Photo: CassielMx/Shutterstock

Todo lo que tienes que saber sobre la terrorífica isla de las muñecas en Xochimilco

Xochimilco
by Xiu 4 Jan 2018

Escondida entre los canales del lago de Xochimilco, en la Ciudad de México, se encuentra una isla a la que pocos se atreven a ir, pues la forma en que se encuentra adornada la hace parecer salida de una película de terror ¿El elemento más aterrador? Las muñecas siniestras.

El lago de Xochimilco está compuesto por casi 190 kilómetros de canales por los que todos los días navegan decenas de trajineras repletas de turistas y de locales que buscan divertirse un rato mientras pasean entre las chinampas, esas islas artificiales que cientos de años atrás crearon los mexica para mejorar su producción de alimentos.

Y es en una de estas islas donde, hace más de 25 años, Don Julián Santana Barrera comenzó a coleccionar muñecas maltratadas y abandonadas, adornando con ellas toda la isla.

La leyenda cuenta que Don Julián tuvo una vez el infortunio de encontrarse con el cadáver de una niña que aparentemente se ahogó en uno de los canales al enredarse con los lirios de la orilla. Desde entonces, nuestro protagonista era constantemente visitado por el espíritu de la pequeña difunta, quien se quejaba, gritaba y lloraba.

A la mente de Don Julián sólo acudió una solución que consistió en rodear su chinampa con muñecas de todos los tipos y tamaños como una ofrenda para la niña.

A comienzos del año 2001, Don Julián, ya en los últimos años de su vida, se tomó un día para pescar en compañía de su sobrino, a quien le confesó que entre los canales de Xochimilco existía una sirena que pretendía llevárselo desde muchos años atrás. Cuando el sobrino regresó de vigilar el ganado que cuidaba en los alrededores, se encontró con el cadáver de Don Julián a la orilla del agua, quien había fallecido a causa de un infarto.

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Fue desde entonces que la isla se convirtió en la famosa “Isla de las muñecas”. Los visitantes aseguran que ahora son ellas, mutiladas y sucias, quienes cobran vida por las noches y vigilan la isla, ahuyentando a los espíritus y manteniendo como propio el hogar que una vez les regaló Don Julián. 

 

 

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