polar son de las pocas que lograron mantenerse en actividad, ya que muchas otras fueron expropiadas y quebradas por el gobierno.

La industria petrolera pertenece al gobierno en su totalidad. Una terrible combinación entre corrupción, falta de mantenimiento y baja en el precio internacional del petróleo acabaron dejando a Venezuela sin divisas para importar productos… ni siquiera para cubrir las necesidades básicas de la población. Esto genera hambre y falta de medicinas por un lado, y un mercado negro de divisas e hiperinflación por el otro.

La existencia de un dólar oficial y de un mercado paralelo o “negro” está negada por el gobierno, así como la inflación. Legalmente, una persona solo puede vender dólares a entidades bancarias gubernamentales al precio del dólar oficial, pero nunca comprarlos. Cualquier otra operación de divisas es ilegal. Esto significa que los venezolanos no podemos refugiarnos en el dólar para proteger nuestros salarios y evitar que sigan perdiendo poder de compra frente a la inflación, entre otras cosas. Pondré un ejemplo, solamente, aunque lo mismo sucede con productos de primera necesidad. Hace 3 años, con un sueldo mensual de 4000 Bs podías comprar un aire acondicionado. Ahorita, con un sueldo mensual de 90000 Bs, necesitas ahorrar 7 sueldos completos para comprar un aire acondicionado, que está por encima de los 600000 Bs.

La distancia entre el precio del dólar oficial y el paralelo se traslada a los precios de la comida pero no a los salarios. Es decir, el precio de la comida aumenta mucho más que los salarios, con lo cual cada vez somos más las familias que no podemos ni siquiera comprar los productos de una cesta básica completa. La Fundación Bengoa estima que entre 25 y 30 por ciento de los niños venezolanos sufren desnutrición. El gobierno, por su parte, no publica cifras oficiales de nutrición desde 2007. Además, un tercio de los niños en escuela primaria se ausentan por lo menos una vez a la semana de la escuela para ayudar a sus familias a buscar alimentos.

 

La necesidad convertida en negocio: el mercado negro de insumos básicos

Ante las dificultades alimentarias de miles de venezolanos y venezolanas, el gobierno ofrece los “CLAP”, Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Las familias reciben de los CLAPs una bolsa con 5 productos de la cesta básica al mes… con suerte, y si “apoyas al proceso” (ver punto sobre clientelismo). La frecuencia de la misma no está asegurada.

La corrupción y el mal manejo de los productos en los CLAPs generan un mercado informal de alimentos que se conoce como “bachaqueo”. Los “bachaqueros” son personas que de uno u otro modo tienen acceso a la poca comida que hay, bien sea porque hacen colas diarias (cosa que no puede hacer alguien que trabaja todos los días), porque son familiares de algún agente de seguridad, o sencillamente porque están “enchufados” con los CLAP.

Estos bachaqueros te venden los insumos con un “cero” de más, es decir, que algo que cuesta 200 Bs te lo venden en 2.000 Bs y algo que cueste 3.000 Bs te lo venden en 30.000. Además, los bachaqueros han desarrollado la modalidad de “detallado”: venden los productos fracciones. Por ejemplo, 2 cucharadas de azúcar cuestan 300 Bs, 1 cucharada de café, 250bs, y así sucesivamente. Es una forma de ganar más dinero, para los bachaqueros, a costa de la salubridad de los alimentos: hace poco encontré un pelo en la leche que compré para mi niño. Y no solo eso, hay bachaqueros que mezclan los productos con materiales no comestibles para aumentar su volumen. Se han conocido casos de café mezclado con “fororo” quemado para rendirlo, café mezclado con tierra, harina de maíz con arena o aserrín (en muchos casos aserrín solamente), cal en vez de leche en polvo, sal en vez de azúcar… ¡Es terrible! ¿Se imaginan los riesgos para la salud?

 

La falta de medicinas

Sin importaciones no hay insumos médicos. Encontrar un antialérgico, un antibiótico o una simple aspirina se ha vuelto un desafío, por lo que padecer enfermedades crónicas como hepatitis o cáncer se vuelve mortal tras la falta de medicamentos. Los médicos admiten esta situación.

