Premoniciones constantes

“No vaya que eso es muy peligroso por allá y le puede pasar algo”
“No lo lleve que se le pierde”
“Ese muchachito va a terminar mal”
“Ese trabajo no le conviene”
Su poder premonitorio no tiene límite. Así son para todo y como siempre tienen la razón, su frase favorita es “¡Se lo dije!”.

Clarividencia o capacidad de encontrar un objeto sólo pensándolo.

Y una vez encontrado, las madres usan su telepatía y una particular señal con la boca para avisar a los demás dónde está. Sin pronunciar ni media palabra y con una pequeña mueca estirando los labios hacia adelante como quien da un beso, pretenden que los demás miembros de la familia encuentren el objeto buscado -lo cual casi nunca sucede-.

Detección de mentiras

Al mejor estilo de un polígrafo, una mamá colombiana siempre se dará cuenta de la verdad.

Capacidad de sanación acelerada

Una madre colombiana es la mejor versión de un curandero. No importa el “menjurje” que tenga que hacer. Con tal de curar cualquier mal a sus hijos, todo lo vale. Cebolla cruda debajo de la cama, aguapanela con limón, miel con jengibre y limón, hojas de ruda, ollas hirviendo con eucalipto por toda la casa, flor de sauco, emplastes de caléndula, agüitas de toronjil, canela, anís, manzanilla o cualquier otra matica, sábila en todas sus presentaciones. Lo importante es que “¡Eso es bendito!”

Súper poder de levitación…

Causada por orgullo. No hay mamá que no levite de orgullo por los logros de sus hijos. Pero además, las colombianas se lo cuentan a todos. El vecino, el tío, el amigo, la que le hace el manicure y hasta el desconocido en la fila del banco o del supermercado se entera de la vida de sus hijos. Un interlocutor de una madre colombiana sabe que debe escuchar lo maravillosos, inteligentes y buenos que son los hijos de esta mujer.

Creatividad supranatural

Su creatividad se despierta cuando siendo las 7:00 de la noche, se acuerda de la tarea que le dejaron a su hijo para mañana y que por supuesto aún no han hecho. Sea una cartelera, un disfraz o un experimento, su ingenio se pone a prueba. En algún lugar de la casa debe haber cartulina de colores, pero si no hay, ¡tranquilos! No es nada que una mamá colombiana no pueda solucionar forrando o pintando el cartón de la caja donde guarda la porcelana de Navidad. Sin importar el reto, su hijo siempre llegará con una tarea muy creativa.

Poder de la multiplicación

Tiene esa capacidad de crear copias de sí misma para hacer todo lo que hace en un día.
Se levanta, baña a sus hijos, los viste, les lava los dientes, prepara el desayuno, alista la maleta del colegio, baja a dejarlos al bus o los lleva hasta el colegio, hace ejercicio, compra lo que hace falta, se va a trabajar. De regreso, compra la comida y pasa por un almacén ¡divino! Se encuentra con una amiga para tomar café, recoge a los niños, los lleva al parque, hace las tareas con ellos, prepara la comida, los alista para dormir, les lee un cuento y no puede terminar el día sin ver una buena película o su novela o reality favorito.

La multiplicación de los panes

No solamente se multiplican ellas mismas… también la comida lo hace en su casa. En ese momento especial en que su hijo(a) llega a la casa con 15 amigos, la mamá colombiana hace el milagro: “Donde come uno, comen 15”.

Audiokinesis (o capacidad de control sobre el sonido)

“Bájele a esa música que se va a quedar sordo”
“¿En qué tono tengo que hablarle para que me entienda?”
“¡Hágame el favor y le baja al tonito!”
“¡No me levante la voz!”

Poder de curación del dolor con canciones

“Sana que sana, colita de rana. Si no sana hoy, sanará mañana!”
Y mágicamente desaparece el llanto causado por ese golpe inesperado.

