Seguramente has escuchado sobre el infortunio de pasar debajo de una escalera o cruzarse en el camino a un gato negro, pero ¿conoces las supersticiones mexicanas sobre la mala suerte? A continuación te cuento algunas creencias muy recurrentes.

Si te barren los pies te casarás con un hombre viejo o viudo.

Esta creencia parte de la estrecha relación que guardaban las brujas y las escobas en Europa durante el siglo XVI, pues se creía que las cerdas con las que estaban hechas sus escobas tenían propiedades sexuales.

Con el tiempo las escobas comunes adquirieron un valor esotérico y sexual para la sociedad, en el que el palo de la escoba hace alusión a la sexualidad masculina y la parte inferior, es decir las cerdas, hacen alusión a la sexualidad femenina. Así que sólo fue cuestión de tiempo para que se inventaran historias alrededor de este simple objeto.

Actualmente en México es una superstición que aún sigue muy arraigada en los pueblos y comunidades, pues claro, cuando llegaron los españoles no solo trajeron su religión, sino también sus miedos.

Si tiras sal dentro de la casa las cosas se pueden tornar difíciles, se salan…

Esta superstición nació en Europa a raíz de la escasez de la sal, donde era muy difícil conseguirla, así que el hecho de derramarla ya era un acto de infortunio en sí. Posteriormente, con la llegada del cristianismo, esta superstición cobró más fuerza, pues se dice que Judas Iscariote derramó un poco de sal durante la última cena, escena que se puede notar en el cuadro de Leonardo Da Vinci, titulado “La última cena”.

Esta superstición ha trascendido a los pueblos de México y se repite incluso en las grandes ciudades.

Si una mujer embarazada sale durante un eclipse es probable que el bebé nazca con labio leporino. Para mayor protección la madre debe atarse un hilo rojo al vientre.

Para el pueblo maya los eclipses solares representaban un mordisco en la cara del sol. Por ello, si a la madre se le ocurría salir durante un evento de este tipo, se decía que el recién nacido nacería con un problema en los labios.

En una de los fragmentos del libro maya del Chilam Balam se habla precisamente de un eclipse como una mordida:

“Y fue mordido el rostro del Sol. Y se oscureció y se apagó su rostro. Y entonces se espantaron arriba. “¡Se ha quemado!, ¡ha muerto nuestro dios!”, decían sus sacerdotes. Y empezaban a pensar en hacer una pintura de la figura del Sol, cuando tembló la tierra y vieron la Luna…”.

Te sorprenderá saber que en México aún muchas mamás prefieren prevenir que lamentar, evitando salir durante eclipses solares o lunares.

Si a un bebé se le pone frente a un espejo corre el riesgo de quedar mudo o tener problemas para hablar cuando sea mayor.

Esta creencia nace también de la religión católica en la que los espejos sirven de portal a los espíritus malignos para poder entrar a nuestro mundo. Por ello, al creer que los bebés tienen una voluntad más débil, así como una inconciencia total de su existencia, la gente llegó a crear esta superstición en la que los niños perdían el alma al mirarse al espejo.

Si hoy en día le preguntas a alguna madre mexicana por este hecho, seguramente te responderá que no sabe nada al respecto pero preferirá que su bebé no se mire en un espejo.

Al dar a luz, la mujer debe atarse a la cabeza un pañuelo rojo, para evitar que le dé “aire”, un mal que se conoce muy bien entre las abuelas y mamás mexicanas.

También esta es una superstición que viene desde la época prehispánica, en la que el pañuelo rojo pretende alejar las malas energías de las mujeres que recién acaban de dar a luz. A este padecimiento se le llama “aire”, el cual se encuentra registrado en la biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana.

Para proteger a los bebés igualmente del “aire” o del “mal de ojo”, que es otro de los males que se conocen aquí en México, un bebé debe llevar una pulsera roja o un amuleto de “ojo de venado”.

Al igual que el punto anterior y atendiendo a que los bebés son seres débiles para repeler malas energías, una pulsera roja o un ojo de venado, que es más bien una semilla, son lo más recomendable -según la creencia- para la protección del bebé.

Para evitar que las brujas le hagan daño al bebé se debe colocar bajo su almohada unas tijeras, protección que se puede complementar con un balde de agua bajo el marco de la puerta. Pero si realmente el miedo es mucho, tirar sal en el techo de la vivienda implica aún mayor seguridad.

