1. La spirulina

La spirulina, tecuitlatl en náhuatl, es un superalimento cuyas proteínas son mucho más digeribles que las de la carne vacuna y que, además, contiene una sorprendente variedad de vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales, proteínas, ácidos nucleicos, clorofila, y una amplia gama de fitoquímicos. Por ello, ha sido elegida por la NASA para enriquecer la dieta de los astronautas en misiones espaciales.

El primer registro de la historia que se tiene acerca del consumo de espirulina como alimento para humanos proviene de Bernal Díaz del Castillo, uno de los acompañantes de las tropas de Hernán Cortés, quien reportó en 1521 que la espirulina era cosechada de las aguas del Lago de Texcoco, a la que secaban y vendían en el mercado de Tenochtitlán. Aunque también hay pruebas de su consumo entre los mayas y se cree que su uso proviene de tiempos prehistóricos. Actualmente, la puedes incorporar a tu dieta agregándola a un rico licuado verde.

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2. El amaranto

El amaranto era, junto con el maíz, el frijol y la chía, el principal alimento de los pobladores de la América precolombina. Las semillas de amaranto más antiguas se han encontrado en Veracruz y datan de 4.000 años A.C. No se sabe bien por qué los españoles quisieron erradicarla, aunque se cree que fue para debilitar a la población, ya que el amaranto era un potente “alimento de guerreros”, y también porque esta planta se usaba con fines ceremoniales y una de las principales metas de los invasores era la de erradicar las religiones de los pueblos originarios.
Si bien a partir de la década de los 70 el cultivo y el uso culinario del amaranto han aumentado, aún es un recurso subutilizado. Es riquísimo en minerales, bajo en grasas y muy alto en proteínas. Además, ¡¡las flores son bellísimas!

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3. El cacao

Las semillas más antiguas de cacao fueron encontradas en Chiapas y datan del año 200 AC. Fue presentado al rey de España por Hernán Cortés, quien la describió asegurando que bastaba con una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha. Es rico en hierro, está lleno de antioxidantes y de minerales y, según la sabiduría popular, si lo consumes todos los días, tienes la juventud eterna asegurada. ¿Hace falta que te detalle más beneficios de nuestro querido Xocoatl?

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4. El aguacate

Hace 10 mil años esta fruta ya se comía en lo que es hoy nuestro país. México es el principal productor y consumidor de aguacate y creo que nuestros sentimientos por ese fruto se resumen en la imagen que sigue, ¿no crees?

 

5. La chía

Los españoles lo documentaron como uno de los alimentos base para los mexicanos. Los aztecas usaban las semillas de chía como ingredientes de varias comidas, así como también como parte de preparaciones medicinales y para hacer barnices y pinturas. Era fuente de energía para travesías prolongadas y alimento para los guerreros, por eso es conocida como “el alimento de las caminatas”. Una comida típica «tzoalli» la preparaban con semillas de amaranto y chía tostadas, miel de maguey y harina de maíz. Además, sus propiedades antioxidantes hacían que se pudiera transportar fácilmente, por lo que se la utilizaba como moneda para las transacciones.

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6. El chile

Por los restos encontrados en Teotihuacán, Tula y Monte Albán se sabe que el consumo del chile data de, por lo menos, 7.500 años . Los aztecas lo empleaban para cocinar, pero también con fines bélicos -el humo de chiles arrojados al fuego se empleaba en la guerra como hoy se usan los gases-, medicinales -el chile es un poderoso antiséptico y antiinflamatorio-, comerciales y hasta pedagógicos, puesto cuando los niños no respetaban la disciplina, se los castigaba haciéndoles inhalar el humo de los chiles. Su uso culinario era tanto para comidas como para bebidas, destacándose el chocolate con chile.

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7. El nopal

Para los aztecas, el nopal era sagrado: sus raíces conectaban con el inframundo y las tunas (los corazones sagrados) con el Cielo. El nopalito se comía cocido, asado y crudo; combinado con carne de venado, guajolote o huachinango; o mezclado con hueva de Axayácatl, con hormigas Azcamolli o con sus flores en ensaladas. El mucílago se usaba con fines medicinales, y para hacer remedios y lociones para la piel. Son muy ricos en hidratos de carbono y proteína, tienen mucha fibra soluble e insoluble ¡y muy pocas calorías!

 

8. La calabaza

Los descubrimientos realizados en Nuevo León, Zacatecas y Puebla nos dicen que esta verdura tiene, por lo menos, 6 mil años de antigüedad. Es la especie vegetal más representada en el arte de Mesoamérica, y se han encontrado semillas en ofrendas funerarios y lugares destinados a rituales. En México, además del fruto, utilizamos los tallos y las flores. Es buena fuente de fibra, de calcio, de magnesio, de potasio, de hierro y de ácidos grasos esenciales como el omega 3.

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9. El frijol

Se cultiva en México y Guatemala desde hace más de 7 mil años, y es uno de los pilares de nuestra alimentación. En México hay 70 variedades de frijoles, pero claro que el negro es el rey. Tiene alto contenido de calcio y es rico en fibra, vitamina B, hierro, potasio y fósforo.

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10. El jitomate

Si bien es originario del Perú, el jitomate fue domesticado en México. Y, aunque al comienzo su sabor ácido y su color rojo causaron desconfianza entre los europeos, este fruto no necesitó mucho tiempo para convertirse en la estrella de muchos platos de la cocina europea. ¿Se imaginan las pastas sin salsa de tomate, por ejemplo?

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11. El maíz

Bueno, ¿qué te puedo decir que ya no sepas del elote, de nuestro Rey de Reyes de la cocina no solo mexicana sino latinoamericana? Es un alimento maravilloso, cuyo uso prehispánico no se limitaba a la comida, sino que siempre ha tenido implicaciones religiosas: Los mexicas adoraban a la diosa del maíz, Centéotl, y el Popol Vuh cuenta que el hombre fue creado por los dioses con el maíz.

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