Mi hijo nació con un problema en sus pulmones, y es el mismo Dios quien lo ha mantenido con vida. Recuerdo una noche que se despertó con un ataque de asfixia y recorrimos sin éxito todos los centros asistenciales de Caracas. Los únicos que estaban abiertos eran el Hospital General y el seguro social, y ¡ninguno tenía insumos!

Una señora que estaba cerca de la emergencia escuchó nuestro llanto y nos dijo que ella tenía el medicamento. La señora era asmática y le aplicó el remedio al niño para que pudiera respirar. De ser por las instituciones de salud, solo Dios sabe lo que le hubiese pasado a nuestro pequeño.

Día a día vivo con miedo a que una situación similar vuelva a presentarse. Al igual que yo, son miles las madres venezolanas que sufren de angustia al saber que no hay manera de tratar a sus hijos si algo llegase a pasar. Además, si a eso le sumas que no puedes conseguir comida la preocupación se vuelve una película de terror en vivo y directo. Pensar en la desnutrición infantil y la muerte por una simple infección en la garganta o una diarrea es el día a día de toda madre y padre venezolano.

El problema, además, tiene como consecuencia el siguiente punto.

 

La propagación de enfermedades fácilmente prevenibles

La falta de medicamentos y la mala gestión sanitaria tiene como consecuencia la propagación de infecciones que se habían erradicado hace décadas de Venezuela. Enfermedades como la difteria y la malaria han proliferado nuevamente, y al no poder cumplir correctamente los tratamientos se consideran mortales.

A esto se le suman las condiciones insalubres en las que pueden conseguirse algunos alimentos y el poco control de calidad de los mismos, tema del siguiente punto.

 

La inestabilidad económica familiar

Soy profesional universitaria y mi esposo también es profesional (tiene un currículo que cualquiera envidiaría). Sin embargo, vivimos arrimados en un cuarto junto a nuestro bebé ya que nuestros salarios no alcanzan ni para la comida del mes, mucho menos para pagar una residencia. Ya no podemos soñar con tener una casa propia… Solo obtienen casas una pequeña (pequeñísima) minoría y deben aceptar sin condición alguna lo que impone el gobierno. Y hay muchas estafas al momento de obtener una casa propia.

Si a eso le sumamos la falta de agua, la emergencia eléctrica y la dificultad para encontrar insumos de cualquier, en Venezuela parece que ya no se trata de vivir, sino de sobrevivir. Muchos nos planteamos migrar a otros países, pero el gobierno también nos impide eso, como explico en el siguiente punto.

 

El cierre burocrático de las fronteras (y las trampas de la aerolínea de bandera)

Todas las puertas han sido cerradas, no hay divisas y los pasajes aumentan cada mes. Por tierra solo se puede salir vía Brasil: los autobuses se toman desde el oriente del país y llegan hasta Quito. Aunque reabrieron la frontera con Colombia, la salida sigue bastante restringida. Para Colombia, la mayoría cruza de ilegal por unas “trochas” hacia Cúcuta o Maicao. Por mar, las lanchas que salen desde Paraguaná hasta Aruba o Curaçao por el puerto solo llevan mariscos; se prohíbe que lleven más de tres personas abordo.

Por otro lado, las citas para los trámites legales de Legalización y Apostilla por el convenio de la Haya te las dan a más de un año de espera (cuando las consigues) y los “gestores” -que lo hacen todo en un mes- te quitan por cada documento mucho más dinero de lo que ganas en ese mes, así que imagina la cantidad que debes pagar para que una sola persona pueda salir del país. Un gestor te cobra 50000 Bs por cada documento, cuando una persona gana cerca de 60000 Bs mensuales con bono de alimentación incluido. Por esto, muchos se van a freír papas o a trabajar “de lo que sea” mientras reúnen dinero para pagar sus documentos.

