Esta es la historia de un héroe que se niega a ser devorado por el olvido. Su nombre fue Urakbá, conocido en su patria popularmente como Urracá, “el indomable”.

Urakbá es uno de esos líderes nativos que la historia se ha negado a concederles el título de “héroe nacional”, no hay festejos ni días especiales para él, sólo la sobrevivencia de su hazaña que hoy te contaré.

Hace casi 500 años, cuando aún Panamá no existía como tal y grandes reinos se extendían por sus tierras, hubo un gran líder que por nueve años fue capaz de mantener a los españoles a raya en el territorio de su pueblo.

¿Que de dónde era y cuáles eran sus cualidades?

Los abuelos ngöbe-buglé nos dicen que Urakbá no era del Oriente, o sea, de la provincia de Veraguas o Coclé, sino de un lugar conocido como Rogabitdi.

Urakbá nació con una gran fuerza espiritual, esa que caracteriza a los grandes héroes de la historia. Estaba predestinado a ser un gran guerrero. Tenía un gran conocimiento sobre las plantas y animales y poseía el espíritu del viento, de la lluvia y del trueno.

Por eso cuando se iniciaban los combates entre su pueblo y los españoles, o iban por él, sucedía tal como en las producciones hollywoodenses: se desataban los grandes vientos, el cielo se oscurecía y una gran lluvia azotaba la tierra. La naturaleza se hermanaba, abrigaba a Urracá e impedía, entonces, que los españoles utilizaran la pólvora y sus mosquetes contra su gente.

Meses enteros pasaron en contienda con los españoles, pero Urracá y su pueblo no se doblegaron. El deseo del invasor era someter a Urrakbá, así como a los abuelos Ejqueguá, Bulabá y Musa, que resistieron la invasión.

Se dice que un día Urakbá se dejó apresar y que un cacique traicionero, conocido como Marco Sulio, le preguntó que cómo se le podía matar y cómo era que esquivaba las espadas y las balas. Urakbá respondió que tenían que amarrarle paja de pies a cabeza y prenderle fuego. En efecto, los españoles le prendieron fuego con yesca y Urakbá lo que hizo fue saltar y pegarse de casa en casa, prendiéndolas todas, pues protegido por sus dioses la muerte se alejó de él. Huyó en medio del incendio y continuó en guerra contra los españoles.

Testimonia Bartolomé de Las Casas que Urracá habló de esta manera a su pueblo:

“No es razón que dejemos reposar a estos cristianos, pues allende de tomarnos nuestras tierras, nuestros señoríos, nuestras mujeres e hijos, y nuestro oro y todo cuanto tenemos, y hacernos esclavos, no guardan fe que prometen, ni palabra, ni paz; por eso peleemos contra ellos y trabajemos, si pudiéramos de los matar y de tirar de nosotros tan importable carga, mientras las fuerzas nos ayudaren, porque más nos vale morir en la guerra peleando que vivir vida con tanta fatiga, dolores, amarguras y sobresaltos”.

Dicen los abuelos ngöbes que la última vez que habló Urracá a su gente se despidió con un “nos veremos al concluir la jornada”, y se internó en las montañas para continuar la resistencia. De él jamás nunca se supo, pero las lluvias y los rayos gritan su nombre en cada estruendo, recordándole a su pueblo que la jornada aún no termina.

Hoy, después de muchas lunas y lluvias, desde las extensas y altas montañas que forman la recién creada Comarca Ngöbe-Buglé, Urracá vigila y acompaña a su pueblo más de 500 después de la invasión europea.