¿Por qué hacemos las cosas que hacemos durante la época navideña? ¿Desde cuándo? Repasamos algunas de las más populares, basándonos en la información que Pepe Rodríguez ofrece en su libro Mitos y ritos de la Navidad.

1. El árbol de Navidad

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Gestió Integral Mollerussa (@gestio_integral) el

El árbol es desde hace ya tiempo el centro de las decoraciones navideñas: es cuando lo ponemos cuando consideramos que han empezado las navidades. Pero ¿por qué lo hacemos? ¿de dónde viene la tradición? Hay que remontarse unos cuantos siglos y olvidar la Navidad, ir a una época (precristiana y hasta incluso la Edad Media) en la que los árboles en general y el roble en particular eran sagrados. Se creía, especialmente por el norte de Europa, que en ellos vivían espíritus del bosque, que se marchaban en otoño, razón por la que los árboles iban perdiendo sus hojas. Para animar al espíritu a volver, la gente decoraba esos árboles desnudos, para hacerlos más acogedores, como un hogar. La primavera dejaba claro que el truco funcionaba y los espíritus habían vuelto.

La Iglesia adaptó esta tradición pagana cambiando el roble caduco por el abeto perenne, al que convirtió en árbol sagrado —ya lo había sido en mitologías como la griega y la romana—, y lo asoció, por época, a las navidades. El árbol como costumbre navideña empezó por el norte de Europa y llegó a Alemania por el siglo XVII, aunque su expansión fue lenta. A finales del XVIII ya era común en el país y en el XIX llegó, a través de la nobleza y las casas reales, a otros países como Austria, Polonia, el Reino Unido y Francia; además de Estados Unidos y Rusia. A España entró por Cataluña desde Francia sobre todo a principios ya del siglo XX y tuvo bastantes detractores (¡era una moda extranjera!), pero poco a poco se fue convirtiendo en el elemento decorativo omnipresente que es hoy.

2. Belén

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de somosdisfrutones (@somosdisfrutones) el

Es más fácil entender la relación con las fiestas navideñas de una tradición como la del belén o nacimiento; al fin y al cabo, es una representación en miniatura del evento en torno al que gira la época navideña. Pero ¿desde cuándo se hace?

Su origen suele atribuirse a san Francisco de Asís, que en 1223 montó en Greccio (Italia) una fiesta de Navidad con una recreación de la escena de la natividad: puso un pesebre de paja en una cueva con una imagen en piedra del niño Jesús, con buey y asno vivos incluidos. La leyenda dice que el niño cobró vida, por lo que los belenes —muchos ya en miniatura— empezaron a popularizarse en Italia. Primero por las clases altas, que competían montando belenes de lo más detallados y grandes, y luego entre el resto de la gente. A España la tradición llegó en el siglo XVIII: la trajo Carlos III desde Nápoles. El éxito fue rápido, lo que atrajo también a artesanos italianos especializados en figuras de nacimiento a España. Después, se popularizó también por Francia, Alemania, Austria y Latinoamérica.

3. Roscón de Reyes

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Miriam (@dulcinea_dulcesypostres) el

El dulce estrella con el que finalizan las fiestas, el roscón, empezó siendo un gran bollo (no necesariamente en forma de rosca) que se comía de postre el día de la Epifanía. ¿Su característica principal? Tenía un haba escondida dentro, que daba suerte a quien le tocaba. Esa persona, de hecho, se convertía en rey de la celebración durante ese día.

Esta tradición se mantiene, aunque hay variantes. En muchos lugares, por ejemplo, además del haba se esconde también una figurilla que suele representar algún personaje del belén (un rey mago, un pastorcillo…) y es quien encuentra esto quien se convierte en rey y puede ponerse la corona que ya incluyen todos los roscones. El del haba, sí, va a tener suerte y ser próspero, pero justo por eso se le encomienda pagar el roscón (o el del año siguiente; afortunadamente, nadie se acuerda).

4. Las doce uvas de Nochevieja

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Fito Foto 📸🎥 (@fito_fotos) el

Lo de celebrar el cambio de año es algo muy reciente, de principios del siglo XX (de hecho, algunas de las primeras grandes fiestas fueron para celebrar la llegada de 1900, especialmente en Francia). En España no cuesta apuntarse a una fiesta, así que enseguida se adaptó también aquí el tema de la cena de Nochevieja y todo el jolgorio posterior. Pero donde en otros países se limitan a una cuenta atrás en el momento de las campanadas, aquí comemos una uva por toque de campana. ¿Por qué?

