América Latina es fascinante. Desde México hasta Argentina, de Perú a Brasil, de Puerto Rico a Venezuela, cada país, ciudad y rincón tiene algo único para contar.

Para mi, la mejor manera de recorrerla es mochileando, con poco dinero en el bolsillo, durmiendo en hostales y compartiendo con todas las personas que nos vamos encontrando en el camino. Aquí les dejo las experiencias y aprendizajes que vivirán al mochilear el continente, para “advertirlos” y sobre todo para incentivarlos a que salgan al encuentro de América Latina.

 

1. Descubrirás las mil y un maneras de dormir en un autobús de larga distancia.

Bueno, en realidad son muchas menos que mil… pero lo cierto es que te acostumbrarás a pasar largas horas en buses, lo que además te ayudará a ahorrarte unos cuantos dólares en el alojamiento de esa noche. Latinoamérica es grande… MUY grande. Por ejemplo, para ir del DF a Cancún, son como 18 horas en autobús; de Lima a Machu Picchu, unas 24 horitas.

 

2. Encontrarás mucha más gente no hispanohablante de la que esperas… y deberás improvisar con lenguaje de señas.

Prepárate para dormir en un cuarto de hostal con 4, 8 o hasta 20 camas, donde además la mayoría habla en idiomas que nunca habías oído. Uno, al viajar por América Latina, al principio espera pasársela hablando español…

Lo cierto es que es probable que encuentres a más alemanes, coreanos e israelitas recorriendo el continente, que a mexicanos, argentinos, peruanos o colombianos. Entonces descubrirás que tu español regionalista y tu vocabulario en inglés limitado a “hello” no te impide comunicarte con esa alemana que conoces en el camino o con ese coreano que te pide una foto.

 

3. Cometerás errores graves al creer que tienes un “estómago de hierro”.

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Estarás tan emocionado por el viaje que querrás probar todas las comidas nuevas que encuentres, así te adviertan que “está muy picante”, o que debes ser cuidadoso con cierta comida callejera. Y es mejor que siempre te asesores sobre si se puede o no tomar el agua del lugar.

 

4. En algún momento, probablemente compartirás un taxi destartalado con pasajeros inesperados…

Como una cabra u oveja, quienes se sentarán a tu lado para llegar al Lago Titicaca en Bolivia.

 

5. Te quedarás “embobado” con los paisajes más impresionantes que hayas visto en tu vida, y algunos estarán muy alejados de la “civilización”.

Si recorres cualquier país de Latinoamérica en autobús o haciendo autostop, te aseguro que no te vas a aburrir. Desiertos, costas con playas y acantilados, montañas, selva, abismos. No podrás dejar de mirar…

 

6. Te irás acostumbrando al minimalismo… pero iniciarás tu viaje con 2836437 cosas que obviamente no caben en una sola mochila.

Poco a poco irás entendiendo que para viajar no se necesitan muchas cosas. Si eres sabio, te desprenderás de lo innecesario. ¡Pero qué difícil es no comprar artesanías y manjares locales!

 

7. Reconocerás, finalmente, que sólo hay tres o cuatro cosas que no te pueden faltar.

Mis tres son papel higiénico, linterna y traje de baño. Además del pasaporte, claro. Es mi versión de estar “preparado para la guerra”.

 

8. Te volverás un experto en comidas buenas y baratas que se consiguen en los mercaditos de cada ciudad o pueblo (no solo a los dulces caseros).

¿Almuerzos desde 1 dólar? ¡Venga! Para el final de tu viaje, algunos de tus mejores recuerdos serán en estos sitios.

 

9. Y en ciudades más costosas, la pasta será tu mejor amiga.

Así no hayas freído un huevo en tu vida, deberás cocinarte en megalópolis como Buenos Aires o Río. Agradecerás también que haya muchos videos de comidas rápidas y fáciles de hacer en YouTube.

 

10. Aprenderás a mantener tu higiene sin importar el baño que te toque enfrentar.

Irás desarrollando habilidades y mucha elasticidad para evitar el contacto con sanitarios de dudosa limpieza, especialmente esos medio oscuros que se encuentran por las carreteras de América Latina.

 

11. Ganarás valiosos conocimientos financieros.

Con el tiempo, te convertirás en un experto regateador para el cambio de monedas. Sabrás, además, que lo primero que debes hacer al cruzar una frontera es preguntar a más de uno cuál es el mejor sitio para cambiar tu dinero.

 

12. Aprenderás, a veces “a la mala”, que el español no es un solo idioma.

Palabras que en tu país son “normales” pueden ser muy mal tomadas en otras regiones que visites en tu viaje. ¿Un ejemplo? Para pedir que te sostengan el equipaje un momento, ni se te ocurra hacerlo refiriéndote a alguna maleta como “bulto” ante una argentina o “las bolsas” frente a un dominicano.

 

13. Caminarás. MUCHO.

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Bien sea que vayas a Machu Picchu, a Chichén Itzá, a las Cataratas del Iguazú o a Roraima, vas a tener que caminar (sobre todo si quieres ahorrarte las altas sumas de los tours turísticos). Pero tranquilo, los paisajes y naturaleza que verás harán que valga la pena y tus piernas agradecerán el ejercicio una vez que se acostumbren.

 

14. Irás descubriendo las muchas maneras de ser amable.

Yo estoy convencido de que la mayoría de la gente en América Latina es buena. Esto no quiere decir que viajo sin tomar precauciones. Lo que digo es que en cada ciudad me encontré con personas increíbles, con desconocidos dispuestos a echar una mano o simplemente a sentarse a compartir un café y escuchar historias del viaje. Y estoy seguro de que tú también disfrutarás de descubrir las diferencias en el sentido del humor, en las sutiles fórmulas de amabilidad, en la forma de compartir y de pasar un buen rato.