A esto se le suma la corrupción de las aerolíneas nacionales, propiedad netamente del gobierno. Nunca hay pasajes y siempre te sale “un problemita” que hace que pagues dinero de más. Este es mi caso, reunimos con mucho sacrificio para el pasaje de mi esposo, para que al momento de comprarlo nos pusieran otra fecha, y cuando hicimos el reclamo nos pidieron 150$ para la corrección como si el error fuera nuestro. ¡Sí! 150 dólares americanos en un país donde esa moneda no se maneja. Además de esa multa por un error que no cometimos, debemos pagar la diferencia del aumento de pasaje y lo peor es que “no se devuelve el dinero”, es decir, que si no pagamos de nuevo se quedarán con los casi 500$ que nos costó el pasaje al momento que lo compramos.

 

El “clientelismo” por parte del gobierno

En Venezuela, si no eres afecto al gobierno no recibes ningún tipo de beneficio, no importa lo bien preparado que estés. Si no le “jalas” (Sí, con J) al gobierno, no tendrás un buen cargo, ni una casa, ni un carro, ni bolsa de los CLAPs, ni nada.

A mi esposo y a mi hermano los obligan a ir a marchas para mantener sus puestos de trabajo. Aquí, decir algo en contra del gobierno se traduce en su despido inmediato.

 

La discriminación por parte del gobierno

El gobierno, además, promueve el resentimiento social hacia ciertos grupos. Esto se dejó ver con una pancarta que decía “fuera hijos de inmigrantes de mierda” en un evento oficial. Lo irónico de esto es que no hay suficientes pruebas de que el actual presidente sea venezolano: ante la acusación de que es colombiano y que está en el poder violando la constitución, el Tribunal Supremo de Justicia dijo que era “Venezolano” sin prueba alguna (como por ejemplo, la partida de nacimiento).

Según quienes están en el gobierno, los “inmigrantes” explotaron a la clase obrera venezolana y se hicieron ricos, por lo actualmente en Venezuela ser blanco o tener un apellido extraño es malo (según el gobierno). Las personas de piel blanca, además, se han vuelto “blanco fácil” en las calles.

 

Los sesgos en la narración de la historia venezolana para los más pequeños

La educación se ha vuelto una herramienta más para la manipulación: se han cambiado los libros de historia e incluso los de matemáticas para hacer ver a los “chavistas” como héroes (cuando realmente han acabado con el país). Un libro de historia que dice que la nana de Simón Bolívar era cubana o que Chávez era la resurrección de Bolívar, o imágenes de Bolívar con rasgos mulatos parecidos a Chávez, esas son las cosas que le enseñan a nuestros pequeños.

Hace poco vi un problema de matemáticas en el libro de uno de mis sobrinos donde comparaban los costosos precios de la “tienda del árabe de la esquina” con los mejores precios que ofrece el gobierno para comprar una nevera. Esto no solo inculca la xenofobia -anteriormente mencionada-. También es una forma más de hacerle creer a los niños que no existe nada mejor que “la revolución bonita”. En los libros no se enseña cómo lidiar con el desabastecimiento de productos en las tiendas rojitas.

 

Los crímenes violentos en las calles y hasta dentro de nuestros hogares… que llevan a una situación general de violencia

Según estadísticas internacionales, nuestro país es el segundo en el mundo con más muertes violentas diarias (solo superado por Irak). Todos los días amanecen decenas de personas muertas (sin exageración alguna) a manos de delincuentes y no hay manera de defendernos, ya que los organismos de seguridad solo resguardan las entidades gubernamentales. ¡Si tú llegas a tocar a un delincuente te sentencias a muerte! La impunidad reina.

Mencionaré el caso de un vecino a quién le entraron a su casa a mitad de la noche. No solo lo despojaron de sus pertenencias (se llevaron su automóvil y hasta la cocina), sino que también lo golpearon. Más tarde, mi vecino logró identificar a uno de los malechores al formular la denuncia. Luego, fueron los familiares del mismo ladrón a incendiarle la casa, mientras que la policía solo observaba sin hacer nada al respecto.

Nuestra única defensa es la propia comunidad. A falta de justicia, muchos son los vecinos que se han unido. Algunos llegan a -literalmente- quemar vivo a cualquier extraño con actitud sospechosa que llegue a sus calles. Hay cientos de videos en YouTube, pero los medios oficiales no dicen nada.

