Los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) encontraron más de 650 cráneos cubiertos de cal y miles de fragmentos en un edificio cilíndrico cerca del sitio del Templo Mayor de aproximadamente, uno de los principales de Tenochtitlán, que más tarde se convirtió en la Ciudad de México.

Desde 2015 y hasta el reciente primero de junio del 2017 han arrojado que los cráneos que ahí se encuentran pertenecen a hombres, mujeres y niños de diversas partes de Mesoamérica. Se los encontró unidos con cal, arena y gravilla de tezontle, que es una piedra volcánica y corresponden a la sexta etapa de construcción del templo mayor, es decir, muy poco antes de la llegada de Hernán Cortés con su ejército.

Hasta ahora la especulación general nos indica que puede tratarse de un fragmento del famoso Huey Tzompantli descrito en las crónicas de los invasores. El Tzompantli se trata de un enorme altar compuesto de calaveras, que causó espanto en los españoles.

Con la llegada de los españoles al actual territorio mexicano, se dio un choque de culturas sin precedentes en la historia: se encontraron dos civilizaciones con un alto grado de desarrollo social y cultural, con estructuras de organización muy avanzadas, religiones totalmente diferentes y una cosmovisión distinta.

Indudablemente, juzgar a una u otra desde nuestro actual punto de vista sería poco menos que un pecado, pues inmersos en nuestras creencias podemos llegar a demeritar o sobrevalorar los aportes de cada una.

Si desde la óptica cristiana nos atrevemos a juzgar la religión y vida de las civilizaciones nativas americanas seguramente nos encontraremos absortos ante su visión y llegaremos a verlos como salvajes. Pero, por otra parte si, desde el punto de vista nativo juzgamos a los europeos y su forma de invadir y hacer la guerra por oro, lo más probable es que lleguemos a considerar como una barbarie la invasión que hicieron al continente americano.

A todo esto, surgen interrogantes y posturas extremistas de quienes buscan satanizar a las culturas nativas y, por el otro lado, aquellos que buscan justificar la presencia de estas torres de cráneos idealizando románticamente lo sucedido.

Una de las cuestiones más importantes al momento de hablar de estos posibles asesinatos rituales es el ángulo desde el que uno se atreve a opinar.

Se desconoce el uso que el Tzompantli tenía en su momento y puede ser que tuviera la función de un mero señuelo, un artefacto de guerra psicológica que dejara en claro que los mexica no temían acabar hasta con las mujeres y niños para poder conservar su poder. Sin embargo, esto es algo que el tiempo se encargará de develar.

Si somos justos con la historia podemos encontrar sacrificios humanos alrededor de todo el globo y nos daremos cuenta que las sociedades americanas prehispánicas no fueron más violentas que el resto de los pueblos del mundo:

– El circo romano donde luchaban los gladiadores a muerte es prácticamente un ritual de sacrificio humano dedicado a la diversión de las clases altas.

– Sacrificios humanos vikingos en el templo de Upsala.

– Genocidios cátaros.

– Guerras santas, cruzadas, inquisición, quema de brujas, esclavitud de africanos, antisemitismo, colonialismo, Holocausto.

¿Y los cráneos encontrados en Tenochtitlan?

Raúl Barrera, uno de los arqueólogos que trabaja en el sitio junto a la enorme catedral metropolitana construida sobre el Templo Mayor, apuntó que los cráneos encontrados se habrían puesto en la torre después de haber estado en exhibición pública en la estructura llamada tzompantli.

De aproximadamente seis metros de diámetro, la torre se encontraba en la esquina de la capilla de Huitzilopochtli, señor de la guerra. Su base aún no ha sido desenterrada.

No hay duda de que la torre era una de las estructuras con cráneos mencionadas por Andrés De Tapia, un soldado español que acompañó a Cortés en la conquista de México en 1521 -insistió Barrera-. En su relato de la campaña, De Tapia reveló que había contado decenas de miles de cráneos en lo que se conoció como el Huey Tzompantli.

Crédito: Octavio Alonso Maya [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Por lo pronto el descubrimiento está hecho y las investigaciones comenzaron para conocer cuál es la historia que acompaña a estos cráneos. Nosotros como espectadores no podemos más que esperar el resultado de los arqueólogos. Aquellos más aventurados se darán a la tarea de revisar la historia para brindarnos alguna otra hipótesis que nos cuente lo que hay detrás, porque la historia es como aquel dicho “nada es verdad o es mentira, todo es de acuerdo al cristal con que se mira”.

Crédito imagen de portada: www.templomayor.inah.gob.mx

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