Una más de las supersticiones de la cultura prehispánica, en la que las tlahuelpuchi, que son una especie de bruja para los tlaxcaltecas, hacían daño a los bebés chupando su sangre. La leyenda tenía tanta fama que a la llegada de los españoles no pudo ser erradicada y aún en estos tiempos la protección para los bebés sigue siendo la misma.

Si la mujer embarazada masca chicle (goma de mascar), el bebé nacería con algún padecimiento en los labios.

Antes de la llegada de los españoles ésta ya era una creencia general para los pueblos nahuas, que decían que si una mujer mascaba tzictli el niño nacería con labios punzados, refiriéndose a pequeñas ampollas.

Si la mujer embarazada pasea por las noches el bebé nacerá con demasiada propensión a llorar…

Pero si es el hombre quién sale de noche mientras su mujer está embarazada, entonces el bebé puede nacer con problemas en el corazón.

Los dos puntos anteriores eran recomendaciones de las tlamatquiticitl, que eran las especialistas en los partos en Tenochtitlan, quienes jugaban un papel de ginecólogas, parteras y médicos.

No se te ocurra cortarle al bebé las uñas, a menos que sea con tus dientes, porque si lo hace con un cortauñas pueden tener más adelante, problemas con la vista.

No sabemos el origen de esta superstición, ¿ustedes?

Por ningún motivo señalar con los dedos los arcoiris. De lo contrario te saldrán mezquinos en las manos, que no son otra cosa que verrugas.

Esta es una creencia de los mazatecos, uno de los tantos pueblos nativos México, pues para ellos los arcoiris son una ilusión óptica de los ndat’ananki, que es el nombre que ellos le dan a los duendes. El que señales los arcoiris es una falta de respeto, que puede traerte serios problemas como los mezquinos.

Las mujeres no deben ir al panteón en los días en que están reglando o la sangre femenina puede atraer a los que ya dejaron su existencia.

Esta es una creencia que nace de la cosmovisión de la religión católica, que ve el sangrado de la mujer como algo impuro, y ya que los cementerios son considerado un lugar de reposo puro, la presencia de una mujer reglando sería algo impensable:

“La mujer que padece un derrame, tratándose de su sangre, permanecerá en su impureza por espacio de siete días. Quien la toque será impuro hasta la tarde. Todo aquello en que se acueste durante su impureza quedará impuro, lo mismo que todo aquello sobre lo que se siente. Quien toque su cama lavará sus vestidos y permanecerá impuro hasta la tarde. Quien toque un mueble cualquiera sobre el que ella se haya sentado, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde. Quien toque algo que esté puesto sobre el techo o sobre el mueble donde ella se sienta quedará impuro hasta la tarde. Una vez que sane de su derrame, contará siete días quedando después pura. Al octavo día tomará para sí dos tórtolas o dos pichones y los presentará al sacerdote a la entrada de la Tienda de las Citas. Éste los ofrecerá, uno como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto y hará el rito de absolución por ella ante Yavé, por el derrame que la hacía impura…”.
Levítico 15:19-30

Para evitar el mal de ojo o aire al entrar a un panteón, se deben tapar los oídos con unas pequeñas ramas de la planta de ruda.

Al igual que en líneas anteriores, la biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana dice que un buen remedio para evitar las energías negativas que se acumulan en un cementerio es un poco de ruda en los oídos, entendiendo que las malas energías a las que se refieren son los lamentos, las lágrimas y demás sentimientos tristes que se acumulan en aquellos espacios.

Jamás salgas al aire libre si te encuentras comiendo dentro de tu hogar o se te puede ir la boca de lado.

Esta, más que una superstición, nos habla de un hecho que si tiene sustento científico, pues hace referencia a la parálisis facial por cambio de temperatura que si bien no es algo común que suceda por comer y salir al aire libre, tampoco es algo descabellado.

Si un búho canta por las noches afuera del hogar, es que nos está anunciando la muerte de un ser querido en los próximos días.

Una más de las supersticiones prehispánicas que se menciona en un refrán que reza así:

“Cuando el tecolote canta, el indio muere”.

Esta a su vez proviene de la leyenda maya del Tunkuluchú, quien por una venganza aprendió a reconocer el hedor de la muerte, volviéndose un cercano acompañante del dios del inframundo. Es un mito que podemos apreciar también entre los pueblos nahuas, donde mictlantecuhtli guarda una especial relación con los tecolotes.

Bueno, como puedes ver, estas son creencias bastante peculiares, claro, sin ningún sustento científico. Solo se repiten de generación en generación, pretendiendo explicar algunas situaciones de la vida cotidiana. Estas son las que yo escuché de mi madre y abuela, ¿te sabes alguna otra?