 

La extraña semejanza policía-ladrón

El bachaqueo

Los crímenes cometidos por las fuerzas de seguridad o en complicidad con ellas son varios. Comienzo por decir que los entes de seguridad son los que manejan la mayor parte de la comida (y su mercado negro). Cualquier persona que viva en Venezuela es testigo de eso a diario: son quienes tienen en su mayoría el negocio del “bachaqueo”.

Las bandas penitenciarias

Este fenómeno se generó hace algunos años con los “pranes” o gansters carcelarios, que tienen poder dentro y fuera de las cárcelos. Cada cárcel del país tiene un “pran” que la controla por encima de la autoridad policíaca. Tráfico de armas, drogas y extorsión son sus negocio. Cada persona con un poco de poder adquisitivo en el país seguramente recibió una llamada telefónica de un “pran” para pagar “vacuna”, ya que si no le pagas te matan.

El “matraqueo”

Si un policia o guardia te detiene en la calle para requisarte o revisar tu vehículo, te pedirán dinero o los insumos que lleves para dejarte ir. Tan solo por mencionar un ejemplo, una señora -con quien compartía un bus hace días- llevaba queso para sus hijos:  un guardia nacional se lo quitó, para “colaborar”.

El alquiler de armas de fuego.

Las armas que usan los malechores para atracar muchas veces son “alquiladas” por los policías a cambio de parte del botín.

No hay una institución seria que prepare a quienes se suponen deben defendernos, basta un curso de 3 meses para ser policía y en esta época es un negocio más para los aprovechados. En este punto, creo que nuestro querido alto mando militar se encuentra muy ocupado obteniendo beneficios del gobierno como para revelarse en su contra.

 

Los “colectivos de paz”

Vivo en un barrio en el que un “pran” controla cada movimiento de los vecinos. El gobierno cedió el mando de ciertos barrios a algunos pranes, para que sus matones intervengan y dispersen brutalmente cualquier acción de protesta. Estos grupos se conocen, irónicamente, como “colectivos de paz”. Es otro de los temas que no aparecen en los diarios nacionales.

Hoy en día, algunos de los focos más fuertes de oposición están en grupos de estudiantes de las distintas universidades del país (como los jóvenes de la facultad de farmacia de la Universidad de los Andes). Los jóvenes, que luchan contra las injusticias, son amedrentados por los “colectivos de paz”. Este video muestra la gravedad de los enfrentamientos que se dan en Venezuela. Esto sucede en un contexto político en el que el presidente dijo “defenderemos la revolución como sea”, en el que las elecciones de gobernadores 2016 fueron pospuestas, en el que la asamblea fue cercenada y el referéndum revocatorio anulado.

 

La desigualdad social: el mundo de ensueño solo es de la “casta” gobernante

Según las televisoras del estado y la gran mayoría de canales nacionales, nuestro país es el “más feliz del mundo”, mientras que al mismo tiempo hay una guerra económica fomentada por el imperio (Estados Unidos) para derrocar a la revolución que le ha dado tanto amor al pueblo. Tales narrativas llegan a poner a Chávez por encima de Dios, armando un relato dogmático-religioso sobre los líderes políticos. Si no me crees, mira este mensaje navideño en la página oficial de la Presidencia de Venezuela:

El problema es que aquí, los únicos felices y con paz… son los del gobierno, sus familias y el alto mando militar. Mientras las hijas de Chávez pasan sus vacaciones por Europa, nuestra gente no puede ni salir de casa por la inseguridad. Mientras los gobernadores tienen agua en su casa, acá en mi sector nos llega solamente 2 o 3 veces al mes (no exagero), y ¡se trata de agua empozada y con mal olor! Mientras derrochan nuestras divisas, nuestro pueblo muere de hambre y enfermedades prevenibles.

Como decenas de miles de compatriotas, lucho día a día por sobrevivir, y más que eso: por darle una mejor vida a mi hijo. Escribo este texto para informar a los que no están aquí… para comunicar mi experiencia y mi mirada. Escribo también con la esperanza de que la situación cambie y de que pueda, algún día, contarle a mis nietos lo que sucedió y ellos solo lo vean como un recuerdo penoso y difícil de creer.