La Cantaleta

Cuando de dar cantaleta se trata, las mamás colombianas sacan a flote todo su poder y sus mejores frases.
“¿Y es que usted cree que se manda solo?”.
“Pues usted verá, luego no diga que no se lo advertí”.
“¡Me recoge ese reguero mijitico que nos vamos ya! Mire ese cuarto cómo está”.
“¡Clarooooo! ¡Cómo vive pegado todo el día a ese aparato!”.
“¡Eso le pasa por andar miquiando!”.
“Siga buscando lo que no se le ha perdido”.
“Le entra por un oído y le sale por el otro”.
Y una larga lista a la que la palabra “etcétera” no le hace justicia.

Capacidad de poner las cosas en perspectiva…

“Es que usted no valora todo mi esfuerzo… Cuando yo me muera, ahí sí le voy a hacer falta”.
“¡Todo lo que hago por ustedes y mire cómo me pagan!”.
“¡Es que lo único que usted tiene que hacer es estudiar! ¡Y mire!”.
“Yo qué hice para merecer esto”.

Teletransportación

Cuando un hijo necesita a una madre colombiana, no importa dónde esté ni con quién. Ella puede teletransportarse a la velocidad de la luz para ir a ayudarlo.

Instinto ultra desarrollado

Mamá colombiana que se respete sabe qué está sintiendo su hijo sin siquiera preguntarle. Basta con una mirada, y si está lejos, con una llamada telefónica para saber si están tristes, felices, nostálgicos, o preocupados. Y eso sí, tiene claro quién le conviene a sus hijos:
“Parecen uña y mugre, pero a mí ese muchachito no me gusta para nada”.

Omnisciencia sobre el clima y sucesos meteorológicos

Una mamá colombiana tiene la habilidad de abrigar a sus hijos de acuerdo a su propia temperatura corporal. Si ella siente un poco de frío, el bebé estará cubierto de pies a cabeza con medias, pijama térmica, saco, gorro y una cobijita por si acaso le da frío.
Además, tiene el poder de predecir el clima:
“Lleve sombrilla que con este solazo, seguro llueve más tarde”.
“No salga sin saco, que con este frío se tuerce”.

Fuerza extrema

Las mamás colombianas desarrollan una fuerza sobrenatural. Mientras con un brazo cargan al bebé, con el otro empujan el coche, le dan la mano a su otro hijo, cargan la cartera, la pañalera, el triciclo y las bolsas del mercado. Y como si fuera poco, con un solo brazo desbaratan mágicamente el coche en un abrir y cerrar de ojos.

Metamorfosis combinada con grito sónico.

Tienen una gran habilidad para transformarse de un ser muy dulce en una suerte de ogro con un altoparlante en su garganta. Pasan de “tan hermoso mi bebé” a “¡Cuidado! Le dije que no se subiera ahí, pero como no me hace caso” en un minuto. Su poder de gritar de manera incontenida es el elemento más importante de esta transformación sobrenatural.

Visión nocturna ultra desarrollada

No importa si es que su hijo está con la novia en la casa con la luz apagada o si su hijo llora en medio de la noche, su visión de murciélago le permite ver todo lo que necesita en medio de la oscuridad.

Memoria casi sin límites…

Para los momentos que considera cruciales en la vida de los hijos. Una mamá colombiana siempre se acordará de todos los detalles. El día en que se le cayó el primer diente, el lugar exacto del cuerpo donde tuvo su primer moretón, la hora, el minuto y el segundo exactos en que el médico le mostró al bebé por primera vez y su mirada cuando lo vio. También se acordará de todo lo que lloró (ella, no el niño) cuando lo dejó por primera vez en el jardín infantil, y hasta del color de los zapatos que llevaba puestos ese día. Esta acumulación fotográfica de recuerdos nunca termina, y aún cuando sus hijos hayan crecido, se regocija en repetir una y otra vez estos momentos.

Inmortalidad

Las madres colombianas nos hacen sentir que nos acompañan hasta la eternidad. Nuestra mamá siempre permanece en nuestro corazón, en las lecciones de vida que nos dio, en la maravillosa cantaleta que hoy nos hace quienes somos y en el amor puro e incondicional que nos ha dado cada día que estuvo a nuestro lado.

Crédito imagen de portada: Tabi