Aunque es algo reciente, del primer tercio del siglo XX, no está muy claro cómo nació la tradición. Lo más repetido es que se trata de una cosa inventada por los viticultores un año que hubo excedente de uvas; también se dice que fueron viticultores, sí, pero italianos, que lograron una variedad de uva que estaba en su punto en invierno; y después hay quien lo relaciona también con una tradición hebrea según la cual, tras tener invitados en casa, se le regalaba una uva por cada hora que se había disfrutado de su compañía.

5. Papá Noel

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Joulupukin Kammari (@santaclausoffice) el

Un señor con barba blanca, vestido de rojo, con una barriga bonachona y que se ríe mientras sobrevuela el mundo en su trineo tirado por renos mágicos. Lo llames como lo llames, Papá Noel o Santa Claus es una de las figuras más populares —si no la más popular— de las navidades a nivel global. Aunque en algunos países compite con otros seres que traen regalos (los Reyes Magos, duendes y elfos, las estrellas —en Polonia—, la Beffana italiana o la Babushka rusa…), Papá Noel, gracias sobre todo a Hollywood, es quien está presente en más lugares.

El origen de Papá Noel está en san Nicolás, un obispo turco de los siglos III y IV que parece ser que era muy bueno y generoso con los niños. Su fama viajó por Europa y se le atribuyeron todo tipo de obras benefactoras y milagros, algo que no hizo más que aumentar cuando murió. Se le festejaba sobre todo en primavera, pero a partir del siglo XIII se trasladó la fiesta al 6 de diciembre y empezó el tema de los regalos a niños.

Le salió competencia en el siglo XVI, tras la contrarreforma católica, cuando Christkindl, el niño Jesús, empezó a repartir regalos también, la noche del 24 al 25 (san Nicolás lo hacía del 5 al 6), con lo que san Nicolás movió su noche de trabajo. Surgieron muchísimos personajes basados en esta tradición, pero la que más se parece a la actual es la de los Países Bajos, donde san Nicolás, Sinterklaas, (tras llegar en barco desde España) dejaba regalos tras escuchar por las chimeneas cómo se habían portado los niños. Y fueron los holandeses los que la llevaron a Norteamérica en el siglo XVII.

Ya en Nueva York, Santa Claus pasó por las manos de escritores como Washington Irving (que le quitó el traje de obispo y cambió el caballo por un corcel volador) y Clement C. Moore (a quien se le atribuye un poema para niños en el que introduce los renos y lleva de golpe a Santa a Escandinavia; también lo convirtió en gnomo, algo que se mantuvo unos años).

¿Fue el color rojo cosa de Coca-Cola? No; en el siglo XIX ya aparecieron caricacturas y dibujos de Papá Noel vestido de rojo (aparecía de muchos colores, pero este era el que tenía más éxito y por lo tanto el que ganó). Lo que sí hizo Coca-Cola en 1931 fue fijar una imagen: la del señor alto (ya no un gnomo) y gordinflón, siempre risueño, con su barba blanca (esta ya estaba) y con su traje rojo con rivetes blancos.

A Europa llegó este Santa Claus, rebautizado como Papá Noel y otras versiones locales de «Father Christmas», rebotado y enseguida se impuso sobre muchas tradiciones locales.

6. Reyes Magos

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Krystel Morales Herrera (@krysaf) el

Sin entrar en el origen religioso de su figura (al principio eran solo magos, no reyes, y en alguna representación llegaron a ser seis), una vez que nos centramos en tres, les pusimos nombre (en el siglo VI) y decidimos que Baltasar fuese negro (XVI), tardamos todavía un tiempo en hacer que trajesen juguetes: empezaron a hacerlo a mediados del siglo XIX (antes traían regalos, pero cosas útiles, no divertidas), con el claro objetivo de competir contra san Nicolás, que ya repartía regalos a los niños en varios países.

7. Christmas

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Träume aus Papier (@tardis_blau) el

En peligro de extinción como todo lo que llega por correo y que no es un paquete de algo comprado online, los christmas todavía resisten. Y lo sé de primera mano, porque la semana pasada recibí uno (y no sabéis qué ilusión al ser algo tan inesperado). ¿Cuándo se empezó a felicitar la Navidad y el año nuevo a través de tarjetas postales?

El responsable fue un sir inglés al que un año no le dio la vida para enviar felicitaciones personalizadas (es lo que se hacía antes). En 1843, sir Henry Cole tuvo la iluminación y encargó a una imprenta una tarjeta en la que pusiera A merry christmas and a happy new year (tenía también una imagen de una familia entera, niños incluidos, brindando con vino, lo que fue un poco polémico). Se imprimieron 2050 tarjetas que se vendieron como churros, aunque la cosa no se hizo popular hasta la década de los 70 (seguimos en el siglo XIX), por mejoras en las impresiones y una rebaja de las tarifas postales. Curiosamente, al principio los christmas huían de la imaginería religiosa y optaban más por imágenes de flores, hadas, niños o animales.